𝟬𝟬𝟯 | no home
003. ┊໒ ⸼ 𝗖𝗛𝗔𝗣𝗧𝗘𝗥 𝗧𝗛𝗥𝗘𝗘 ──
── 𝗇𝗈 𝗁𝗈𝗆𝖾 •˖* 📼 ☄️
No pude soportar ir a tanta velocidad. Casi me voy de este mundo. Así que apenas vi la oportunidad, obligue a Glenn a parar y dejarme subir al camión donde iba el resto. Ahí me acomode junto a Jacqui y Andrea para no caerme, aunque incluso resbalandome en cada curva, no pude evitar parar las orejas y escuchar lo que decían sobre aquel tipo Dixon el loco.
─ Mejor no pensar en eso ─le decía Morales al señor Rick, que tenía una cara de preocupación absoluta desde que se enteró que T-dog contó que se le cayó la llave y Merle se quedó ahí arriba ─. Nadie estará triste porque no regrese, claro, excepto Daryl.
─ ¿Quién es Daryl? ─inquirí con curiosidad, metiéndome en la conversación de ambos adultos sin ser invitada.
Mi abuela debe estar regañandome desde el más allá, pero no me importa... sé que ahora mi pequeña mente cambiará de tema, pero es que me acabo de dar cuenta que Merle sí será extrañado por alguien, incluso si era un tipo arrogante, grosero, feo y calvo. No como a mí. Si yo me hubiera quedado en aquel edificio, a nadie le importaría. Nadie sabría quién fue Samara Potter, la mejor asesora de supervivencia.
─ Su hermano ─respondió y eso me hizo sentir terrible, sin embargo, mi atención fue robada por los gritos de Glenn, que nos pasó a toda velocidad ─. Al menos alguien la pasa bien.
Morales fue indicándole el camino al señor Grimes, que se limitaba a seguir las direcciones dadas, girando en las curvas del camino, mientras yo luchaba para no resbalarme. Aunque, cuando menos lo pensé, el camión se frenó.
Habíamos llegado al campamento.
─ Vengan a conocer a todos ─pidió Morales, y luego giró para verme a mi ─, y yo te puedo presentar a mi hija; apuesto a que se llevarán bien.
Aquel hombre bajó junto al resto, mientras yo hacía una muequita mientras veía al señor Grimes bajar por un lago y venir hacia mí, pasándose las manos por su cabello.
─ ¿Deberiamos bajar? ─pregunté en un balbuceo; estaba muy confundida, pero él y yo somos un equipo... O algo así.
─ Tal vez podríamos vivir en este camión, se ve muy cómodo. ─bromeó, haciendo que ambos soltáramos una risilla; además, hizo que yo estuviera menos tensa.
De pronto, él se puso muy serio y me miró.
─ Hey, Sam. Podríamos vivir tranquilos aquí, son buenas personas ─sonríe apenas ─. Y estarás conmigo; podrás seguir salvandome de hacerle terapia a caminantes.
Quizá ibamos a seguir bromeando una y otra vez para ignorar el hecho de que en algún momento debíamos ir a presentarnos con el resto de gente de aquí. Quizá los demás notaron que no ibamos detrás de ellos, así que nos lo recordaron.
─ ¡Oye, chico helicóptero y niña prodigio! ─grito desde afuera ─. Vengan a saludar.
Rick me dio una última mirada y me ayudó a bajar. Luego caminé detrás de él.
─ Es policía, como tú. ─le decía Morales a un hombre de camiseta gris, que al ver a Rick quedó boquiabierto.
Yo no comprendía qué pasaba. De hecho, cuando el señor Grimes aceleró su paso al punto de correr hacia una mujer y un niño, aún no terminaba de comprender qué estaba sucediendo. Aunque no me demore en unir todo y descubrir que pasaba en realidad.
─ ¡Papá! ─gritó él niño, confirmando mis sospechas.
Él hombre Grimes cargo al menor en brazos cuanto este corrió hacía él, y luego camino hasta unirse en un abrazo con su esposa, formando la imagen perfecta de una familia feliz siendo reunida al final de todo. Sentía envidia por eso. Quisiera tener lo que ese niño tiene.
Pero debo estar feliz: mi alumno estrella había encontrado a su familia... eso es bueno, aunque no para mí. Ya no sé si pertenezca aquí.
Debo irme . . .
Ya había pasado un buen rato desde que llegaba al campamento. Me sentía muy rara estando aquí; todos habían pasado de mí... bueno, Glenn intentó hablarme, pero lo terminé ignorando. En su lugar, me puse a jugar con una piedrita, empujandola de un lado al otro y viendo como los cordones de mis zapatillas danzaban de un lado al otro.
