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𝟬𝟬𝟴 | rick grimes

008. ┊໒ ⸼ 𝗖𝗛𝗔𝗣𝗧𝗘𝗥 𝗘𝗜𝗚𝗛𝗧──

── 𝖱𝗂𝖼𝗄 𝖦𝗋𝗂𝗆𝖾𝗌 •˖* 📼 ☄️

(recuerden, voten y comenten. <3)

Sophia estaba renegando desde ya hace una media hora, ya que intentaba hacerme trencitas, las cuales no le convencían como quedaba, así que las desataba y volvía a empezar. Así una y otra vez.

─ Esto es complicado. ─dijo desatando la trenza número...¿mil?

─ Y espera a que venga Andrés. ─solté viendo como los adultos ya regresaban con un poco más de combustible.

Pero como ya es costumbre, no será suficiente. Aunque todos tengan un buen ánimo, está más que claro que esto apenas nos durará un par de kilómetros y estaremos varados, como ahora, solo esperando a conseguir más combustible. Supongo que es parte de nuestra vida ahora: buscar recursos, que se acaben y luego buscar más.

─ ¿Quién es Andrés? ─inquirió Carl, sentado junto a nosotras.

─ El que viene cada mes apuñalarte en el vientre ─expliqué peinando mi cabello con mis deditos.

─ ¿Me vendrá a apuñalar todos los meses? ─preguntó inocentemente, causándome un poco de gracia y más porque él no entendía nada de nada.

Antes que yo pueda explicarle que es algo que solo le pasa a las niñas, la señora Grimes nos llamó, así que me uní a Carol, a su hija y a Carl y fui hasta los asientos de atrás del auto del señor Grimes, quien apenas estuvimos acomodados, pisó el acelerador y nos pusimos en marcha.

─ Estaba recordando nuestro viaje al Gran Cañón con Carl. ─sonrió la señora Grimes, recordando con una sonrisa en el rostro aquel viaje; esto, a su vez, también hizo que Rick riera con nostalgia.

─ Yo no lo recuerdo. ─dijo Carl, frunciendo el ceño, pues parecía que todo lo que decía su madre era algo nuevo para él.

─ No, claro que no. ─negó Lori divertida.

─ Porque tenías el cerebro del tamaño de una semilla. ─solté, dejando palmaditas divertidas en la cabeza de Carl.

Es lo mejor que obtendrá de mi.

─ Eso es cierto. ─apoyó la señora Grimes, con una sonrisa muy burlona en rostro.

─ ¡Mamá! ─regaño Carl escandalizado.

─ Es verdad, porque eras un bebe ─explicó Lori mientras todos reíamos, aunque lo mío más eran risas de burla por la expresión que había puesto Carl ─. Además, solo llegamos hasta Fort Worth.

─ Nunca pensé que un bebe pudiera vomitar así. ─se burló Rick, causando gracia a todos menos a su hijo.

─ Puaj. ─Carl hizo una muequita.

─ Si, puaj ─Lori siguió riendo ─, y el doctor de Texas dijo que estarías bien, así que dimos media vuelta y volvimos a casa. Ese fue un gran viaje.

─ El mejor. ─dijo Rick con sarcasmo.

─ ¿Podemos ir? ─preguntó Carl a sus padres, con los ojos brillosos de felicidad, muy emocionado por la sola idea de aquel viaje.

─ Sí, yo también quiero ─chilló Sophia ─. ¿Podemos?

─ Claro que podemos, no iríamos sin ti ni tu mamá ─contestó Rick en un tono muy amable ─ Y tampoco sin Sam, eso se los prometo.

Yo sonreí ante la promesa de Rick, aunque obviamente nunca iremos porque ajá, el mundo colapso, pero la intención es lo que cuenta.

─ ¿Mara, cuál ha sido tu mejor viaje? ─preguntó Carl.

Yo hice una muequita, mientras pensaba en cuál había sido mi mejor viaje. Aunque no era muy difícil recordarlo, no es que yo hubiera viajado mucho en mi vida. De hecho, el único viaje que hice no tenía como propósito ser divertido; de hecho, era triste.

─ Fui a Seattle...pero no fue exactamente un paseo ─respondí ─ pero fue...bonito.

─ ¿Por qué? ─inquirió Lori, girando un poco su cabeza desde el asiento del copiloto para poder verme.

