𝟬𝟭𝟱 | not asma
015. ┊໒ ⸼ 𝗖𝗛𝗔𝗣𝗧𝗘𝗥 𝗙𝗜𝗙𝗧𝗘𝗘𝗡 ──
── 𝗇𝗈𝗍 𝖺𝗌𝗆𝖺 •˖* 📼 ☄️
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QUERIDO DIARIO;
En verdad, adoro demasiado que no tenga más ataques de asma; en verdad, no sabes lo feliz que estoy.
Además, encontramos a Sophia, mi mejor amiga, una rubia de la que empezaré a escribir aquí. Pero eso no es todo lo que está ocurriendo en mi vida; también están las hermanas Greene, la señora Grimes, Dale, Rick, está Glenn, incluso Daryl. No sé qué haría sin ellos.
Shane-Voldemort estuvo comportandosé muy raro con todos, y, empiezo a creer que el collar que me dio, ya sabes, aquel con el numero 22, es por el cumpleaños de aquel "John Walsh", que ya debe estar enterrado tres metros bajo tierra, o tal vez sea un caminante más.
Hasta aquí mi reporte.
Pdta: ¡No se habla de Carl aquí!
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─ ¿A donde nos llevas? ─Sophia fue la primera en preguntar, mientras tiraba de las manos de Carl y de ella, más bien de sus mangas... Bueno, el punto es que estabamos camino a los árboles que están detrás de la casa Greene.
─ Pues, ustedes se estuvieron quejando que están aburridos...─empecé a contar, pero la rubia me interrumpió.
─ Oh, ya entiendo. Nos aburrirás, pero afuera. Excelente idea.
─ Y les tengo una sorpresa. ─revelé.
─ ¿Qué sorpresa? ─inquirió Carl.
─ Sí, dinos que es. ─insistió la pequeña Peletier.
─ ¿Acaso nadie aquí recuerda el significado de la palabra sorpresa?
Ambos soltaron un suspiro.
Unos minutos pasaron y por fin los solté.
─ Listo, ahora, cierren los ojos ─pedí.
Carl de inmediato obedeció, caso contrario a Sophia, que "Estaba cerrando los ojos", pero solo los tenía entrecerrados.
─ Soph...
─ Bien ─termino por aceptar.
Una vez que me percaté que ambos tenían los ojos cerrados, me puse a buscar entre mis bolsillos las pulseritas que había terminado hoy temprano, mientras Gleen me peinaba, sí, peinaba.
Lo cual solo termino siendo una coleta floja.
En fin, me acerqué a ellos.
─ ¡Abran sus ojos! ─chillé, removiendo las pulseritas enfrente de sus caras. ─ Las termine hoy temprano.
─ Ow, gracias, está muy linda. ─empezó a hablar Sophia, extendiendo su mano para que se la abroche.
Así que lo hice.
─ Ven, Carl. ─ordené, y él muy sonriente extendió su mano. Pasé la pulsera por su muñeca y luego le hice un nudito ─ listo. ¿Si te gusta?
─ Sí, me gusta. ─respondió, haciéndome sonreír.
Gire en mis talones y luego me deje caer en el césped. Unos segundos pasaron y ellos imitaron mi acción.
─ ¿Creen que logremos sobrevivir? ─preguntó Sophia de pronto, haciéndome pensar en muchas cosas.
─ Sí ─respondió Carl ─. Este lugar es seguro, y nuestros padres nos protegen. Estaremos bien.
Pero al parecer eso no tranquilizó a la rubia.
─ Bueno, y si este lugar sí viene abajo, siempre nos tendremos a nosotros tres. ─aseguré.
─ ¡Pero Sam es mía! ─chillaron ambos al mismo tiempo, sentándose para verse cara a cara.
─ Ella me prefiere a mi. ─aseguró Carl.
─ Ya quisieras, Grimes. ─contraatacó Sophia, sacándole la lengua al niño del sombrero.
Iniciando una pelea de niños pequeños.
Yo me levante con mucho cuidado de no alertarlos, para así poder huir del lugar. Pero el crujir de una ramita que pise me delato.
─ ¿A donde vas? ─preguntó Carl.
─ Eh...─balbucee.
─ ¿Qué?
─ Glenn me llama. ─respondí.
─ Yo no escuche nada. ─contó Sophia.
─ Yo tampoco ─apoyó el menor Grimes.
─ ¿No escuchan los gritos de Glenn? ─mentí, empezando a caminar hacia la casa ─ ¡¿Si Glenn?! ─exclamé ─ ¡Ya voy!, ¿vieron? Él me llama, adiós.
Dije antes de huir del lugar. Y claro, pude ver de reojo como seguían con su mini pelea.
El día de hoy ha sido muy... ¿raro?, bueno, los adultos han estado tratando de alejarnos de la casa. Supongo que es por todos los problemas que han aquejado al grupo. Las mujeres que quedaron en el campamento están intentando que todo esté calmado mientras Rick y Shane están afuera.
Sophia había decidido tomar una siesta, y Carl y yo habíamos terminado haciéndonos compañía cerca de unos árboles.
Estábamos uno frente al otro. Mis piernas estaban cruzadas entre sí, mientras reíamos. ¿Porque? Pues no hay un porque.
─ Tendré un hermano ─dijo, vaya, Carl seguía emocionado ─ ¡Seré un hermano mayor!
─ También puede ser hermana. ─comenté, jugando con sus dedos.
Él asintió repetidas veces, haciéndolo ver más tierno de lo normal. Así que me quedé viéndolo, sumergida en aquellos ojos azules.
Probablemente con los ojos de borrego aplastado.
¿Que me pasa?
─ ¿En que piensas, Mara? ─inquirió.
─ Nada ─contesté de inmediato.