─ Hola, Sam ─saludo el señor Rick, llegando junto a su familia y una gran sonrisa en rostro ─. Ella es mi esposa, Lori.
─ Así que tu eres la inteligente niña que salvo a mi marido ─dijo muy sonriente la mujer, poniendo una de sus manos en mi mejilla, para dejar unas caricias, antes de volver a su posición inicial.
No sabía cómo decirle que nunca me ha gustado que me toquen, o al menos desde que tengo cinco años y un recuerdo muy feo, aunque... el toque de aquella señora se sintió bien; no puedo encontrar una excusa para apartarme o ser grosera.
─ El señor Grimes hubiera podido sin mí. ─aseguré, encogiéndome de hombros, restándole importancia.
─ No hubiéramos podido salir sin ti, date el crédito ─habló Rick antes de despeinar mi cabello. ─ Pero te quería presentar a otra persona.
Grimes hizo que el niño, su hijo, saliera desde detrás de su madre. Parece que él se estaba escondiendo de mí; además parecía estar asustado, pues su padre tuvo que moverlo cual muñeco para ponerlo frente a mí.
─ Él es Carl, mi hijo. ─presento al niño tímido de ojos azules, que solo se limitaba a mirarme, así que yo decidí hablar.
─ Hola Carl, soy Samara. ─me presente, agitando mi mano a modo de saludo, tratando de ser amable para no espantarlo.
─ Hola Carl, soy Samara ─habló torpemente, haciendo que sus dos padre rieran ─ Así no era ─hizo una muequita, antes de huir del lugar. Probablemente se fue a china.
─ Perdonalo, hace mucho no vemos caras nuevas en el campamento. ─se disculpó la señora Grimes, haciendo una pequeña mueca ante la actitud de su hijo.
─ No se preocupe. ─aseguré, esbozando una sonrisa, pero mi mente empezó a ser bombardeada con inseguridades.
Tal vez no se socializar. ¿Y si lo asuste? ¿Y si lo puse nervioso?
El sol nos había abandonado y le había dado paso a la noche. Todos nosotros nos encontrábamos alrededor de una fogata, específicamente yo me encontraba sentada junto a Glenn, viendo de reojo cómo el hijo del señor Grimes que me observaba... lo lleva haciendo desde... desde que encendieron la fogata y vine a sentarme aquí.
Da miedo.
─ Desorientado. ─la voz de Rick me hizo salir de mis pensamientos ─. Así es como me sentía. Desorientado. Con miedo, confundido, pero la palabra es desorientado.
─ A veces las palabras no alcanzan, algunas veces no alcanzan ─habló Dale, el anciano del grupo.
Podría escucharlo hablar durante horas. La forma en que habla te atrapa. Parece ser de esas personas que leí en las bibliotecas todos los sabados.
─ Sentí que me habían quitado mi vida, y que me habían puesto en otro lado. ─contó, abrazando a su esposa y a su hijo ─. Durante un tiempo pensé que estaba en coma, o soñando, y que nunca despertaría.
─ Mamá dijo que habías muerto ─habló ¿Carl?, si, así se llamaba.
Grimes, padre primero, vio a su esposa y luego sonrió dulcemente.
─ Razones no le faltaron ─le contestó ─. No lo dudes.
─ Cuando las cosas se pusieron feas, en el hospital me dijeron que te evacuarían a ti y a otros pacientes a Atlanta, y nunca sucedió.
─ Es lógico luego de lo que pasó en Atlanta ─le contestó Rick a su esposa ─. Y el hospital parecía estar desbordado.
─ Si, lo estaba. Apenas pude sacar a tu familia de ahí ─contestó Shane, que hasta ahora, no me da buena espina. Si se rapa y le cortamos la nariz...podría hacer una excelente interpretación de Voldemort.
─ No puedo explicarte lo agradecido que estoy, Shane ─habló Rick con sinceridad ─. No sé como expresarlo.
─ Otra vez, las palabras se quedan cortas. ─murmuré.
─ Aprendes rápido, ella sí escucha atentamente mis palabras. ─alabó Dale, brindándome una cálida sonrisa.
─ Sam ─llamó Lori y yo hice un pequeño ruidito, indicando que siga hablando ─. Hasta ahora mi esposo no me cuenta cómo se conocieron. ¿Podrías decirlo tú?
Yo sonreí malévolamente y al parecer Rick entendió el significado de mi acción.
─ No hay mucho que contar ─dije y Rick soltó un suspiro de alivió. ─ solo diré que encontré al señor Grimes ofreciéndole ayuda a un caminante.
