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[ ✨️ ] - 01

Disclaimer: Detective Conan y Magic Kaito son propiedad de Gosho Aoyama.

Advertencia: Fanfic de género Yaoi/BL con AU, ooc, drama, romance, malentendidos, magia, sangre, violencia, lenguaje vulgar y estrés (?).

La oscuridad lo cubre todo.

No hay estrellas en el cielo ni ruido en las calles, no hay viento moviendo las hojas de los árboles ni sonidos mundanos en la calle.

Solo sombras qué se alargan y lo persiguen como dedos amenazantes sobre el asfalto. El frío del aire cala hasta sus huesos.

Kaito está cansado, corriendo de un lugar a otro entre calles llenas de oscuridad, buscando algo a lo qué es ajeno pero le llena de preocupación.

Corre por todos lados hasta qué finalmente encuentra lo qué con tanta desesperación buscaba.

Su cuerpo se tensa y se detiene abruptamente al observar la escena que se desarrolla frente a sus ojos.

Un joven chico corre, con el rostro lleno de miedo y respirando entrecortadamente. Sus pasos resuenan en la calle vacía, pero detrás de él, algo oscuro y veloz lo persigue, una presencia invisible para Kaito, pero que él sabe que está ahí, acercándose con intención de hacer daño.

Los gritos ahogados del chico son imposibles de descifrar y Kaito siente un nudo en la garganta que no puede tragar, su pecho se aprieta con un dolor inexplicable. Lágrimas comienzan a deslizarse por sus mejillas.

¿Por qué duele tanto?

¿Por qué su corazón late con tanta fuerza y su cuerpo se estremece?

No entiende nada, solo sabe que su impotencia le quema por dentro.

El joven se distrae, baja la guardia, y es entonces qué aquella sombra aprovecha y salta sobre él.

Kaito quiere gritar, quiere correr hacia él, pero solo puede observar en silencio, con la desesperación ahogándole la voz y el alma.

La tristeza lo invade.

— Por favor… —sus labios temblaron mientras una desesperada súplica se le escapaba—. No mueras.

Un fuerte jadeo resonó en toda la habitación.

Kaito se despertó lleno de dolor y una sofocante presión en su pecho que lo dejaba sin aliento. Aturdido, oyó el frenético latir de su corazón junto a su respiración agitada y dolorosa. Su cuerpo estaba cubierto de sudor frío.

Lentamente, se incorporó en el pequeño sofá, donde había dormido, y dirigió su mirada al reloj de la pared.

[ 02:47 p.m. ]

La luz de la tarde se filtraba levemente en la sala a través de las cortinas. El zumbido del refrigerador y el tic-tac del reloj eran todo lo que podía oír mientras su respiración se estabilizaba.

Con cansancio, Kaito limpió las lágrimas de su rostro y miró a su alrededor.

Hojas con apuntes estaban desparramadas sobre la mesa: algunas arrugadas, otras a medio completar. Cuadernos y folios brillaban bajo la tenue luz que se filtraba desde afuera.

A pesar del calor suave del verano, su departamento se sentía completamente frío y vacío.

— Ugh… otra vezmurmuró, refregándose los ojos con cansancio.

Han pasado tres meses desde que su rutina cambió por completo.

Solía levantarse temprano para desayunar, ir a clases y quedarse en el campus para almorzar con sus amigos, sin embargo, actualmente su horario era un completo desastre con tan solo cuatro clases repartidas en horario infernales.

Y todo era su culpa.

Bueno, casi todo.

Soltando un pesado suspiro, se puso de pie y estiró su adolorido cuerpo. La noche anterior se la pasó haciendo resúmenes y terminó durmiendo en el sofá. No fue cómodo, pero lleva días sin poder dormir bien, así que ya no le importa demasiado.

Aun cuando su horario tiene menos clases, Kaito no ha sido capaz de dormir tranquilamente.

Soñando una y otra vez con lo mismo. Sintiendo ese desgarrador dolor en el pecho y soltando lágrimas llenas de una desconcertante angustia.

Es absurdo.

— Me estoy volviendo loco… —murmuró, caminando hacia el baño.

Hay muchas cosas rondando su cabeza, demasiados problemas que afrontar como para agregar sueños extraños a la lista. En realidad, no quiere darles importancia… pero con lo recurrentes que son, una parte de él ha comenzado a preocuparse.

Ya en el baño, el agua fría cayó sobre su rostro con un impacto punzante, buscando arrancar de su mente esa pesadilla.

Se apoyó contra el lavabo con ambas manos y miró su reflejo en el espejo empañado: ojeras marcadas, labios pálidos, mirada perdida.

