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16

Las siete semanas que siguieron al accidente se sintieron como una eternidad. Cada día arrastrándose con la misma agonía silenciosa tras el siguiente. Aunque Manu seguía conectado a máquinas, con su cuerpo frágil atado a tubos y rodeado por el incesante pitido de los monitores, el equipo médico finalmente anunció una pequeña victoria: Manu estaba fuera de riesgo vital. La noticia, aunque de por sí les reconfortaba, era solo el inicio de un nuevo capítulo, uno lleno de nuevas incertidumbres pero también de esperanza.

A partir de ese momento, las visitas comenzaron a ser permitidas bajo estrictas reglas que todos debían respetar. Solo se admitía una persona a la vez, y el tiempo junto a Manu era limitado para evitar cualquier posible complicación. Para Ismael, esas visitas eran el rayo de luz en medio de la oscuridad que lo rodeaba, un pequeño espacio de tiempo en el que podía estar cerca de su novio, hablarle, acariciarle el rostro y recordarle que no estaba solo.

Cada visita que Manu recibía, era diferente. Natalia solía entrar con pasos temerosos, llevando siempre un rosario entre las manos, y siempre hablándole a su hijo con una voz calmada, maternal como si le hablara a su pequeño escondido bajo su falda, mientras narraba historias de su infancia o recordaba momentos felices que habían compartido juntos. Natalia también le hacía preguntas, aún si sabía que Manu jamás podría responderlas. Quería saber tantas cosas de su hijo. Saber si era feliz, si se alimentaba bien, si dormía adecuadamente, o si trabajaba demasiado. A veces, le hablaba de Ismael, y de lo mucho que le sorprendía su dulzura, de lo feliz que se sentía de que existiera en su vida. Pidió disculpas infinitas veces también, prometiendo que sería desde ahora la madre que debía ser, que necesitaba ser para perdonarse a sí misma, y que lo protegería del mundo con uñas y dientes de ser necesario, porque había aprendido de su error. Natalia realmente deseaba que Manu pudiera darle una oportunidad.

—No te volveré a perder, Manu —repetía cada tarde, antes de irse,

Alex por el contrario, se sentaba junto a él y le susurraba sobre su vida diaria, tratando de transmitirle normalidad. A veces ponía música, a veces lloraba. Leo, fiel a su naturaleza, intentaba hacer reír a los presentes, médicos, enfermeras, paramédicos, daba igual, aunque fuera con bromas nerviosas y ridículas, mientras hablaba con Manu como si en cualquier momento este fuera a responder. Lucas, calmado como siempre, se movía en silencio a su lado, entrando de forma breve, solo para decirle que necesitaba verlo. Al salir, siempre iba directo a la capilla, donde buscaba a ese Dios en el que nunca creyó, con la desesperación a flor de piel. Daniel y Tomás también ingresaban por cortos momentos, con adorables amenazas de que si no abría los ojos jamás se lo perdonarían.

Sin embargo, era Ismael quien pasaba las horas más largas junto a Manu, aprovechándose del hecho de que los funcionarios de la UCI, al conocer que Ismael también era parte del equipo del hospital, le permitían quedarse más tiempo del estipulado, deambulando en silencio si necesitaban ajustar tratamientos o comprobar signos vitales. Todos comprendían que su presencia era crucial, tanto para el Manu como para Ismael mismo.

Isma entraba tratando de mantener su sonrisa brillante, y lo saludaba como si la respuesta fuese a llegar en cualquier momento. Así, aparentando una normalidad que le permitía seguir en pie, Ismael se sentaba en la silla a un costado de la cama, observando cada detalle, buscando cualquier señal de mejora, deteniéndose en cada centímetro de piel y añorando que su novio regresara a él.

Con su presencia cariñosa y dulce, Ismael se transformaba en la medicina más efectiva, cada vez que sus dedos recorrían con suavidad la mano inmóvil de Manu, delineando con cuidado cada contorno de sus delgadez, como si su tacto pudiera transmitirle algo de la fuerza que él sentía tambalear a veces. Era un contacto lleno de intención y esperanza, un recordatorio constante de que seguía ahí, luchando por ambos. Los minutos se alargaban en esos gestos, donde Ismael susurraba palabras de aliento que se mezclaban entre frases tiernas y promesas. Había algo en esos momentos que iba más allá de la comunicación verbal; era una conexión silenciosa, como si con cada caricia, Isma intentara anclar a Manu al presente, evitar que se perdiera en algún tipo de abismo del que jamás podría traerlo de vuelta. Y aunque a veces sentía que la desesperación volvía a amenazarlo, esa pequeña rutina diaria, le servía de escape. Como si Manu estuviera ahí, golpeando a su puerta para pedirle un paseo de diez minutos. "Solo diez"

—Sigo aquí Manu —murmuró una tarde, rozando la piel de Manu con sus labios al inclinarse hacia él—. Te extraño, regresa a mí. No importa cómo, solo regresa.