─ ¡Pensé que era una niña! ─se defendió.
─ Claro, una niña con el pie torcido y aspecto de muerto ─bufé, mientras seguía moviendo mi cabeza ─, y antes que ese tierno caminante lo mordiera ─hice un ademán de disparar con mis manos ─ , yo lo salve.
─ Felizmente no había mucho que contar ─habló Glenn con sarcasmo.
Pero mientras reíamos, Shane se giró al ver como el mayor Peletier le ponía más leña al fuego... a su fuego, ya que no permitió que ni su esposa ni su hija vinieran a unirse al círculo que los demás habíamos formado.
─ ¡Oye Ed! ─grito Shane desde su posición.
─ Está frío. ─se limitó a responder el llamado.
─ Pues, el frío no cambia las reglas. Hay que mantener el fuego bajo para que no nos vean desde lejos, ¿no es así? ─dijo Walsh a modo de regaño y recordatorio.
─ Dije que hace frío, metete en lo tuyo. ─habló Ed, con una actitud muy déspota.
¿Cómo puede ser así?
Carol y Sophia son muy lindas, cruce pocas palabras con ellas, pero fue suficiente para saber que son personas buenas. Nada que ver con Ed Peletier.
Shane se levantó y luego se fue a hablar con la familia Peletier, así que ya no escuchábamos lo que les decía. Mientras eso sucedía, saqué un pequeño diario de mi mochila, al igual que un lapicero para poder escribir.
─ ¿Qué haces? ─se atrevió a preguntar Carl, y yo consideré eso como una segunda oportunidad para llevarnos bien.
─ Ven. ─llamé palmeando un sitio vacío a mi costado.
Su padre susurro un "Ve con ella", así que obedeció y se sentó en mi lado. Así que, ignorando las palabras de Dale acerca de un tal "Daryl Dixon", decidí mostrarle mis escritos a Carl.
─ Son historias que mis abuelos me contaban ─expliqué pasando las páginas ─, cuando me separé de ellos, decidí escribirlas. No me gustaría olvidarlas.
A diferencia de papá, yo no le guardo rencor al abuelo. Creo que de alguna manera él entendió que no hacía las cosas bien. Hubiera deseado que sea antes, pero supongo que los caminos de Dios son perfectos... o eso decían las abuelas en la iglesia.
─ ¿Algún día podrías contarme algunas? ─pregunto muy animado, sacandome de mis pensamientos.
─ Claro, pero no nunca podre igualar a como lo contaba mi abuelo.
─ Seguro harás genial. ─dijo, haciéndome sonreír.
─ Mira este ─apunté a una de las páginas ─. Cuando mi papá se fue a un enfrentamiento, mi abuelo dijo: "Aunque el destino se encargue de separarlos, siempre verán la misma luna. Así que no estarán demasiado lejos" ─solté un suspiro con melancolía ─. Yo no volví a ver a mi padre, pero desde ahí tengo una gran conexión con las estrellas y la luna.
─ Lo siento. ─musito, encogiéndose de hombros.
─ No te preocupes, mi padre murió haciendo lo que más le gusta. Así que fue feliz.
─ ¿Qué es eso? ─apuntó a mi cuello.
Por reflejo, tapé con mi mano la parte derecha de mi nuca. Siempre me pasaba lo mismo. Cuando iba a la escuela dominical los domingos, los niños señalaban lo mismo y luego se burlaban.
─ Es una marquita de nacimiento, nunca me gusto, parece...¿sucio? ─dije.
─ Pues para mi es bonita ─habló con simpleza ─ al igual que tu...tu chaqueta, si, eso. Eres...¡Es bonita! no la escondas.
Solté una risita nerviosa, antes de que la voz de Rick me haga levantar la mirada.
─ Vamos. ─ordenó Grimes mayor.
─ ¿A donde? ─inquirí ─. ¿Hay una fiesta?
─ Lori pidió que duermas con nosotros. ─explicó y yo asentí, parándome para avanzar detrás de él.
Apropósito no accedí a ponerme otra ropa para dormir, espere la noche en vela hasta que todos en la tienda estuvieran dormidos. Lo cual fue despues de mucho...ya que Rick y Lori estaban haciendo ruidos extraños, cuando estos cesaron, gire a ver con mucho cuidado, y afortunadamente, ya estaban dormidos.
Me levante con suma cuidado, tome mis zapatillas y mochila para luego salir de puntillas de la tienda. Cuando por fin logré hacer, me puse los zapatos y luego pasé los tirantes de mi mochila por mis brazos. Mientras tanto, hacía un mapa mental del camino que tomamos para venir aquí; creo que si salgo a carretera podría encontrar una buena ruta por la cual seguir; ya lo hice antes, podré ahora.