— Qué patético… —murmuró, apenas audiblemente, observando cómo una gota resbalaba por su barbilla.

Se secó con desgano y fue a vestirse.

Diez minutos después, ya estaba listo para salir. Se detuvo un momento frente al espejo, acomodó su camisa y arregló un poco su alborotado cabello. No se sentía de la mejor forma, pero no por ello iba a salir luciendo un desastre.

Antes de tomar las llaves, se detuvo y recogió de su mesa un anillo sencillo con una joya azul incrustada. En el reverso tenía sus iniciales.

Su madre se lo regaló después de todo lo sucedido, diciendo que lo guiaría a su destino o algo así.

A Kaito no le importaba demasiado eso. Solo lo usaba porque el diseño era bonito y discreto. Además, le ayudaba a evitar preguntas o momentos incómodos.

Sin más que hacer, salió de su departamento.

La pequeña cafetería Red Witch no quedaba lejos, así que en menos de veinte minutos ya estaba allí.

El aroma a espresso tostado y vainilla le dio la bienvenida antes de que siquiera empujara la puerta.

— Buenas tardes, Kaito. Te ves como la mierda.  — comentó Akako, desde detrás del mostrador, con su impecable delantal rojo y el cabello recogido en una coleta alta—. Te toca el mostrador hoy. Si se rompe algo, me lo pagas con tu alma.

Kaito soltó una risa ante sus palabras.

— Sabés que mi alma está en garantía desde el día qué decidí trabajar aquí. —bromeó, colocándose el delantal negro.

Akako soltó un bufido ante su respuesta.

— Es cierto. Tu alma ya me pertenece —dijo, dándole una palmadita en el hombro antes de desaparecer en la cocina.

Kaito la observó irse y soltó un largo suspiro.

— Otra jornada brillante… —ironizó, mirando su reflejo en el mostrador.

El turno en el café no era largo, pero sí lo suficiente para mantenerlo ocupado. Y francamente, eso era lo que más necesitaba.

Después del incidente en la universidad, había estado buscando desesperadamente algo que lo distrajera.

Por eso aceptó la oferta de Akako.

La cafetería era nueva, pero muy bien ubicada. Akako la había recibido como regalo de graduación y rápidamente se hizo conocida.

Kaito no lleva mucho tiempo trabajando allí, pero ya se ha adaptado al ritmo: tardes tranquilas, algún estudiante arrastrando apuntes, uno que otro oficinista buscando azúcar para sobrevivir al resto del día.

Como amigo de la dueña, sus horarios son flexibles. Y además, tiene acceso ilimitado a postres de chocolate.

¿Qué más podía pedir?

Mandando sus preocupaciones al fondo de su mente, Kaito comenzó su turno con normalidad.

Dos horas después, su momento de tranquilidad fue interrumpido por un rostro familiar.

— Hey, Kaito. —llamó una voz familiar desde la entrada.

Era Hakuba, uno de sus mejores amigos, vestido con camisa blanca, mochila al hombro y una expresión llena de urgencia y vergüenza.

Kaito encaró una ceja, confundido, antes de hablar con franqueza.

— Si no te conociera diría qué estás en problemas. —comentó Kaito, sin dejar de acomodar tazas tras el mostrador.

Hakuba soltó una pequeña risa nerviosa mientras se acercaba al mostrador y jugaba con los dedos de sus manos.

— Bueno, algo así… —murmuró. Kaito lo observo, esperando qué continuara—. Uhmm… ¿Estás libre esta tarde? Necesito un favor.

Kaito soltó un bufido sin humor. Por supuesto que estaba libre. Demasiado libre.

— Depende de qué tan humillante sea. —dijo sin más. Hakuba suspiro.

— No es nada del otro mundo. —musitó rápidamente—. Quiero que me acompañes a llevar café y donas a la universidad K, Aoko está ahí, estudiando con su grupo y…

— No, espera. —Kaito lo interrumpió y entrecerró los ojos, divertido—. ¿Quieres que te acompañe a llevarle snacks a tu novia? —cuestionó intrigado.

— Es más complicado. —murmuró nervioso—. Creo que hay un chico en su grupo que está interesado en ella. Sé que no debería preocuparme, Aoko sabe manejarse, pero…

Kaito lo observó perplejo, conteniendo la risa tanto como pudo.

— Esto es tan patético que hasta da ternura. —dijo Kaito sin pudor. Hakuba bufo ofendido— ¿Piensas marcar territorio con azúcar glaseada?