Esas palabras se convertían en un rezo diario, un recordatorio tanto para Manu como para él mismo de que la lucha no había terminado y que había mucho por lo que seguir adelante.

Una tarde, al cumplir ocho semanas dormido, Ismael había esperado pacientemente su turno para entrar a la Unidad de Cuidados Intensivos. Al acercarse a Manu, como lo había hecho tantas veces, se sentó en la silla junto a su cama, con el corazón encogiéndose una vez más al verlo inmóvil, con su cuerpo cada vez más delgado y marcado por los tratamientos. Lentamente, llevó su mano al rostro de Manu, ya completamente libre de hematomas, y acarició con suavidad su mejilla, jugando con algunos cabellos largos que enmarcaban su figura.

—Hola, amor —murmuró, con la voz rota por la emoción—. Ya estoy aquí. ¿Despertarás hoy? Te extraño demasiado, ¿lo sabes, no?

Y cómo si su llamada hubiese sido escuchada, un pequeño movimiento en los párpados de Manu llamó su atención. Ismael contuvo la respiración, incapaz de creer lo que estaba viendo. Lentamente, los ojos de Manu comenzaron a abrirse, lento y con esfuerzo, hasta que fijó sus ojos en Ismael, tal como hacía cada mañana cuando era despertado por él. Por un segundo, Ismael pensó que todo estaba bien, hasta que la confusión comenzó a florecer, y el miedo se reflejó en su mirada. La respiración de Manu de pronto comenzó a acelerarse, creando un caos entre los sonidos de las máquinas, mirando en todas direcciones, incapaz de moverse.

—Manu, Manu ¿me escuchas? Soy yo, Ismael. Amor tranquilo, estás a salvo —intentó tranquilizarlo, pero Manu solo abrió más sus ojos con desesperación, clavando la mirada en Ismael mientras este tocaba el timbre de urgencia—. Estoy aquí, estoy aquí, estás bien, estás a salvo —repetía, intentando acariciar su rostro para transmitirle paz.

Pero Manu estaba descontrolado, y era difícil que no lo estuviera.

De la nada, Manu había abierto sus ojos, había sentido un cuerpo que no reaccionaba, intentaba mover sus manos, sus brazos, sus piernas, en medio de ruidos que retumbaban en su cabeza, con un dolor que se extendía por todo su cuerpo. ¿Qué había estado haciendo antes? ¿Dónde estaba?

Su expresión llena de pánico le dolía a Ismael, pero antes de que pudiera hacer algo más, el equipo de especialistas irrumpió en la sala. De inmediato, los médicos comenzaron a evaluar a Manu, mientras una enfermera tomaba a Ismael del brazo y lo guiaba con amabilidad fuera de la habitación.

—Necesitamos que salga. Vamos a realizar estudios para analizar su estado —explicó con profesionalismo.

Ismael salió sin protestar, pero en su interior se desataba una tormenta. No quería que Manu sufriera más, odiaba verlo sufrir, ya no, ya era suficiente. Al llegar a la sala de espera, se encontró con Natalia, Alex, Leo y los demás amigos de Manu, que al ver su expresión supieron de inmediato que algo había ocurrido. Con la voz temblorosa, Ismael comenzó a hablar.

—Manu... despertó —dijo, y un nudo en la garganta interrumpió sus palabras por un momento. Se llevó las manos al rostro, tratando de contener la emoción y el alivio que lo inundaban—. Abrió los ojos. Estaba asustado y confundido... pero despertó.

La sala se llenó de murmullos de alegría. Natalia cubrió su boca con ambas manos, sus ojos se llenaron de lágrimas, mientras Alex se acercaba a Ismael para abrazarlo con fuerza, y Leo exclamaba:

—¡Eso es increíble! ¡Lo sabía! ¡Sabía que Manu no se rendiría!

Ismael, a pesar de la alegría, alzó una mano para calmar el entusiasmo.

—Los médicos están con él ahora. Necesitan hacer estudios para entender mejor su estado. Nos han pedido que esperemos aquí.