─ Para la ceremonia de mi papá. ─mentí... aunque nos es totalmente mentira, ya que sí fue su ceremonia... pero de defunción. La verdad, no sé cómo se llama, pero subieron la bandera del país y le rindieron honores.

Al ser general hicieron un servicio en la base del ejercito.

─ Debió ser un gran viaje ─aseguró Lori sonriendo, y yo correspondí, para luego apoyar mi cabeza en la ventana del auto, para ir viendo el paisaje mientras mis ojos se empañaban, pero me las arreglaba para que no me vieran.

A veces pienso en ti, y duele.

Hubiera deseado tenerte por más tiempo, papá.





















Como dije antes, no logramos avanzar mucho más, pues la caravana de Dale se detuvo de la nada en medio del camino. Aunque, como bofetada para mi mala actitud, fue que esa caravana volvió a andar, así que los demás lo hicimos con ella, esquivando los autos que había en carretera.

Un tiempo después, dándole un punto a mi mala actitud, tuvimos que detenernos porque una gran nube de humo comenzó a salir del capot de la caravana.

─ Se los dije, se murió. ─reiteró el anciano cuando llegamos a su lado, poniendo sus manos en su cintura, mirando con un poco de tristeza su vehículo.

─ ¿Pasa algo, Dale? ─preguntó Rick. 

¿Acaso no ve que el capot esta a punto de explotar?

─ Solo el pequeñísimo problema de estar atrapado en medio de la nada sin esperanzas ─contestó el mayor con simpleza ─. Bueno, eso fue estúpido.

Daryl empezó a buscar cosas en un auto, y luego habló: ─ Bueno, si no encuentras la manguera del radiador, aquí encontrarás muchas más cosas.

─ Y podemos sacar combustible de estos autos. ─sugirió T-dog, señalando los vehículos que había a nuestros lados.

Era verdad, a nuestro alrededor hay miles de autos abandonados, podríamos encontrar uno que sirviera, así Carl no podría aprovecharse de mi y aplastarme contra la ventana con la excusa de "no hay espacio"

─ Y quizá encontremos algo de agua y comida. ─habló Grimes.

─ Eso es un cementerio. ─señaló Lori.

─ Todo el mundo es un cementerio ─apoyé, ladeando mi cabeza.

─ ¡Bueno, vamos, busquen por ahí y junten lo que puedan! ─ordenó T-dog, yéndose a buscar cosas.

Me puse a caminar detrás de Carol y Lori, que revisaban los autos. No tenía nada mejor que hacer, y más porque sé que no me dejarían ir muy lejos a mí sola.

─ No miren. ─pidió la mayor Peletier, desviando nuestra vista de aquel auto.

─ Niños, manténgase cerca ¿Sí? ─pidió esta vez Lori, y los tres asentimos.

Carol y Lori se pusieron a rebuscar otro auto, ya que dijeron que necesitaríamos ropa y demás, pues los niños a esta edad crecen demasiado, pero yo solo pienso cambiarme si consigo otro overol. De otra forma, usaré este hasta que ya no pueda.

Pero bueno, ya que nos permitieron alejarnos un poco, seguimos avanzando. Sophia y yo nos pusimos a rebuscar una cajita de colores que encontramos en la parte trasera de una camioneta.

─ Esto lo vomito un unicornio. ─señaló la niña Peletier.

─ Es verdad, ¿quién usaría esto? ─pregunté sacando unos listones de pelo que tenían una sobrecarga de brillantina.

─ Se te vería bonito. ─soltó Carl y luego se puso rojo.

─ Esos no, pero estos si ─Soph sacó otros listones, pero estos eran rojos con un ligero brillo ─. Ven aquí.

Ella tiró de mi brazo y me hizo sentar, para empezar con su trabajo.

─ Oh no, otra vez no. ─murmuré.

Pero ella no me hizo caso; empezó a hacerme dos trencitas, dejando algunos mechones sueltos delante, porque decía que así se me veía mejor. Una vez estuvo algo satisfecha de lo que hizo, comenzó a atar con sumo cuidado ambos listones en las puntas de cada trenza.

─ ¿Anne with an e? ─preguntó ella, sonriendo en mi dirección.