Este no es mi lugar.
Comencé a caminar hacia el bosque, adentrándome en él. Sin embargo, cuando apenas había avanzado unos metros, comencé a escuchar pasos, pero no eran los míos. Tengo la habilidad de no hacer ruido, incluso cuando hay hojitas secas y todo eso. Pero regresando al punto, luego de esos pasos, una voz me hizo detener.
─ ¿A donde vas? ─preguntó Shane, así que gire.
Necesitaba actuar.
─ A dar un paseo. ─contesté, forzando una sonrisa, tratando que todo esto sonara normal para que pronto se fuera.
─ Te ibas a ir.
─ No.
─ ¿No?
─ No. ─negué con mi cabeza.
─ Eres muy pequeña para andar sola, y si Rick decidió que era buena idea que estés aquí, pues tiene razón. ─habló avanzando y poniendose de cuclillas ante mi.
─ Tal vez no pertenezca aquí. ─confesé, formando con mis labios una muequita de tristeza, pues así se sentía todo esto... triste.
─ Ahora que lo pienso, yo tampoco creo pertenecer aquí. ─confesó él, y yo incliné mi cabeza, confundida por lo que me había dicho.
─ ¿Por qué?
─ Pues tendrás que quedarte para averiguarlo ─dijo y yo fruncí en ceño, abriendo mi boca en señal de indignación ─, te responderé mañana o pasado...
─ Atacaste mi punto débil, mi curiosidad, y te odio por eso. ─hable.
─ Si no quieres dormir en la tienda de Rick... ve a la de Glenn, él duerme solo.
─ ¿Promete responderme después? ─enarque una ceja.
─ Sí, pero tendrás que quedarte a la misma hora y en el mismo canal... tal vez no a la misma hora, porque las niñas como tú deben dormir a las seis. ─comenzó a bromear.
─ No soy un gallo.
Shane soltó una risa y luego se levanto.
─ Ve donde Glenn.
─ ¿Tambien usted duerme solo? ─pregunté por puera curiosidad.
─ Lo hago, mi tienda esta por ahí ─señalo con su dedo indicé una de las últimas ─. Cuando quieras, puedes ir.
─ ¿Que me asegura que usted no se irá?
─ Pues de prometí que estaría a esta misma hora, y en el mismo canal. ─respondió con gracia, acercandosé a mi.
Él colocó una de sus manos en mi espalda, comenzando a guiarme hasta la tienda del coreano. Ahí se despidió de mí y se fué. Tal vez no sea como Voldemort. Eso me pasa por juzgar a las personas. Debí saber que si es mejor amigo del señor Grimes, debe ser buena persona.
En fin, al entrar a la tienda de Glenn, esta solo tenía una litera, así que como persona madura que soy, me lancé encima de él, despertándolo al instante.
─ ¿Un elefante se tiro encima mío? ─preguntó entre murmullos.
─ Soy yo. ─dije.
─ ¿Qué haces aquí? ¿No estabas con Rick?
─ Estaba. Veras, Shane me mandó aquí, dice que esta tienda en la más solicitada. ─sonreí.
─ La verdad, Lunática ─pidió.
─ ¿Por qué lunática? ─cuestione ─ Mi apellido es Potter, mínimo un "Cornamenta" o "Cerdo para el matadero"
─ Eres un mini Remus Lupin, apareciste a medianoche.
─ Siempre me considere más Sirius Black.
─ No cambies el tema jovencita. ─amenazó con su dedo indicé.
─ Bien, hazme campito ─pedí y el se acurruco en un lado de la litera, dando espacio a mi de acomodarme en el otro extremo ─ me iba ir, y Shane me atrapo y me mando aquí, buenas noches.
─ Buenas noche...¡¿Espera que?!
Gritos nos despertaron a Glenn y a mí... bueno, a mí solamente, ya que Glenn no estaba aquí. Supongo que él se despertó muy temprano y luego se fue sin avisarme, para así dejarme dormir. Es muy bueno para este mundo.
─ ¡Sam se fue! ─gritaba el señor Rick afuera ─ ¡Sam!
Así que rápidamente me paré, me coloqué los zapatos y me salí de la tienda del coreano, viendo todo el alboroto.
─ Estoy aquí. ─dije, y de inmediato llegó hasta mí, solo para envolverme en un abrazo.
─ Pensé que te habías ido; iba a salir a buscarte. ─habló, mientras me asfixiaba en un abrazo.
─ Tu hijo patea ─mentí a medida que me soltaba.
