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𝟬𝟬𝟰 | death in the camp

004. ┊໒ ⸼ 𝗖𝗛𝗔𝗣𝗧𝗘𝗥 𝗙𝗢𝗨𝗥 ──

── 𝖽𝖾𝖺𝖽 𝗂𝗇 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝖺𝗆𝗉 •˖* 📼 ☄️

Años atrás...

Mi padre había venido para una de esas visitas de doctor. La verdad es que hasta donde se había pedido permiso en el ejército para venir el mismo día de mi cumpleaños, sin embargo, no pudo. Aunque apareció hoy, y eso es lo que cuenta.

Yo no estaba enojada con él, se que tiene un trabajo en el cual ayuda a personas, así que estoy orgullosa de él.

Tampoco es que se hubiera perdido de algo. Ayer mis abuelos no hicieron nada; al contrario, todo el día estuvieron peleando y peleando. Gritos y cosas rotas pude escuchar desde el armario donde me encerré junto a mis fieles libros, los cuales use para distraerme y no sentirme mal en un día "especial". Siempre odie mi cumpleaños. Mi madre murió cuando yo nací, ¿por qué celebrar eso?

─ ¿No te dio miedo cortar ese brazo? ─preguntó Sam con curiosidad.

Mi papá era médico en el ejército, y hasta donde sé, mi madre también lo era. Así que me gusta saber todo lo que pasaba, porque de grande también quiero ser médico. Claro, yo no tan arriesgada para correr de un lado al otro en medio de la guerra, pero sí salvar personas en un hospital que no corran riesgo de ser explotado por una bomba.

─ Claro, siempre se tiene miedo, y aunque fue difícil, lo logramos. ─contestó papá mientras caminaba a mi lado; él también estaba muy animado. Ambos amamos estas visitas.

De un momento al otro, ambos nos quedamos callados, pero no era de ese silencio incomodo; al contrario, amamos el silencio y el bosque. Mientras caminabamos, tome la mano de mi progenitor para poder cruzar por encima de un tronco caído.

Papá solo me miró y me sonrió, mientras se divertía al verme hacer equilibrio por el tronco. Al final de este, pegue un brinco, bajando de una forma graciosa.

─ Mara, no me has dicho qué quieres de regalo ─habló papá, pero antes que responda, él volvió a hablar ─, y no me digas más libros.

Hice una muequita.

─ Quiero el libro de Harry Potter, el prisionero de Azkaban para ser más precisos... ─contesté, pero fui interrumpida por unos gritos provenientes del granero.

Mi abuela gritaba.

Note cómo mi padre giró a verme, para así ver cómo reaccionaba yo ante esto. Sin embargo, ya me resultaba normal a este punto; el abuelo siempre se enoja, la abuela tiene su carácter, y si están muy enojados, se desquitan conmigo.

Algo normal.

─ Yo me la llevo. ─escuche la voz de Dave.

El chico apareció a mi lado y tomó mi mano. Mire a papá y se la pensó un poco antes de asentir, sin embargo, al no tener más opciones, aceptó y corrió hacia el lugar de los gritos.

─ ¿Por qué se habrán peleado ahora?

Dave lo pensó por unos segundos, hasta que finalmente respondió: ─ Mi tía hizo un pie de manzana; apuesto a que te encantará.

─ Mi favorito ─sonreí, pues no me importó el cambio de tema. La tía de Dave hace unos pies riquisidos; podría comerlos toda la vida.

Dave es mi vecino, y estaría mintiendo si diera que nunca tuve un flechazo con él. Es dos años mayor que yo, pero aún así le agrada mi compañía, siempre me da comida, cartas que escribe a mano con historias inventadas por él y últimamente está aprendiendo a hacer pulseras.

─ ¿Qué te regalaron por tu cumpleaños? ─preguntó a medida que caminábamos a su granja.

─ Lo típico, una vaca, un caballo...

─ ¿Una vaca? ─preguntó sorprendido.

Yo rodeé mis ojos ─ Esta vez no fue una vaca, fue un lindo caballo negro con todo el juego de montar, lo cual es raro, porque a mi abuelo no le gusta que yo cabalgue...

tal vez por eso mi abuelo regaño a mi abuela...





















─ Wow. ─exclamó Carl a mi lado, al ver cómo Andrea llegaba con un manojo de pescados.

Yo no deseaba estar aquí, es decir, en el campamento sí, pero no precisamente aquí. Verán, me gustaría ir donde Sophia, pero el mayor Peletier me da mucho miedo y mal rollo. Intente llamarla, pero a ella no la dejan venir a estar con nosotros, así que no tengo más remedio que estar con Carl, aunque... eso tampoco me molesta. Es buen amigo; sin embargo, le gusta mucho el contacto físico.