─ Bueno, ella y yo tenemos mucho en común ─dije, comenzando a acordarme de la pelirroja protagonista de aquel libro ─. Pecas, cabello pelirrojo, dos trenzas, ambas somos huérfanas y a las dos nos gusta Gilbert Blythe.

─ ¿Quién es Gilbert Blythe? ─preguntó Carl, frunciendo el ceño.

─ Mi novio ─dijimos ambas a la vez, para luego girarnos a vernos y soltar carcajadas.

Yo estaba riendo mientras caminaba por los alrededores, tratando de buscar a Glenn o alguien, pues me aburro rápido; además, Sophia y Carl habían comenzado a discutir sobre quién es mi persona favorita. Sin embargo, ellos siempre estarían errados, porque nunca se les pasaría por la cabeza que mi persona favorita ya está muerta y enterrada.

─ ¿Qué haces?

─ Estoy aburrida.

─ ¿Tengo cara de juguete o algo así? ─inquirió Daryl de mala gana.

─ Tienes cara de anciano cascarrabias. ─complete, mientras seguía caminando, buscando una mejor persona para poder pasar el tiempo.

Coloqué mis manos en la cintura, comenzando a ver a todos lados; creo que ahora me vendría bien estar con Glenn; él me entiende, tenemos muchas cosas en común, y puedo conversar de cualquier cosa con aquel chico. Sin embargo, cuando me planteé alejarme de ahí, cuando vi Rhee ahí a lo lejos, sentí como alguien me tomó de brazo, usando mucha fuerza. Me obligó a girar y ahí pude ver como era Daryl Dixon.

─ Crei que no me ibas a entretener.

─ Y no lo haré.

─ ¿Y porque me tocas?

─ Porque no sé tu nombre y decirte lagarto pelirrojo al parecer causa traumas.

─ ¿Te importan mis traumas?

Él rodó los ojos mientras llevaba su mano hacia atrás, tratando de tomar algo que tenía en su mochila. Segundos después, me ofreció (me lanzó) una especie de palitos.

─ ¿Me usarás para cargar tus cosas?

─ Enrosca cosas aquí ─puso los palitos en mis manos, y encima colocó también puntas de flecha, que tenían pequeñas líneas en forma de espiral que supongo van unidas a esos palitos ─, con estas cosas de aquí.

─ Entendido.

─ Pero lejos de mí, lagarto pelirrojo.

─ Sam, me puedes decir Sam.

─ A mí me gustaría que me llamaran Dios, pero no todo se puede en esta vida.

Me alejé de ahí y me fuí a sentar en el suelo, justo al lado de donde se encontraba Shane, que estaba bajando unas cajas de agua de un camión. Ordené los palitos en un lado y las puntas en otro, una vez tuve todo listo, comencé a armar las flechas.

─ ¿Agua?

─ No, gracias. ─respondí.

─ ¿No quieres que rellene la botella de tu mochila? ─inquirió y yo asentí, así que lo vi acercarse y tomar la botella que estaba al lado; la comenzó a rellenar, así que yo volví a mi trabajo, que se resumía en tomar un palito y enroscar las puntas de las flechas.

Así una y otra vez.

En un punto, ya había terminado con mi trabajo. Tomé todas las flechas ya armadas y me levante, con cuidado de no cortarme la cara, aunque de todas formas me lastime; era un pequeño corte en la mejilla, pero nada grave, apenas le salía una gotita de sangre. Mire a ver donde estaba Daryl, para así llevarle todo esto, pero antes que pueda dar al menos cinco pasos, escuche la voz del señor Grimes:

─ Todos abajo, ¡Ahora! ─advirtió el Grimes.

Y miré en la dirección en la que Rick venía, quedando congelada cuando vi como una horda de caminantes se acercaba.

De pronto, sentí como alguien me tiró un zape en el brazo. Era Walsh, quien sujetó mi brazo y tiró de mí, haciendo que todas las flechas que tenía en manos se cayeran. Sin embargo, le agradezco, porque yo no sabía que hacer. Él me empujo hacia el suelo, obligandome a entrar al auto, así que me deslice, y luego lo vi hacer lo mismo, colocándose a mi lado.

Miles de caminantes comenzaban a venir en nuestra dirección, y en poco tiempo, empezaron a pasar por mi lado. Lograba ver cómo esas piernas de muerto estaban muy cerca de mí.