─ La próxima vez avísame, ¿si? ─pidió, aún con una expresión de preocupación en su rostro; parecía que se preocupaba genuinamente por mí.
─ Sí. ─sonreí.
Luego de ser prácticamente amenazada para no irme, avancé hasta llegar a Glenn, quien miraba con tristeza cómo desmantelaban su auto.
─ Míralos ─bramó cruzado de brazos ─. Buitres.
─ ¡Vamos, que no quede nada! ─ordené divertida, ganándome un zape de Glenn. ─ Auch.
─ Los generadores necesitan cada gota del combustible, sin eso no hay energía. Lo siento, Glenn. ─se disculpó Dale.
─ Tal vez podamos robar otro, uno que pueda volar. ─bromee, haciéndolo reír, al menos hasta que Sophia llegó a mi lado..
Ella me miro a mi y luego giro a ver a Carl, que se escondió de inmediato detrás de unos arboles.
─ ¿quieres jugar conmigo? ─pregunto ─ Yo quiero jugar contigo, y por "Yo" me refiero a Carl.
─ Vamos. ─acepte, empezando a seguirla.
Luego de unos minutos, nos unimos a Carl. Los tres caminabamos juntos hacia el bosque.
Ambos niños se sentaron en el suelo, empezando a mover piedritas y así. Yo, por mi lado, mire a todos lados, buscando un buen árbol, y cuando lo encontré, me sujete de una ramita y luego me impulse con mi pie para llegar hasta arriba.
─ ¡Te vas a caer! ─chilló Carl preocupado.
─ Hago esto desde que nací ─dije echándome sobre mi estomago encima de una rama ─, es parte de mí. Crecí en una granja.
─ Te ves genial. ─Soph tiró un cumplido mientras se levantaba, empezando a caminar junto a Carl unos metros más adelante, como si para que yo baje, usaran el viejo truco de irse para que los siga.
Pero de pronto, ambos regresaron y empezaron a gritar.
─ ¡Mamá!
─ ¡Papá!
Ellos seguían gritando y desesperándose, y yo aún no sabía por qué.
Así que prácticamente me tiré del árbol para ir al lugar de donde ambos vinieron.
Un caminante se estaba comiendo a "James Potter", así que tome mi cuchillo, me acerque lentamente a la criatura, ella al sentirme se giro y amenazo con morderme, pero cuando quiso abalanzarse contra mi, empuñe mi cuchillo en su cráneo, matándolo y manchando toda mi ropa de salpicaduras de sangre en el acto.
Los hombres del campamento aparecieron detrás mío y me pidieron alejarme, así que lo hice. Todos ellos empezaron a golpear al caminante con todo lo que tenían.
¿Por qué lo hacían? ya estaba muerto de todas formas
─ ¡Ven Mara! ─llamó Carl y me acerque a él y a su madre, siendo esta última quien me reviso para ver que estuviera bien.
Mara...los únicos que me llamaba así era mi padre, mi niñera...y ese raro hombre al que ayude.
En fin, todos volvieron a girarse cuando unos ruidos provenientes de unos arbustos nos pusieron en alerta. Todos apuntaron a esa dirección, pero en vez de un caminante, un hombre con una ballesta apareció.
─ ¡Hijo de perra, es mi venado! ─exclamó acercándose al caminante, para patearlo ─. Seguí a este venado kilómetros. Lo llevaré al campamento, ¿creen que podamos cortar ese pedazo mordido?
─ Yo no me arriesgaría. ─respondió Shane, colocando ambas manos sobre sus caderas.
─ Bueno, eso no importa, traje una docena de ardillas más o menos ─habló el ballestero, para luego ver cómo habían descuartizado al pobre caminante ─. Demonios amigos, ¿qué hicieron?
─ No sé qué hicieron, yo ya lo había matado de un cuchillazo en la cabeza ─me atreví a hablar, ganándome la atención del nuevo ─. Todo el mundo sabe que se le tiene que destrozar el cerebro.
─ ¿Tu lo hiciste? ─preguntó apuntándome, levantando sus cejas, como si aún no creyera que yo lo hice ─ Genial, una mocosa que piensa.
Y su último comentario me hizo unir cabos.
Me separe de la señora Grimes y camine detrás del que creo que es Daryl Dixon. Bueno, si es él, y se me fue confirmado cuando empezó a llamar a Merle.
─ ¡Merle, conseguí ardillas! ¡A cocinar!
─ ¿El señor Daryl Dixon? ─pregunté, llegando hasta él lo más rápido que mis piernas me lo permitían ─ ¿Hermano de Merle?
─ ¿Conoces a mi hermano? ─preguntó.