─ Chicas, gracias a ustedes, todos comeremos esta noche ─agradeció Morales a Amy y Andrea, que son quienes habían ido a pescar.

Ambas un par de hermanas de cabello color rubio. Andrea...bueno, tiene caracter, pero puedo comprender su actitud luego de conocer a Amy, que es más soñadora, amable y tiene un carisma único.

Supongo que Andrea, que es la mayor, tan solo quiere proteger a Amy del mundo feo en el cual vivimos.

─ Debes agradecerle a Dale, era su canoa y sus cosas, ─dijo Andrea, restándole importancia al trabajo que hizo con su hermana.

─ Mara, mira. Mira todo ese pescado. ─chilló Carl con alegría.

─ Sí que saben como pescar. ─adule, acercándome a ofrecerle una botella de agua a Amy, para que así se refresque un poco, pues había estado bajo el sol.

─ ¿Dónde aprendieron eso? ─preguntó Lori a las dos hermanas.

─ Mi padre. ─contestó la menor de las hermanas.

─ ¿Me pueden enseñar? ─preguntó Carl emocionado por la idea.

─ Claro...

─ No ─dije interrumpiendo a Amy ─ tu te quedas atrapando ranas "El deporte para hombres" ─resalte mis últimas palabras, lo que le causo gracia a los adultos.

Carl frunció el ceño y se cruzó de brazos, mientras yo seguía riendo.

─ ¡Oye Dale! ─llamó Andrea ─ ¿Cuándo fue la última vez que engrasaste los carretes? Son una desgracia.

Yo no quiero alarmar a nadie, pero creo que tenemos un problema. contestó el anciano en su lugar, levantándose de su silla y quitándose los binoculares de los ojos.

Había visto algo.





















Todos habían decidido venir a ver en vivo y en directo qué estaba haciendo Jim. Así que subí aquella colina al lado de la señora Grimes y de su hijo.

─ Oye, Jim ─habló Shane, llamando la atención del hombre, que solo seguía cavando un agujero en el suelo ─. Jim, ¿puedes detenerte? Dame solo un momento, hablemos, por favor.

Jim dejo bruscamente la pala clavada en el piso, y giro a ver a  Shane ─ ¿Que quieres?

─ Solo estamos un poco preocupados.

─ Dale, dice que desde hace horas estás aquí. ─comentó Morales.

─ ¿Y? ─contraatacó Jim.

─ ¿Por qué estás cavando? ─preguntó Shane.

─ Tal vez quiera llegar a China ─dije encogiéndome de hombros, pero luego de una mirada de desaprobación de varios adultos, solo pase a ser ignorada.

─ ¿Qué importa que cave? ─cuestionó Jim, sin entender el punto de los que le cuestionaban ─. No lastimo a nadie.

─ Si, excepto a ti. Estamos a casi 38 grados ─le respondió Dale ─. No puedes seguir con esto.

─ Claro que puedo ─espeto Jim muy colérico, volviendo a tomar la pala ─. Observa.

Lori fue hasta adelante, y tomó la palabra:

─ Jim, ellos no te lo dirán, así que lo haré yo. Estas asustando a todos, estas asustando a mi hijo ─dijo con las poniendo sus manos en sus caderas, en un intento de mantenerse firme y mostrar autoridad ─ y a la hija de Carol

Ante ese comentario, gire a ver a ambos niños, quienes se habían ido a esconder detrás de la señora Caron, muy nerviosos por cierto. 

Lo que no pasaba con los hijos de Morales o conmigo.

Todos tenemos un día de locura. Tal vez este sea el de Jim.

─ No tienen nada de que asustarse ─se defendió el hombre de la pala ─. Quiero decir ¿qué les pasa? Yo estoy aquí solo, ¿por qué demonios no se van y me dejan en paz?

─ Creemos que debes tomarte un descanso, ¿por qué no vas a la sombra? ─sugirió Shane con una sonrisa forzada, que podría jugar que no convence ni a una mosca ─. Come un poco, y en un rato vendré contigo y te ayudaré. Así que... ¿por qué no me das esa pala?

─ ¿O qué? ─bramó enojado.

─ Solo te lo estoy pidiendo ─contestó Shane tratando de mantener la calma ─. No quiero tener que quitártela.