Carl, desde su auto (uno que estaba frente al mío), puso su dedito índice en su boca, indicándome que no haga ruido. Lo vi hacer lo mismo en dirección a Sophia, que estaba un auto adelante. De todas formas, no estaba lejos de nosotros.

No paraban de pasar los caminantes. Parecía que era una marcha sin fin.

Los gruñidos y rasguños de esos seres que buscan matarnos me ponían muy nerviosa, y las caras que hacían Carl y Sophia no ayudaban, así que giré a ver a Shane, quien colocó una de sus manos sobre mi cabeza y una en mi boca, evitando así que haga algún tipo de ruido. Fruncí el ceño, pero no protesté.

Esperamos un rato, al menos hasta que dejamos de escuchar caminantes. En ese momento, coloqué mis manitas en el brazo de Shane y la aparté de mi boca, murmurando una "gracias". En ese momento giré a ver a Carl, quien me sonrió, pues habíamos sobrevivido a esta horda.

Sin embargo, toda esta felicidad no dura mucho. Escuche un grito de parte de Sophia, y junto a ello, varias sollozos de la misma.

Un caminante estaba intentado atraparla.

Hice varias señas con mi mano, intenté que ella me viera y se calmara, pero Sophia no me hacía caso, y puedo entender por qué. Me daba miedo; no quería que ella muera, y menos frente a mí; es mi única amiga. Así que intenté ir detrás de ella, pero Shane me sujetó fuertemente del brazo, evitando que salga.

Yo en ese instante me encontraba con muchas ganas de ayudar a Sophia, así que no medí lo que hice y le tiré una patada a Shane... solo que no calcule que fue en su rostro. Al menos me soltó, aunque ahora le sangra la nariz, ¡pero eso no es lo importante ahora!

Corrí en dirección a Sophia, y vi como dos caminantes estaban cerca de nosotras. La vi sentarse en la pequeña bajada del bosque, y ahí comenzó a delizarse para huir de los caminantes, así que repetí su acción. No la iba a dejar sola, eso hacen los amigos, ¿verdad?

No podía disparar, porque eso significaba poner en riesgo a todo el grupo, así que volví a guardar mi arma, mientras escuchaba como Shane gritó mi nombre. La verdad, no sé si lo hizo porque me quiere matar por golpearlo, o porque intentó ayudarme.

─ ¡Sophia! ─llamé, llegando a su lado y corriendo junto a ella, con los dos caminantes detrás de nosotras.

Después de unos minutos, ella tropezó y me acerqué para ayudarla. Le ofrecí mi mano para que se levantara, y le dije que volvamos a correr un poco más, pero cuando intentamos salir de ahí, dos brazos nos detuvieron.

Los del señor Rick.

─ ¿Están bien? ─preguntó, mirándonos a ambas.

─ ¡Dispárales! ─exclamó Sophia muy nerviosa y asustada, queriendo tomar el arma de Rick, pero este la detuvo.

─ No, no ─negó Grimes ─. Los caminantes en la carretera nos oirían, y no serían dos, serían miles. Sam ─giro a verme ─, cargaré a Sophia, tú sígueme.

Yo asentí repetidas veces, y esperé hasta que Rick tuviera a Sophia en brazos y comenzara a correr; en ese momento yo lo hice, moviendo mis pies lo más rápido que este cuerpo flacucho me lo permitía. Me estaba cansando, pero pude tomarme unos segundos para recuperar la respiración cuando el señor Grimes se detuvo en un lago.

─ Niñas, tienen que hacer lo que yo diga ─se dirigió a nosotras ─. Escóndanse ahí, bien adentro. ─señaló una pequeña cuevita formada por entre el lago y varias raíces salientes de un viejo árbol ─. Yo los alejaré.

─ No, no nos deje. ─pidió Sophia entre sollozos.

─ Soph, estaremos bien, me quedaré contigo. ─aseguré, y aunque no lo sabía confiaba en Rick.

─ Escúchala, deben quedarse aquí ─ordenó Rick, dirigiéndose más a la menor Peletier ─. Ellos no se cansan, yo sí. Solo puedo pelear con uno a la vez. No podría protegerlas. Solo así viviremos todos, ¿sí?

Sophia finalmente asintió, aunque no muy convencida. No teníamos otra opción, así que al final, nos metimos al pequeño hueco.