─ Algo así, él me dijo que el mundo es una mierda, pero que me gustaría.
─ Es muy Merle de su parte. ¿Dónde esta? Tenemos que guisar ardillas ─habló, señalando los animales muertos que él cargaba.
─ Él...─iba contarle todo, pero Rick me tomó del brazo y me llevó hasta Carol, dejándome ahí.
─ Ven, te voy a dar una nueva camiseta, las de Sophia te pueden quedar. ─habló la mujer Peletier, tomando mi mano y queriendo llevarme a otro lado, pero yo me negué.
─ Sobre Merle ─empezó a decir Shane ─. Hubo un problema en Atlanta.
─ ¿Esta muerto? ─preguntó Daryl, mientras todos veían expectantes su próximo movimiento.
─ No lo sabemos. ─respondió Walsh, mientras la señora Peletier me intentaba sacar de la escena que posiblemente se iba a poner muy violenta.
─ No es fácil decir esto, así que solo lo diré. ─dijo Rick, acercándose al hombre Dixon.
─ ¿Quién eres? ─bramó Daryl, parecía no ser alguien muy razonable.
─ Rick Grimes.
─ Bien, Rick Grimes ─hablo con altanería. ─ ¿Hay algo que me quieras decir?
─ Tu hermano era un peligro para todos, así que lo esposé en el techo, sigue ahí. ─confesó Grimes, haciendo que la cólera de Daryl escalara niveles inhumanos.
─ Déjame procesarlo ─habló moviéndose de un lado al otro ¿Dices que esposaste a mi hermano en un techo y dejaste ahí?
─ Sí. ─contestó Rick muy apenado.
Luego de eso, todo se descontroló en un par de segundos; Daryl dejó caer el manojo de ardillas de sus manos, para luego abalanzarse contra Rick, pero fue tacleado con Shane, que dejó a Dixon en el suelo.
Pero esto no acabó aquí. Daryl sacó un cuchillo, acción que hizo que Carol me empujara dentro de la caravana, y me encerrara junto a Sophia y Carl, que ya estaban ahí.
─ Yo quería ver la pelea. ─me crucé de brazos, sentando junto a ambos.
─ Eres muy rara ─habló Sophia ─ Me agradas. ¿Amigas?
─ Amigas ─musité ─. Eres la primera. Siempre tuve amigos hombres; ni una sola mujer.
─ ¿Por qué? ─inquirió Carl.
─ Vivía en una granja, y mis vecinos solo eran hombres. ─expliqué, con gritos de fondo, provenientes de afuera.
─ Mara, ¿podrías contarnos una historia? ─preguntó Carl y yo asentí.
─ Zeus estaba casado con Hera, la diosa del matrimonio, pero tenía muchas aventuras. ─empecé a narrar, moviendo mis manos en el proceso ─ De su relación con la ninfa Calisto nació Arcade. Cuando Hera se enteró de lo ocurrido, transformó a Calisto en un oso, la osa mayor. ─señale en mi cuaderno un torpe dibujo de la constelación nombrada.
─ Se necesitan más armas. ─contraatacó Rick a Shane.
─ Es verdad, se necesitan armas. ─intervino Glenn.
─ ¿Qué tipo de armas? ─inquirió Walsh.
─ Seis escopetas, dos rifles de alto poder, más de diez pistolas. Tomé todas las armas de la estación antes de irme. Dejó la bolsa en Atlanta cuando nos rodearon, ¿no es así, Sam?
─ Si, lo juro ─asegure acomodándome la camiseta de Sophia, que me quedaba un poco grande ─. Y si dicen que es una alucinación, pensaré que todo lo que viví es una mentira.
─ Bien, y ¿municiones? ─volvió a preguntar Shane, mirandome con el ceño fruncido por mi anterior comentario.
─ 700 balas surtidas.
─ Pasaste un infierno para encontrarnos. ¿Acabas de llegar, y ya te vas a ir? ─preguntó Lori, muy preocupada por la seguridad de su esposo.
─ Papá, no quiero que te vayas. ─pidió Carl a mi lado.
─ Al diablo con las armas, Shane tiene razón, ¿Merle Dixon? ─soltó la señora Grimes, espantada por la idea, como si la vida del hombre Dixon no tuviera valor ─. No vale la pena, ni siquiera con las armas.
─ Merle Dixon es bueno, yo lo sé ─aseguré en un murmullo inaudible para el resto.
Creo que Daryl logró escucharme porque levantó la mirada cuando murmuré lo anterior. Sé que el resto no lo hizo, pero quizá él sí, porque tanto Daryl como yo manteníamos una distancia prudente del resto del grupo que discutía la nueva aventura.