─ ¿Y si no lo hago, entonces qué? ¿Me partirás la cara? ─reto Jim, recordando lo que Shane le hizo al hombre Peletier ─. Me partirás la cara como a Ed Peletier, ¿verdad? Ya todos vieron su cara... o lo que queda de ella ─apuntó a Shane ─. Ves, eso es lo que sucede cuando alguien se cruza contigo.

─ Eso fue diferente. ─contestó Shane, tornando su cara a un semblante algo enojado.

─ Tú no estabas ahí. Ed estaba fuera de control. Él estaba golpeando a su esposa. ─mi voz salió de la nada.

─ ¡Sí! ese era su matrimonio, no el de él ─bramó Jim colérico, haciéndome retroceder unos pasos y chocar con Shane, quien me tomó de los hombros y me puso justo detrás de él ─. No es juez de nadie ¿Quién voto por ti para ser el rey?

─ Jim ─habló Shane acercándose a él ─. Dame la pala. ─pidió mientras aproximaba su mano al objeto, para así quitárselo.

De pronto, solo sentí que alguien me tomo del brazo y me puso atrás de ella. Lori Grimes.

Misma acción que repitió con su hijo.

Justo en el momento exacto en que Shane y Jim empezaron a pelear, bueno... Walsh inmovilizó a Jim en el suelo, tan solo con un movimiento, lo que no significaba una pelea justa. De todas formas, aquel hombre estaba fuera de control, quizá enfermo.

─ ¡No tienes derecho! ─exclamaba Jim una y otra vez.

─ ¡Oye Jim, nadie te hará daño! ¿Entiendes? ─tranquilizaba Shane, mientras tenía a Jim bajo su cuerpo, evitando que este se mueva.

─ Mentira, esa es una gran mentira ─empezó a repetir ─ Es la peor mentira que hay...Eso le dije a mi esposa y a mis dos hijos ─dijo mientras era esposado por Walsh ─ pero no importo. Esas cosas salieron de la nada y la única razón por la que yo escape, fue porque estaban ocupados comiéndose a mi familia.

Baje la mirada al suelo, removiendo con la punta de mi bota la tierra del suelo.

La única razón por la que yo escape es porque estaban bastante ocupados comiéndose a mis abuelos . . .





















Yo parecía niña en juguetería con los ejercicios de matemáticas que me había dejado la señora Grimes. La verdad es que eran fáciles porque eran de un libro de tercer año, pero me entretuve por unos cinco buenos minutos...mucho antes que Sophia y Carl.

─ Acabe ─anuncié, y luego miré a la mujer Grimes ─ ¿Hay más?

─ ¿Cómo lo hiciste? ─inquirió Soph, muy frustrada porque no le salía la tarea que su madre le había dejado.

─ Es fácil la verdad. ─me encogí de hombros.

─ Esto apenas lo estoy enseñando ─sonrió Lori mientras quitaba el cuaderno de mis manos, para ponerme más ejercicios ─ ¿Dónde aprendiste?

─ Ser nieta de una doctora, de un policía e hija de un militar tiene muchos beneficios; entre ellos, libros de matemática que ni por locura un niño tocaría, pero yo sí ─explique ─. Además, recibí educación en casa, lo que significó no apegarme a las reglas de la escuela ni a temarios según el grado, si no que avanzaba según lo que aprendía y a fin de año daba un examen general y pum, certificados de grado.

─ Que increíble ─soltó Carl, boquiabierto ─, podrías ayudarnos con las tareas.

─ Claro ─accedí. ─ pero solo debo decir que la paciencia no es mi mejor cualidad...

─ ¡Hey, lo siento por asustarlos! ─exclamó Jim, haciendo que nosotros giremos a verlo al árbol donde está atado.

─ Tuviste una insolación, no es tu culpa. ─excusó Lori, restándole importancia.

─ Ahora no tienes miedo, ¿verdad? ─le preguntó Jim a Sophia, haciendo que ella respondiera un "No, señor" ─. Tu madre tiene razón ─habló, dirigiéndose esta vez a Carl ─, el sol me quemo el cerebro, es todo. Y Sam, lo siento por levantarte la voz.

─ No se preocupe. ─dije desde mi asiento, posando mi lápiz en el cuaderno de Carl, para corregir una operación que había hecho mal.

¿En que universo 9 x 9 en 99?

Pero en fin, desde mi asiento aún puedo escuchar la conversación que tienen Jim y Dale, incluso cuando habían bajado la voz para hablar mejor.

─ ¿Sabes porque cavabas? ─preguntó el anciano ─ ¿Nos lo puedes decir?