─ Si no regreso, vuelvan a la carretera. Mantengan el sol sobre su hombro izquierdo. ─nos dio recomendaciones, antes de empezar a llamar la atención de los dos caminantes que nos seguían.

Vimos como los caminantes se fueron alejando, y luego ya no vimos a Rick. Así que solo nos quedaba esperar... aunque poco a poco se iba haciendo tarde y no veíamos señales de él, y aunque yo no estaba angustiada, ella sí.

─ Debemos irnos. ─me dijo Sophia.

─ No, esperemos un rato más al señor Grimes. ─dije.

Nos podemos perder y la luz del sol está desapareciendo cada vez más, prefiero quedarme aquí y esperar a que el señor Grimes regrese por nosotras. Él no nos dejaría. El resto del grupo no nos dejaría, y aunque yo no tenga familiares de sangre ahí, Carol vendría por su hija.

─ Sam...

─ Nos podemos perder, Sophia.

Ella seguía asustada, y no sé cuanto tiempo más puedo seguirla calmando. Espero que el señor Grimes venga pronto. Muy pronto.





















narrador omnisciente . . .

Luego de un tiempo (mucho tiempo), Rick había logrado vencer a los dos caminantes, así que regresó a buscar a las niñas a aquel lago donde las dejó; sin embargo, no las encontró. Buscó a los alrededores; no quería imaginarse lo peor, pero al no ver rastro de ellas, regresó a toda prisa a la carretera, donde se encontraba el resto.

─ ¿Dónde están las niñas? ─preguntó mientras apoya sus manos en sus piernas, tratando de recuperar el aliento.

Nadie le respondió. Aunque escuchó a Carol comenzar a llorar desconsoladamente, le dió una respuesta, así que se levantó y miró a todos, aunque creyendo que le estaban jugando una broma.

─ ¿Ellas no volvieron? ─inquirió, esta vez más preocupado.

Los gritos de Peletier solo se intensificaron más, y los presentes comenzaron a mirar a todos lados, como si de algún lugar del bosque ambas niñas salieran, pero no fue así. Rick en ese momento negó varias veces, pasando sus manos por su cabello.

Lori Grimes por otro lado, estaba calmando a su hijo, que también había empezado a llorar desconsoladamente.

[...]


Sobra decir que Rick estaba preocupado por ambas niñas, así que no había parado de buscarlas, solo que esta vez estaba junto a Daryl Dixon, quien estaba rastreando las huellas que ambas habían dejado por el camino, sin embargo, estas siempre se desvanecían en alguna parte, dejandolas en nada.

─ La pelirroja sabe defenderse. ─opinó Daryl ─. Aunque si aún no disparo, no confio en que usara su cuchillo; ¿acaso tenía uno?

Rick no dijo nada; siguió buscando a las niñas. Tenía la esperanza de que Sam sabía sobrevivir; ya había estado sola un tiempo antes que la encontrara; sin embargo, sabía el corazón que ella tenía, probablemente se preocupara más por Sophia que por sí misma. Así era Sam.

Unas horas pasaron, y era momento de regresar al improvisado campamento que habían hecho en carretera. El hombre Grimes estaba pensando cómo le diría a Carol que no encontró a su hija, o cómo le diría a su hijo y esposa que no logró encontrar a Sam.

¿Cómo les diría a todos que no pudo proteger a las niñas?

Estaba consciente de que su hijo se había encariñado mucho con la pequeña Potter, y no era para menos. La niña sin intentarlo se metía en el corazón de las personas y, aunque lo intentó, no salía de ahí. Lo cual era raro cuando te ponías a pensar en la infancia que tuvo y por qué no le gustan ciertas cosas. Sigue siendo amable, divertida... Sigue siendo Samara Potter.

─ No las encontraron ─dedujo Carol, al no ver a ninguna de las niñas viniendo con ellos. Y de inmediato llevó su mano a la boca, rompiendo en llanto.

─ Les perdimos el rastro, pero las encontraremos pronto. ─aseguró Grimes.

Pero eso no bastaba: Carol sentía un gran vacío y dolor ante la ausencia de su hija, y ante la terrible idea de que tal vez nunca más la vea... al menos no con vida.

─ Las encontraremos por la mañana. ─dijo Rick.

