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[ 🥀 ] - 01: Despedida.

Disclaimer: Detective Conan y Magic Kaito son propiedad de Gosho Aoyama.

Advertencias: Fanfic de genero Yaoi/BL con drama, muertes, romance, AU, ooc, peleas, angustia, viajes en el tiempo, magia y problemas.

Si pudieras volver atras...
¿Esta vez te atreverías a ir tras él?
¿Te arriesgarías a perderlo todo?
¿Le profesarias amor eterno, aun sabiendo, que él no te ama?

✦ • ° *.

«Te dire adios con una sonrisa»

Cuando Kaito alzó su cabeza para enfrentar al francotirador que estaba apuntando hacia su pecho, ya era demasiado tarde.

El gatillo fue jalado y la bala se disparó, atravesando su estómago y perforando su cuerpo. El ardor de la herida junto al lejano grito de Shinichi fue todo lo que pudo sentir antes de caer de rodillas al suelo y escupir una abundante cantidad de sangre.

El metálico sabor a sangre envolvió su paladar haciéndolo sentir enfermo. Sus manos temblaron incapaz de sostenerlo. Cayendo finalmente sobre el frío y duro piso de marmol.

Su respiración se hizo pesada y difícil de manejar. La calidez de su sangre al brotar por la herida y manchar su traje blanco fue extrañamente reconfortante. Le recordó aquella vez, en secundaria, cuando cayó al río usando su uniforme escolar. Con las prendas húmedas y a la vez cálidas pegadas a su piel.

Una sonrisa se formó en sus labios mientras una pequeña risa se le escapaba.

—¿De qué demonios te estás riendo?

La desesperada y frenética voz de Kudo lo hizo volver a sus sentidos.

Shinichi había corrido a su lado, evitando las balas de aquellos hombres de negro y arriesgando su vida. Había venido por él.

Su corazón se estremeció de emoción.

«Qué estúpido.»

—Jaja… —Una amarga risa abandonó los labios de Kaito mientras se dejaba arrastrar por Kudo.

Ninguno fue capaz de hablar. Uno porque no tenía la fuerza suficiente para hacerlo y el otro porque estaba concentrado en evitar los ataques del enemigo.

Shinichi arrastró a Kaito sobre su hombro y lo llevó a un punto ciego, del edificio, para tratar sus heridas.

—Quítate el traje —ordenó.

—Oye, al menos invítame un café primero —bromeó. Kaito llevó sus manos a los botones de su traje e intentó inútilmente desabotonarlos. Las punta de sus dedos temblaban terriblemente.

—¡Mierda! —Shinichi maldijo. Apartó las manos de Kuroba y procedió a desprender los botones el mismo.

Kaito lo observó atentamente, notando el débil temblor en sus dedos, el sudor frío sobre su frente y sus labios apretados. Shinichi estaba desesperado.

«Ah… Esto es el final

La desesperación y terror reflejados en los azules ojos de Kudo se lo hizo saber. Moriría pronto.

La cálida sensación de su sangre extendiéndose por su vientre junto al ardor de sus heridas era como un reloj de arena que no dejaba de correr. Una bala en el estómago, otra en la pierna y un corte en el hombro. Kaito ni siquiera está seguro de cómo hizo para mantenerse en pie hasta ahora.

Era momento de rendirse.

Usando la poca fuerza que le quedaba, Kaito llevó una de sus manos al bolsillo de su chaqueta y sacó una pequeña joya.

Un ópalo negro, de apariencia normal y poco llamativo. La joya definitivamente pasaría desapercibido por cualquiera que no supiera lo que hay en su interior. Una preciosa joya que frente a la luz de la luna se vuelve roja y revela en su interior el poder de darle la inmortalidad a quién se lo pide.

La joya en su mano, Pandora, era casi un patrimonio nacional para algunos y, aun así, a él no le importaba en lo más mínimo.

—Shinichi, destruye esto… —murmuró mientras le extendía al contrario la joya.

¿Inmortalidad? ¿Poder? ¿Qué tenía de interesante eso? A Kaito nunca le importó, él solo quería vengar a su padre, destruyendo a Pandora y riéndose en la cara de aquella organización. Frustrando sus planes y mandandolos a prisión.

Kaito siempre pensó que ese era un buen plan. Sin embargo, ahora creía todo lo contrario. Debió detenerse cuando el FBI se involucró, dejarles el trabajo a ellos y salir del camino. No debió aceptar ayudarlos e ir a esta misión suicida.

Fue imprudente, buscó y buscó sin parar a Pandora, aun cuando aquella organización le pisaba los talones, recibía amenazas y era atacado.

¿Alguna vez pensó en su propio bienestar? Nunca, fue un completo idiota, creyendo que podría enfrentarse a una corrupta organización solo.

Ahora estaba pagando las consecuencias y, lo peor de todo, era que había arrastrado a Shinichi consigo.