Jim soltó un suspiro, y luego respondió: ─ Tenía una razón. Pero ahora no la recuerdo. Es con algo que soñé anoche. Estaban tú y tu papá, estaban preocupados ─Jim se dirigió con esto último a Carl ─, es lo único que recuerdo. ¿Te preocupa tu papá?

─ Todavía no volvió. ─respondió Carl, lo que hizo suspirar. Es verdad, el grupo de Rick aún no llega, y espero que esté bien, que todos estén bien, incluso Merle.

─ No tenemos que hablar de eso. ─dijo Lori, tratando de suavizar la situación, evitando que nos asustemos.

─ Tu padre es un oficial de policía ─habló Jim ignorando a Lori ─. Él ayuda a la gente; probablemente encontró a alguien que necesitaba ayuda; ese hombre es muy valiente, no lo conozco mucho, pero se le nota. ─él levanto la cabeza y luego preguntó a Shane ─ ¿No es así?

─ Sí. ─afirmó Walsh.

─ Nada evitará que regrese contigo y con tu madre, te lo prometo.

─ Rick es muy valiente. ─musité, haciendo que ambos Grimes presentes sonrieran ante mi comentario.

─ Bien ─habló Shane tomando la cubeta ─ ¿Quién me ayudará a limpiar los pescados?

─ ¡Nosotros! ─habló Carl y Sophia al mismo tiempo, mientras se paraban de su asiento para seguir a Shane.

─ Sí, ellos. ─dije señalando a ambos niños.

─ ¡Vamos, Mara! ─animó Carl, regresando a tomar mi mano junto con Sophia, que imito su acción, así que me llevaron con ellos a limpiar los pescados; solo deje que ambos me arrastraran.

Dejen de tocarme o pondré una orden de alejamientos contra ellos.

─ ¡Quédense junto a Carol! ─escuchamos decir a la señora Grimes.

─ ¡Sí! ─respondimos Carl y yo al mismo tiempo.





















El sol nos había abandonado, dándole paso a la luna. Yo recibí mi plato de comida y me fui a sentar junto a Carl y Sophia, porque si me sentaba junto a Glenn, me obligaría a comer todo. En fin, el niño Grimes fue quien hizo espacio para que yo pueda sentarme a gusto.

─ Tengo que preguntarte algo o me volveré loco. ─la voz de Morales hizo que despegara la vista de mi plato.

─ ¿Qué? ─preguntó Dale, sonriendo.

─ Tu reloj. ─señaló el latino.

─ ¿Qué tiene? ─preguntó el mayor con inocencia.

─ Es que... te veo todos los días, a la misma hora dándole la cuerda, como un cura da la misa.

─ Sí, a mí también me llama la atención ─apoyó Jacquie.

─ Sigo sin entender tu punto. ─dijo Dale, aún con una sonrisa en el rostro.

Recuerdo escuchar eso en otro sitio.

─ A menos que haya entendido mal, el mundo ha llegado a su fin ─continuó la morena ─, o al menos estará detenido por un tiempo.

─ Pero todos los días te veo dándole cuerda a ese reloj. ─terminó de decir el latino.

─ Él tiempo es importante para llevar la cuenta ─respondió mientras yo metía un pedazo de pescado a mi boca, hace mucho no comía esto, la última comida buena que tuve fue con aquella pareja que ayude al principio de todo esto. ─ los días al menos. ¿No lo crees, Andrea? apóyame esta vez.

La rubia mencionada solo negó y le dio un trago a su bebida, así que Dale decidió volver a hablar.

─ Me gustó, me gusta lo que un padre le dijo a su hijo cuando le entregó su reloj, uno que paso de generación en generación. Le dijo "Te doy el mausoleo de toda esperanza y deseo que te servirá para lo que necesites, al igual que me sirvió a mi y a mi padre antes que a mi. Te lo doy a ti, no para que recuerdes el tiempo, si no para que consigas olvidarlo, de vez en cuando un momento, y no malgaste todo tu aliento intentando conquistarlo"

Creo que escuche esto en otro lado...

─ Dale es tan extraño. ─soltó Amy de pronto, y todos reímos.

─ Y muy sabio. ─dije.

─ Vaya, Dale, tienes una pequeña admiradora ─habló Morales entre risas.

El anciano soltó una carcajada: ─ No fui yo, fue William. William Faulkner. Tal vez lo recite mal.

─ De hecho, creo que lo hiciste bien, ya lo recordé, "El reloj y el tiempo" de William Faulkner. ─recité.

─ Parece que tienes entre diez y ochenta años. ─se burlo Sophia, haciendo que todo el grupo vuelva a reír.