─ ¡No pueden dejar a mi hija sola de noche, no pueden dejar a ninguna de las dos sola en el bosque! ─exclamó la mujer Peletier.

─ Es inútil buscar a ciegas; solo caminaríamos en círculo; se perdería más gente. ─explicó Daryl.

─ No pueden estar ahí solas, ¿no encontraron nada? ─preguntó Carol, y Rick se acercó más a ella.

─ Sé que es difícil, pero no entren en pánico. Debemos organizarnos. Daryl conoce el bosque mejor que nadie; le encargue esto ─informó Rick.

Pero Carol se dio cuenta de algo, la sangre en las manos y la ballesta de Daryl.

─ ¿Eso es sangre?

─ Si, matamos a un caminante ─le respondió Grimes ─, pero no había señales de que estuvo cerca de las niñas. ─Rick intentó tranquilizar a Carol, pero era inútil.

El horrible sentimiento de una madre ante la pérdida de su hija.

Y por otro lado...estaba Carl, que lloraba en los brazos de su madre. Estaba practicamente destrozado, como si Samara fuera su esposa, y ya llevan muchos años de casados, dos hijos y un perro.

─ Las encontrarán, tu padre lo hará, pronto Sophia y Sam regresarán. ─aseguró Lori, pero ni ella estaba del todo segura, pues apenas eran unas niñas pequeñas, solas en el bosque. No tenían muchas posibilidades.

Carl no podía soportar la idea de perder a la pequeña y linda niña que llego al campamento aquel día con su padre.





















Ya era de noche, y estoy casi segura de que nos perdimos. Ustedes saben, detallitos.

─ Podemos pasar la noche ahí. ─señale a aquella iglesia, por la cual parecía que el apocalipsis no había pasado. Estaba intacta, incluso las flores de su jardín. Tal vez tenía una especie de protección divina, yo que sé, pero es un buen lugar para pasar la noche.

Ambas entramos a la iglesia, encontrándonos cara a cara con aquella estatua del señor crucificado. De inmediato pensé en lo aterrador que sería pasar la noche aquí, pero más opciones no teníamos. Oh bueno, debe de haber algo cerca si hay una iglesia.

─ ¿Qué pasa? ─pregunta Sophia.

─ Hay muchas ventanas, y no sé si tenga suficientes ojos para vigilar todas.

─ Y es aterrador.

─ Muy.

Aun era de día, pero estamos cansadas. Nos sentamos en las bancas de la iglesia para descansar un poco, no hablamos ni nada; supongo que estabamos muy tristes, preocupadas y cansadas para mantener una conversación. No sé qué pasó en la cabeza de Sophia, pero yo me preguntaba porque hace rato no apuñalé a esos dos caminantes en el cráneo, o porque no le di mi cuchillo al señor Grimes para que lo hiciera.

Quizá estaba muy asustada, o era la adrenalina del momento. De todas formas, yo no alcanzo a las cabezas de los caminantes; soy muy chiquita aún.

Si le pasa algo a Sophia, será mi culpa.

Sí, también me digo eso. Incluso cuando ella es mayor que yo por casi dos años, siento que debo protegerla.

─ Sam ─ella me llamó ─, ¿crees que los volvamos a ver?

─ Sí ─aseguré, pero no estaba muy convencida de ello, pues otra vez mis pensamientos negativos invadían mi mente ─. Tenemos tiempo de buscar algo más o quedarnos aquí, ¿nos arriesgamos?

Ella negó, así que yo estuve de acuerdo.

─ Duerme un poco y yo vigilo, ¿sí? ─pregunté y ella negó.

─ Tú nos trajiste aquí, yo vigilo.

─ Sophia, sin ofender, pero no sabes ni sostener un cuchillo.

─ Pero me puedes enseñar. ─se encogió de hombros.

─ Lo haré ─sonreí ─ pero hoy no, hoy tu dormirás y yo espantaré a todo aquel que quiera dañarte.

Ella se acostó en una de las bancas, y no supe cuando se quedó dormida.

Y ahora mismo maldigo haberla dejado dormir. No me mal interpreten, necesita descansar, pero cuando todo está en silencio, recuerdo cosas malas, y eso me aterra.