—No, Kaito. Guarda esa cosa —Una pequeña risa escapó de los labios de Kaito al oír a Shinichi llamar "cosa" a Pandora.

Oh, sí, Pandora era una maldita cosa. Ni siquiera valía la pena.

—Por favor —rogó con calma. Shinichi se sintió abrumado al oír su voz tan serena. ¿Acaso a este estúpido mago no le importa estar al borde de la muerte? ¿¡Qué demonios!?

—¡He dicho que no! —Shinichi grito. Dándole un manotazo a Kaito y procediendo a presionar la herida en su estomago.

Kuroba soltó un agudo quejido debido al brusco movimiento. Posteriormente sonrió.

—Es inutil —dijo con calma—. Shinichi, estoy muriendo —declaró repentinamente. Los hombros de Kudo temblaron.

—No, no, no… ¡No te dejare hacerlo! —exclamó con frustración. Lágrimas comenzaron a surgir de sus ojos—. Kaito por favor…  Solo aguanta un poco más, ¿si? —rogó con desesperación—. He llamado a Jodie y dijo que los refuerzos llegarán pronto —confesó. Kaito simplemente sonrió.

—Está bien —lo interrumpió—. Estoy bien Shinichi… —susurro mientras extendía una de sus manos y acariciaba la mejilla del contrario. Su mano manchada de sangre dejó una línea rojiza en la piel.

«Estoy tan cansado…»

Pensó vagamente. Cada vez le era más difícil respirar y mantener sus ojos abiertos. La vida se le estaba escapando de las manos y no podía hacer nada.

Pero estaba bien, Kaito siempre estuvo listo para morir desde aquel día de septiembre. Cuando las campanas de la iglesia sonaron y una feliz pareja se paseó en frente suyo.

¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? Tres, cuatro… ¿Cinco años? No estaba seguro, dejó de contarlos después del segundo año por su propio bien.

—Mantén tus ojos abiertos —La desesperada voz de Kudo lo hizo volver a la realidad—. Por favor, no me hagas esto —Shinichi puso más presión sobre la herida de Kaito en espera de disminuir el sangrado. Kaito solo soltó un quejido al sentirlo.

Una sonrisa se formó en sus labios mientras observaba el pálido rostro de Kudo. Quizás era porque estaba muriendo, pero varios recuerdos del pasado llegaron a su mente al cruzar miradas.

Su primer encuentro, sus días en secundaria, los paseos, sus peleas y charlas casuales. Tantos recuerdos compartidos llenos de calidez y nostalgia.

Lentamente, Kaito apartó su mano de la mejilla de Shinichi la llevó hasta sus manos, que aún presionaba su herida, y le dedicó una suave caricia.

La fina punta de sus dedos acarició lentamente la mano contraria, sintiendo la calidez de la sangre y el calor de su cuerpo.

Todo su cuerpo tembló cuando sus dedos sintieron el frío y duro anillo de oro en su dedo anular.

Su corazón dolió.

Oh dios… ¿Por cuánto tiempo amó a este hombre?

Años de su vida se fueron solamente cuidándolo y protegiéndolo de todo mal. Porque lo quería, le gustaba estar a su lado y no se arrepentía. Fue feliz, estando con él en los momentos más importantes y cruciales.

Ahora el hombre en frente suyo ya no era un joven adolescente imprudente, sino un adulto felizmente casado y en espera de una bonita bebé.

Kaito quiso llorar. Porque, aunque no se arrepentía, aun dolía verlo tan feliz con otra persona. Dolía tanto amarlo.

El dolor en todo su cuerpo no podía compararse al que padeció por años en su corazón. En silencio y completamente solo.

—Shinichi… Vete —dijo en un susurro. Sin embargo, Kudo fue capaz de oírlo claramente.

—¿Qué mierda estás diciendo ahora? —gruño con fiereza—. No pienso dejarte aquí, no voy a abandonarte.

Kaito quiso reír, porque las palabras de Shinichi le resultaban tan graciosas e ironicas. Diciendo que no lo abandonaría cuando años atrás ya lo había hecho sin saberlo.

—Vete de aquí —repitió. Podía oír los pasos del enemigo acercarse a donde se encontraban. Era peligroso para Shinichi, debía irse ahora mismo o acabaría como él.

Kaito ya se había rendido, hacía un tiempo que dejó de sentir sus piernas, su sangre tiñó de rojo el piso y su blanco traje. Su cuerpo se sentía pesado y estaba cansado.

«Estoy muriendo.»

Aquellas palabras se hicieron presentes en su mente, causándole escalofríos y tristeza.

Él no quería morir pero… ¿Qué más podía hacer?

Se encontraba en el suelo, herido, escondido en algún sucio rincón de un edificio y respirando con dificultad. Ahogándose en su miseria.

—¡No! —Shinichi gritó colérico. Kaito le sonrió y habló nuevamente.