Antes que pueda hacer algo más, Rick colocó una de sus manos en mi espalda y me guió hasta llegar cerca de su esposa y de su hijo.
─ Dímelo para que entienda. ─pidió Lori.
─ Tengo una deuda con un hombre y su pequeño hijo ─argumento Grimes ─. Lori, si ellos no me hubieran aceptado, hubiera muerto. Es por ellos y por Sam que llegue aquí. Los dos dijeron que también irían a Atlanta. Caerán en la misma trampa si no les aviso.
─ ¿Qué te impide hacerlo? ─preguntó Lori, al borde de las lágrimas.
─ El radio que está en la bolsa que deje, él tiene el otro, y el plan era conectarnos cuando estuviera cerca.
─ ¿Nuestras radios? ─inquirió Shane.
─ Sí. ─le contestó. Rick
─ ¿Por qué no usas la radio civil? ─preguntó Andrea.
─ Esas radios son una porquería. ─bramó Walsh.
Rick se aproximó a su hijo, y yo me quise ir para darles espacio, pero no me dejó ir. Me detuvo, me secuestro, otra vez.
─ ¿Entienden porque debo irme? ─preguntó, y giré a ver a Carl, quien asintió, así que yo repetí la acción ─. Bien, ahora, deben prometerme que se quedarán juntos y se protegerán.
─ Si, papá.
─ Sí, señor Grimes. ─prometí.
─ Y Sam, no te metas en problemas. ─señaló Rick.
─ ¿Yo? ¿Problemas?, Mi nombre el "Samara sin problemas Potter"
Él soltó una risa, y luego me despeino el cabello antes de irse.
¿Cómo termine aquí?
Sí, esa es la pregunta que me hago. Es que ustedes saben, no me puedo resistir a que ¡Carl Grimes secuestre mi mano y me lleve a rastras junto a él!
Empiezo a creer que secuestrar a hermosas e inteligentes pelirrojas ya está en la sangre de Grimes, así que no me queda nada más que soportar; no quería ser grosera con el hijo de Rick, aunque si tendremos que convivir, le debo enseñar que no me gusta que me toquen.
─ Creo que Rick no se refería a juntos... juntos. ─dije, y su cara fue como si recién se hubiera enterado que me tiene tomada de la mano.
─ Y-yo ─balbuceó poniéndose tan rojo como un tomate ─. Bien, quédate aquí, iré con Shane a cazar ranas ─dijo soltando mi mano, y caminando más a dentro del lago, junto a Walsh.
─ ¿Por qué yo no puedo cazar ranas? ─pregunté, cruzándome de brazos.
─ Porque es un deporte para hombres ─respondió Carl, pero casi al instante cayó en cuenta del significado de sus palabras ─. ¡Mar...
─ I'm so sick of running as fast as I can Wondering if I'd get there quicker If I was a man... ─empecé a cantar a medida que me acercaba a las mujeres, no dejando a Carl decir algo.
Cuando llegue al lado de las mujeres, me me quite las botas y las medias, metiendo mis piecitos al lago, revolviéndolos en el mismo a modo de juego.
Se siente fresquito.
─ Vaya, me empiezo a cuestionar la división del trabajo. ─escuche decir a Jacquie, quien llegaba con una cesta de ropa sucia, para acompañar a Carol y a las demás mujeres a lavar.
─ ¿Me ayudas pelirroja? ─preguntó Amy y yo me acerque a ella, quien me paso polos para enjuagar.
─ ¿Alguien me explica cómo es que las mujeres acabamos haciendo el trabajo de esclavas? ─preguntó la morena, viendo cómo Carl y Shane se divertían cazando ranas.
─ A mí me mandaron aquí, disque es un deporte para hombres. ─comenté, estrujando un polo, para quitarle el exceso de agua y pasársela a Andrea, que las dejaba para secar en una piedra.
─ El mundo se terminó, ¿no les llegó la notificación? ─preguntó la Amy.
─ Simplemente es así. ─murmuró Carol.
─ Eso odiaba de la granja de mis abuelos. ─dije.
─ ¿Por qué? ─preguntó Jacquie.
─ Mi abuelo era ¿marchista? ─expliqué y todas rieron.
─ Machista. ─corrigió Amy.
─ Eso ─dije mientras enjuagaba más polos ─. Mi abuela y yo a la cocina y quehaceres domésticos, mientras mi abuelo tenía un arma y cabalgaba...aunque a mí también me hacía cabalgar...bueno, yo aprendí sola a cabalgar, pero ese no es el punto.