El grupo asintió, la esperanza brillando en sus rostros pese a la incertidumbre. Cada uno tomó asiento, intentando procesar la noticia mientras el tiempo se detenía una vez más en la sala de espera.

Pasaron horas interminables, hasta que finalmente el neurólogo salió a hablar con todos.

—Tenemos noticias —comenzó el doctor, con un tono que intentaba ser tranquilizador—. Manuel ha despertado, pero hay algunas complicaciones. Tras los estudios realizados, hemos determinado que ha perdido una parte significativa de sus recuerdos. Esto puede incluir personas, eventos y experiencias importantes.

El aire pareció desaparecer de la sala de espera. Natalia dejó escapar un sollozo ahogado, mientras Alex la abrazaba con fuerza para consolarla. Mientras Rubén, erguido e imperturbable, escuchaba con atención. Los amigos de Manu compartían miradas cargadas de incertidumbre, y la familia de Ismael se aferraba a su cuerpo, como si fueran el soporte necesario para que no se derrumbara, porque Ismael sentía como el suelo se tambaleaba bajo él.

La noticia, aunque esperada en algún nivel, no dejaba de sentirse como una caída libre. Sus manos se cerraron en puños mientras trataba de mantener la calma, recordándose que tenía que ser fuerte, no solo por Manu, sino por todos los que dependían de su fortaleza en ese momento.

—¿Eso significa que... no nos recuerda? —preguntó Natalia, con la voz apenas un susurro.

El neurológo asintió lentamente.

—Es posible que no recuerde a algunas personas cercanas. Sin embargo, la memoria es algo complejo. Puede recuperar ciertos recuerdos con el tiempo, pero también es posible que otros se pierdan para siempre. La recuperación de la memoria de Manu dependerá en gran medida de su propio progreso y de la forma en que lo rodeemos de tranquilidad y apoyo.

«De igual forma, Manu necesitará iniciar un proceso exhaustivo de fisioterapia para recuperar la movilidad de su cuerpo. La rehabilitación será agotadora, en las primeras etapas, comenzaremos con pequeños movimientos: estimulará sus dedos, manos y pies, a la par que intentamos fortalecer su musculatura para que pueda sentarse, y en el futuro, volver a caminar. Como saben, por fortuna Manu no tiene daño en la columna, pero las fracturas en sus extremidades fueron algo serio. Es importante que ustedes, y él, comprendan que cada avance, por más mínimo que parezca, será crucial. Y aun así, siempre existirá la probabilidad de que la situación de Manuel no mejore de forma sustancial.

«Será un proceso largo que lo agotará tanto física como emocionalmente. Manu necesitará no solo asistencia profesional, sino también una red de apoyo constante, en el mejor de los casos por un tiempo determinado, pero como les decía, también es posible que siempre requiera de apoyo para ciertas tareas. Debemos ser pacientes y comprensivos, celebrando cada logro sin presionarlo. Lo más importante es que sienta que no está solo, que estamos aquí para él en cada paso del camino.

Natalia, con lágrimas en los ojos, se aclaró la voz para hablar, algo tímida, pero encontrando aquella voz que creía extinta.

—¿Qué podemos hacer para ayudarlo? —preguntó.

—Apoyarlo con paciencia. Mantener una atmósfera tranquila y tratar de vivir con normalidad dentro de lo posible. El proceso será realmente largo, pero si todos nos articulamos, Manu tendrá buenas probabilidades de que lleve una vida funcional y recupere la vida que llevaba.

El médico se detuvo un momento, mirando a todos con seriedad.

—Lo más importante es que Manu sienta apoyo y estabilidad. Lo he dicho ya muchas veces, pero necesito que lo comprendan, Será un proceso lento, pero no está solo. Con todo el esfuerzo conjunto, podremos darle las mejores oportunidades.

Ismael asintió, seguro de sus palabras.

—Haré... Haremos todo lo que sea necesario.

Natalia puso una mano en su hombro, sus ojos brillantes de determinación.

—Estaremos disponibles para lo que sea.

En el fondo, aunque el camino era incierto, el amor que unía a quienes rodeaban a Manu prometía ser la fuerza que lo sacaría adelante.



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Sé que esta historia tiene errores, pero las iré corrigiendo con calma. Por ahora, espero que disfruten de estos dos ❤️‍🩹

Subiré un capítulo más, por la demora enorme que he tenido estas últimas semanas 🥺

Cuéntenme si les gusta. Manu e Isma son un amor, yo los amo mucho!

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