Así que hice lo mejor que sé hacer, dibujar. Con un pequeño marcador que encontré tirado por ahí, hice algunos dibujos por debajo de la zona de la cruz, y también agregué unas pequeñas líneas:

Dios, no dejes que me convierta en un mounstro.




















Logré quedarme despierta durante toda la noche. A la mañana siguiente no sé si era porque estaba con mucha adrenalina, o qué, pero aún no tenía sueño. Así que apenas Sophia se despertó, pedí seguir con nuestro camino. Luego de mucho caminar, terminamos llegando a un pequeño pueblo, y como mis piernas apenas funcionaban, decidí que entraron a aquella casa. Nos metimos por la ventana y luego la cerré.

Sophia dijo que no había pasado bien la noche porque durmió en una banca de madera, así que al ver que este lugar parecía ser más seguro, me acomode en un sofá individual y mirando las ventanas me quedé ahí. Mis piernas deben recuperarse; luego ya podré dormir. Supongo que no lo hago porque tengo que proteger a Sophia.

Pero al final de cuentas, soy una niña. No necesito proteger, necesito que me protegan. Sin embargo, no soy así, yo tengo aquella necesidad de proteger.

Suspire, mirando por una de las ventanas, si mis cálculos no me fallan, falta poco más de una hora para que amanezca.

¿Cuál es el plan? No lo sé, pero algo se nos va a ocurrir, pero debo imaginar cosas buenas. Así que estuve ahí por un par de horas. Solo mirando cómo una mariquita estaba volando al rededor de una maceta que estaba junto a la ventana.

─ S-Sam ─la voz de Sophia llamó mi atención.

Giré en mis talones, y quedé perpleja al ver cómo un caminante se acercaba lentamente a la rubia.

¿Cómo no lo vi antes?

Mejor pregunta

¿Cómo no apareció antes? ¿O como no lo escuché antes?

Con un movimiento de manos, hice que Sophia con sumo cuidado se acercara a mí.

─ No puedo disparar ─susurre sacando mi cuchillo ─. Ve al segundo piso ─ordené, pero ella no se movía ─. A las escaleras, ahora.

No volveré a dejar un caminante libre; el mundo se pertenece a los humanos, ¿verdad? Así que debemos tomar lo que es nuestro, o es lo que me digo para agarrar valor. El caminante se beía débil; probablemente no comía hace mucho tiempo, y no pienso ser su cena. Sin embargo, me encuentro en el mismo problema de siempre: no soy lo suficientemente alta.

Tomé una bocanada de aire y corrí un poco, impulsándome hasta subir al sofá, y luego con todas mis fuerzas di un último salto en dirección al caminante, empuñando mi cuchillo en su cráneo.

Y al igual que aquel día en el campamento, mi ropa se llena de salpicaduras de sangre. Torpemente me levanté, y vi como Sophia bajaba las escaleras hasta llegar a mí.

─ Enséñame eso, pero es increíble. ─soltó Sophia al ver lo que hice.

─ Te enseñaré, pero aquí ya no es seguro. ─dije girando para que mi mochila quedara enfrente de ella ─. Abre y saca los dulces; debemos brindar que sobrevivimos 12 horas solas.

─ ¿Se los robaste a Carl? ─preguntó, rebuscando en mi mochila.

─ Solo los M&M, lo demás lo encontré yo.

Empezamos a salir de la casa, y la verdad, ya no sé qué hacer, no tengo ideas. Podríamos encerrarnos en alguna otra casa de este pueblo.

─ ¿Tienes algún plan?

─ Noup. ─respondí tomando su mano.

─ ¿Algún destino en especifico?

─ Disney.

─ Me encanta ese plan.

Ella apoyó su cabeza en mi hombro a medida que caminábamos por las calles del pueblo buscando un mejor lugar. Esta era una travesía que unas niñas de diez y doce años deben enfrentar solas... y no es por ser pesimista, pero nuestras probabilidades de sobrevivir son muy bajas. Al menos ya lo hicimos por un tiempo, pero no sé por cuanto más.

Soph no sabe usar arma alguna, y yo soy muy distraída, pero quiero aprender a protegerme y proteger a los demás; solo así podré ayudar al mundo de alguna forma... ayudar a las personas.

Estoy casi segura que Rick Grimes me puede enseñar a eso, y también sé que debo regresar a su lado para poder aprender.

Así que prometo que regresare. Me prometo a mí misma que lo haré.

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