─ La vida es injusta, cariño. ─aseguró Andrea, encogiéndose de hombros.
─ Extraño mi lavadora ─confesó Carol.
─ Yo extraño mis vinilos de Taylor Swift, o mi colección de discos con las temporadas de Grey's Anatomy. ─continúe.
─ Yo extraño mi auto, mi navegador. ─enumero Andrea la lista de cosas que extraña.
─ Chicas, yo extraño mi cafetera de filtro doble y con molinillo. ─comentó Jacquie, regocijándose con el simple hecho de mencionar ese aparato.
─ Yo mi computadora y celular. ─habló Amy.
─ Extraño mi vibrador. ─dijo Andrea, y todas hicieron un ruidito de complicidad, uno que yo no entendí.
─ ¿Vibrador del...celular? ─pregunté y todas rieron.
─ Quédate con esa inocencia. ─Amy revolvió mi pelo, mientras las demás se seguían burlando.
─ Yo también lo extraño. ─aseguró Carol, refiriéndose al "Vibrador", haciendo que las mujeres vuelvan a reír a carcajadas.
Pero todo paro cuando Ed Peletier se acercó.
─ ¿De que tanto se ríen?
─ Nos contamos historias de guerra, Ed.─le contestó Andrea muy divertida.
El hombre Peletier paso por nuestro lado, posándose al detrás de Carol.
─ ¿Algún problema Ed? ─preguntó la Andrea.
─ Nada que te incumba ─bramo Ed, antes de dirigirse a Carol ─ concéntrate en tu trabajo, este no es un club de comedia.
Todo se tornó muy incomodo, y más porque Peletier nos miraba. Lo cual puso nerviosa a Andrea, y a todas, pero la rubia fue la única que se atrevió a pararse para dirigirse a Ed.
─ Ed, te diré algo ─habló Andrea enojada ─. Si no te gusta como lavamos, eres bienvenido a hacerlo por tu cuenta. Ten. ─le tiró una de sus prendas mojadas, que de inmediato el hombre se la devolvió tirándosela más fuerte.
─ No es mi trabajo, cariño.─contestó Ed.
─ ¡Ni el nuestro! ─grite desde atrás, pero cuando menos lo espere, Amy me ponía detrás de ella, a modo de escudo por si las cosas se ponían feas.
─ ¿Cuál es tu trabajo, Ed? ¿Sentarte a fumar cigarrillos? ─bufó Andrea.
─ Bueno, te puedo asegurar que no es escuchar a una perra presumida que habla demás ─contestó, para dirigirse otra vez a Carol ─ Vámonos.
─ Ella no ira contigo. ─amenazó Andrea.
─ No es asunto tuyo. ─contraatacó Ed.
Carol balbuceó unas palabras a Andrea que no logró escuchar, pero luego Ed volvió a hablar:
─ No creas que no soy capaz de golpearte el trasero solo porque eres mujer ─amenazó el mayor Peletier ─. Carol, ven aquí, o te arrepentirás.
─ ¿Para que luego nos muestre sus moretones nuevos? Sí los vimos ─aseguró Jacquie.
La discusión subió de tono. Ed Peletier tomó a Carol del brazo, empezando a llevársela a rastras, pero las mujeres empezaron a impedirlo. Con esto solo causaron que Ed le tire un golpe a su mujer, alterando más a las demás, que también empezaron a recibir empujones de parte del "hombre", si es que se puede considerar así.
Pero afortunadamente Shane no tardó en actuar, ya que llegó al lado de Ed y lo tomó del cuello de la camiseta, solo para arrastrarlo un poco más lejos de donde nos encontramos. Le comenzó a propiciar varios golpes en su rostro, lo cual me hizo mirar para otro lado, escuchando gritos de las mujeres pidiendo que Shane parara.
─ Si le vuelves a poner la mano a tu esposa, a tu hija o a cualquiera de este campamento, te juro que no pararé ─amenazó Shane, dejando un último golpe en el rostro de Ed. ─ ¡¿Escuchaste?!
─ Si ─balbuceo Ed, como pudo.
─ ¡Te mataré a golpes! ─dijo Shane, parándose y retirándose del lugar.
Carol de inmediato corrió a socorrer a su marido, mientras yo tenía un deja vú.
Mi abuelo no era perfecto...él era como Ed.
▬▬ 𝗟𝗨𝗖𝗬'𝗦 𝗦𝗣𝗔𝗖𝗘 🐝
Se que Taylor Swift no es contemporáneo a la línea de tiempo de twd, pero la parte de The Man era iconic.
▬ With love, Lucy Rhee (Dixon-Potter-Grimes)
▬ palabras; 5517
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