— Simplemente no quiero armar un drama. Solo mostrar que tiene un novio atento. Es una buena estrategia, ¿no?

— No sé si es buena, pero definitivamente es pasivo-agresiva —intervino Akako desde detrás de la barra, cruzada de brazos. Ambos se saludaron con calma—. ¿Necesitás a Kaito como apoyo moral?

Hakuba asintió.

Kaito suspiró, rendido.

La verdad, no tenía planes hoy. Solo hundirse en su desgracia y quizás cenar fideos instantaneos.

Así que podía ir y acompañar a Hakuba, estaba seguro de que perderse esto sería un pecado.

Miró a Akako, quien le sonrió en señal de aprobación.

— Ve, hay pocos clientes y Hakuba parece desesperado. —dijo con calma—. Pero trae alguna foto o video si pelean, ¿sí? —agregó divertida.

Hakuba resoplo ante sus palabras mientras Kaito solo reía.

El sol de la tarde lo cegó un poco al salir. La luz, cálida y suave, contrastaba con la oscuridad que todavía sentía en el pecho.

Kaito puso el café y las donas en el asiento trasero del auto de Hakuba y se montó en el asiento del copiloto.

—¿Quién en su sano juicio estudia un martes a las seis de la tarde? —refunfuñó.

— Te invitaré a cenar luego de esto. —comentó Hakuba con calma, Kaito simplemente asintió satisfecho.

Quince minutos después, ambos chicos caminaban entre edificios del campus de la universidad K con una bandeja de cartón y una bolsa de papel. El sol de la tarde comenzaba a bajar, dándole al cielo un tinte dorado.

— Estás seguro de dónde es, ¿Verdad? —preguntó Kaito—. Porque no pienso deambular por cada edificio buscando a Aoko. —se quejó.

Hakuba sonrió con orgullo y hablo:

— Segundo piso del ala este. En el aula abierta de estudio. —dijo con seguridad—. No hay pérdida.

Y no la hubo. Aoko estaba exactamente donde Hakuba había dicho, rodeada de carpetas, resaltadores y libros. Sonrió apenas los vio llegar.

— Hakuba, Kaito, qué sorpresa. —dijo con voz cansada. Hakuba corrió a su lado para ofrecerle la bebida en sus manos.

— No iba a dejarte sin tu dosis de azúcar. —Hakuba habló con voz cariñosa.

Kaito rodó los ojos.

— Es bueno verte Aoko. —saludó Kaito, entregando las donas al grupo entero con una reverencia burlona—. El caballero romántico insistió en la entrega personalizada. —dijo con una sonrisa. Hakuba resoplo avergonzado.

— Gracias. —respondió divertida antes de girarse hacia Hakuba y sonreír con cariño—. Muchas gracias, Hakuba. —dijo antes de besar su mejilla.

Entre el grupo presente, Kaito vio como uno de los chicos parecía decepcionado ante la escena.

Hakuba estaba en lo cierto.

Ya no sería un problema.

— Bueno, mi labor aquí está cumplida. Ahora me retiro antes de que se me pegue algo de su motivación. —dijo Kaito con diversión mientras dejaba varios vasos de café en un lado vacío de la mesa.

Todos rieron suavemente y justo cuando se giraba para irse, chocó con alguien.

El golpe fue leve, pero casi pierde el equilibrio. El otro lo sujetó rápidamente.

— ¿Estás bien? —preguntó una voz suave.

— Sí, lo lamento… —dijo Kaito, quien al levantar la mirada, se congeló.

Todo se detuvo.

El aire, los sonidos, el mundo.

No podía ser cierto.

Rápidamente se apartó y retrocedió un paso, pálido.

El corazón le dio un vuelco y de repente todo se volvió más nítido. Más lento.

Su mente era un caos.

— Tengo que irme —murmuró, dando un paso atrás.

— ¿Eh? ¿Kaito? —Hakuba lo miró, confundido.

Pero Kaito ya se había girado, alejándose con pasos rápidos y torpes. El zumbido en sus oídos aumentaba. Sus pensamientos se mezclaban con el eco del sueño de aquella mañana.

El corazón le latía tan fuerte que dolía.

— No… no puede ser… —susurró en cuanto estuvo lo suficientemente lejos.

Ese chico.

Era él.

El del sueño.

El que corría.

Por el que lloraba.

Ha pasado muchísimo desde que escribí algo tan largo jaja

Por lo general solo escribo cositas en ao3 o X ┐('~';)┌

En fin, gracias por leer!

Este primer capítulo fue largo, pero los siguientes no ヽ(゚Д゚)ノ

Que tengan un maravilloso día 💖

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