─ ¿A donde vas? ─la voz de Andrea nos hizo girar a todos.

─ Debo ir al baño ─escuche decir a Amy, quien ya se había levantado ─ Dios, quería ser discreta. ─rodó los ojos antes de irse.

Y otra vez, el campamento se llenó de risas. Era un momento muy ameno. Teníamos comida, las personas reían, y no parecía que hubieran amenazas cerca.

Pasaron unos minutos, y de pronto, un grito nos hizo sobresaltar.

Vaya, hable demasiado pronto...

Gire la vista y vi una escena desgarradora. 

Amy estaba siendo atacada por un caminante. Corrección: no solo uno, varios de ellos empezaban a salir de todas direcciones.

─ ¡Mamá! ─escuche gritar a Carl.

─ ¡Carl, Sam, vengan! ─llamó Lori, y ambos corrimos, bueno...en el ajetreo me separe de Carl.

Así que desde mi sitio, tomé mi pistola y apunté a todos lados. No me quedaban muchas balas, así que quería esperar a que se acerquen para poder disparar. 

Aunque mi mano temblaba. Gritos y descontrol por todos lados, y yo solo congelada en mi sitio, mientras seguía apuntando, incluso cuando mis manos parecían no reaccionar. No podía apretar el gatillo.

─ ¡Vamos, estén cerca! ─escuche la voz de Shane, y de pronto sentí su brazo tirar de mi, para así hacerme quedar detrás de él. De inmediato, la señora Grimes apareció, colocandome detrás de ella, junto a Carl. Él hombre Walsh, con su escopeta, intentaba librarse de los caminantes mientras retrocediamos ─ ¡A la camioneta, ahora!

─ ¡Shane, Shane! ─grito la señora Grimes, muy desesperada cuando varios caminantes se acercaron a nosotros.

Más disparos se escucharon; busque por todos lados y solo me detuve cuando vi al señor Grimes y su grupo llegar, empezando a disparar a los errantes presentes.

─ ¡Lori, Carl, Sam! ─escuche gritar al señor Grimes, y de inmediato, Carl corrió a brazos de su padre, con lágrimas corriendo por sus mejillas.

Yo seguí congelada en mi sitio, con mi arma en la mano, sin disparar. Solo me limitaba a apuntar. Lo único que yo podía hacer era ver cómo Andrea lloraba aferrándose al cuerpo de su hermana; no podía hacer nada más; tampoco mi vista podía apartarse de aquella escena.

Estaba tan congelada, pero solo pude volver en sí cuando alguien llegó y me alzó en brazos.

─ Esta bien ─mascullo Gleen mientras me cargaba. ─ Esta bien.

Ni siquiera me atreví a apartarme de él, incluso cuando me alzó. Las lágrimas brotaban como cataratas de mis ojos al escuchar los gritos de lamento de Andrea por la pérdida de su hermana menor.

Una estrella en el cielo.





















Samara, cinco años.

Emily Potter había tenido que salir para una emergencia en el hospital, así que no había podido llevar a su nieta con ella. Para este momento, la niña debe estar muriéndose de hambre; aún era muy pequeña para hacerse algo por su cuenta en la cocina, además, que sería muy peligroso.

Su marido aún debe estar trabajando; regresa todos los días a las cinco de la tarde, apenas eran las tres. Así que abrió rápidamente la puerta de su casa, y apenas dio un paso dentro, frunció el ceño, mirando extrañada a todos lados, preguntándose donde estaba su nieta.

Sam era de las niñas que te recibía con mucho amor, dando brinquitos, sonriendo; te daba besos en las mejillas y te apachurraba en un gran abrazo.

Esta vez no fue así.

Así que subió a la segunda planta; quizá la niña había ido a ver televisión ahí; era más cómodo. Sin embargo, cuando apenas subió un par de escalones, se alargó al escuchar llantos y quejidos. Aceleró su paso y entré alterada a aquella habitación.

─ Richard, sal de aquí ─ordenó viendo como Sam lagrimeaba mientras se sobaba en brazo ─ ¡Richard!

La cara de marido era de sorpresa, y la de ella era de asco e indignación pura.

Su marido se abrochó el pantalón y salió de ahí, empujandola hacia un lado. La mujer Potter corrió hacia la pequeña, quien tenía en varias partes de su cuerpo golpes que comenzaban a hincharse. El más notorio de estos, en su abdomen.
















































▬▬ 𝗟𝗨𝗖𝗬'𝗦 𝗦𝗣𝗔𝗖𝗘 🐝

My baby, my baby...

palabras; 3574
▬ With love, Lucy Rhee


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