—Piensa en Ran, ella está esperando por ti en casa… —musitó. Era la verdad, a diferencia de él, que estaba solo, Shinichi tenía una familia a la cual volver. Su propia familia.

—Cállate, deja de hablar —Shinichi ignoró sus palabras, pero Kaito pudo ver la indecisión reflejada en sus ojos.

Kaito sostuvo con fuerza el ópalo que aún seguía en una de sus manos y lentamente se lo extendió a Kudo nuevamente.

—Es lo último que voy a pedirte, así que por favor… —murmuró. Sus labios temblaron y su sonrisa desapareció. Lágrimas brotaron de sus ojos al tiempo que soltaba aquellas palabras que siempre quiso decirle—. Te amo.

Fue un vago pero claro susurro, sus sentimientos se transmitieron correctamente, Kaito pudo saberlo al ver la expresión de Shinichi cambiar drásticamente.

—Yo… —vaciló. Shinichi comenzó a desesperarse, sin saber qué hacer o decir. Kaito quiso reír ante su reacción.

Quiso hablar nuevamente y convencerlo de que se fuera lejos, sin embargo sus palabras fueron detenidas al ver como una pequeña luz roja vagaba por el pecho de Kudo.

Kaito trató de advertirle, pero fue demasiado tarde.

El eco del disparo, la sangre volando y el cuerpo de Shinichi cayendo a su lado, todo pasó en cámara lenta frente a sus ojos.

—¡NO! —gritó con desesperación. Observando el cuerpo de Shinichi a su lado, la sangre que emergía del disparo en su hombro y su rostro lleno de dolor.

Kaito quiso acercarse, cubrirlo con su cuerpo y protegerlo. Pero fue imposible, ya no tenía fuerzas para hacerlo.

Shinichi le gritó algo indescifrable mientras tomaba en su mano la pistola que minutos antes había dejado en el suelo para auxiliarlo.

Kaito simplemente lo ignoró y, usando la poca fuerza que le quedaba, extendió su mano, que aún tenía el ópalo, hasta el cuerpo de Kudo y lo presionó en su contra.

«Por favor…»

Rogó, aun si antes no le importaba para nada aquella joya, ahora era su última esperanza.

El eco de los disparos se oyó a su alrededor al tiempo que veía como un segundo disparo era acertado en el brazo de Kudo.

«Por favor, sálvalo.»

Su vista se volvió poco a poco oscura mientras que a su alrededor se podían oír sirenas de ambulancia.

Kaito observó el pálido y desesperado rostro de Shinichi gritándole algo antes de finalmente cerrar sus ojos y dejar atrás su vida.

Su pulso se detuvo y su cuerpo se volvió frío.

Finalmente muerto, Kaito fue incapaz de ver como aquel ópalo, bañado en su sangre, comenzaba a brillar intensamente.

El terrible y sofocante dolor en su pecho hizo que Kaito se quedara sin aliento.

Finalmente despierto, logró oír el frenético latir de su corazón junto a su propia respiración agitada y dolorosa en la habitación.

Kaito se encontraba en una pequeña e incómoda cama de hospital, con sábanas blancas sobre su cuerpo y una intravenosa a un lado.

Completamente aturdido, observó el blanco techo de la habitación, la luz se encontraba apagada y solo la tenue luz del atardecer que se filtraba por la ventana que alumbraba su alrededor. Kaito permaneció quieto, simplemente oyendo los agitados latidos de su corazón.

Su mente era un completo caos.

¿Qué demonios acababa de pasar? ¿Aún estaba vivo? ¡Imposible!

El recuerdo del dolor que sintió en todo su cuerpo y el cómo su corazón dejó de latir en aquel momento lo hizo estremecer. Rápidamente llevó una de sus manos hacia su pecho, sintiéndolo plano y sin cicatrices ni dolores.

—¿Qué…? —murmuró mientras observaba su cuerpo. Se veía tan pequeño y delgado, no recordaba que así debiera estar. Sin mencionar que su brazo derecho se encontraba enyesado.

¿En qué momento se había herido?

Cohibido, sus ojos vagaron por la habitación hasta el reloj digital sobre la mesa de luz. Los números y palabras se mostraban claramente: 4 de marzo del año 20XX.

Esta fue la primavera de hace quince años en el pasado.

Su cuerpo se tensó mientras un ominoso sentimiento lo envolvía.

Kaito, quién había muerto bajo el ataque de aquellos hombres de negro, había regresado quince años atras.

Hola! Aqui Nozomi después de un año si publicar nada mas en esta obra
(◕‿◕✿)

Jaja ¿Que tal? ¿Que les pareció el primer capítulo? XD

¡Espero les haya gustado! He escrito y tratado con mucho cariño a esta historia porque es la que mas me ilusiona escribir (o;TωT)o

Las actualizaciónes seran muy lentas pero largas ♡

¡Ojala les guste lo que se viene!

Muchas gracias por leer 💕

Y que tengan un maravilloso dia 💖

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