─ Dime ─pidió frunciendo el entrecejo.
─ No.
─ Si.
─ No.
─ No me obligues a usar mis trucos bajo la manga. ─amenazó el niño del sombrero.
─ ¿Llamarle a Taylor Swift y que ella me pida que lo diga? Porque solo eso funcionaria.
─ ¿Quien es Taylor Swift? ─preguntó, haciendo que yo abriera los ojos indignada.
─ Oh Carl ─dije, soltándolo y parándome de un brinco. ─ ¡¿Como no lo vas a saber?! En definitiva no podemos ser amigos. Falta de cultura. ¿Que le enseñan a los niños de ahora?
─ ¿Que? ─preguntó confundido.
─ No, no te conozco.
Gire en mis talones, empezando a caminar. Pero él tomo mi mano, haciéndome girar de un tirón, haciendo que ambos quedemos muy cerca el uno del otro.
─ Bien ─dije muy risueña ─ ¿Cuál es tu arma secreta?
─ Esta ─soltó y yo no entendía.
Bueno, al menos hasta que empezó a atacarme con cosquillas por todo el cuerpo. Haciendo que suelte muchas risillas.
─ ¡Basta! ─pedí entre risas, tratando de escapar de él ─ ¡Bien, bien!
─ ¿Bien qué? ─preguntó, mientras seguía con su trabajo.
─ ¡Ya! ─chille ─ ¡Pensaba en que bonitos eran tus ojos azules! ¿Si?
Apenas dije eso, él dejo de hacerme cosquillas, y una gran sonrisa aparecía en su rostro.
─ ¿Quien eres tu y donde está mi Mara? ─inquirió, haciéndome fruncir el ceño.
─ ¿Mi Mara?
─ Si, mi Mara. Ella inmediatamente luego de decir eso hubiera dicho: "Oh rayos, mi reputación".
─ Primero, no soy "Tú Mara"; segundo, no soy un mounstro sin sentimientos. Tus ojos son bonitos. ─dije, arrepintiéndome de inmediato de lo que dije.
─ Eres muy linda ─soltó, poniéndose totalmente rojo, tan rojo como un tomate.
─ Ahora, cambiando de tema. Te tengo que educar hasta que seas un Swiftie nivel 1000. Solo no digas que no sabes nada de Taylor Swift frente a Sophia, porque si se entera, te mata.
─ Pues, gracias por el consejo.
─ De nada. ─sonreí.
Nunca me gustó el silencio, a decir verdad, pero desde que los muertos regresaron a la vida, fue necesario. Cuando todo está muy calmado, tiendo a pensar en cosas malas.
"Luego de un periodo de calma viene una catástrofe".
El silencio... El silencio me hace recordar cosas que prefiero olvidar. Pero de alguna manera, recordar y volver a revivir los episodios malos de mi vida, me hacen sentir viva.
Es raro.
¿Por qué haría algo que me lastima?
Pues no sé.
Ahora mismo está pasándome eso. Los recuerdos me empezaron a invadir. Me levanté del suelo de inmediato y empecé a sacudir mis manos, en un intento fallido por calmarme.
Y cuando menos lo pensé, ya estaba sumergida en aquel recuerdo.
(...)
Estaba sentada en la mesita que habían puesto mis abuelos hace poco fuera de la casa. Sumergía mi pincel en los botes de pintura, para luego seguir tratando pequeñas líneas curvas, intentando imitar el cuadro de la Noche Estrellada.
Mis abuelos aparecieron de pronto, y yo salté muy sonriente de mi asiento. Ya que hace un rato escuché que un número del ejército llamó a mi casa, mi abuela contestó y luego salió corriendo como un rayo junto a mi abuelo.
Cada vez que llama ese número privado, sé que se trata de mi padre. Nos avisa de sus cosas, o tal vez porque su campaña se atraso y tardará más en llegar. Siempre pasa.
Ser médico en el ejercito no debe ser nada fácil.
─ ¿Papá no vendrá a fin de mes? ─pregunté, y mis dos abuelos compartieron una mirada que yo no entendí. ─ ¿O si vendrá?
─ Sam, linda, ¿Quieres sentarte? ─preguntó mi abuelo, en un tono serio.
─ Claro...─respondí, un tanto confundida por la situación.
─ Cariño, yo...─pero mi abuela no terminó de hablar, ya que lágrimas empezaron a caer por su rostro, obligándola a parar de hablar.
─ ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? ─pregunté.
─ Emily, no estás ayudando. ─habló mi abuelo.
─ L-Lo siento. ─se disculpó ella, sorbiendo la nariz, para luego calmarse un poco.
El silencio reino entre nosotros unos cuantos minutos. Hasta que mi abuelo decidió hablar:
─ Nos llamó el capitán de tu papá ─empezó a contar y yo asentí, dándole a entender que podía seguir hablando. ─ Sam, las cosas se complicaron en el campo.
─ No entiendo ─balbucee.
Mi mente de ocho años no entendía bien lo que pasaba.
─ Sam, atacaron el campamento de tu padre...
Y ahí comprendí, y de inmediato, empecé a llorar.
─ No, no, no, no ─negué repetidas veces ─. Mi papá no. Él me p-prometió, él lo hizo, el dijo que volvería.
─ Sam...─balbuceo mi abuela entre llantos.
De un momento al otro, empecé a hiperventilar: me empezaba a faltar el aire. Pero no se sentía normal.
Claro, eso nunca es normal.
Pero esta vez es diferente. No me sentí como un ataque de asma, ya que este último se me había quitado hace muchos años.
Me sentía terrible; el simple hecho de no volver a ver a mi padre me quemaba por dentro. Escuchaba a mis abuelos llamarme, pidiéndome cosas que no me molestaban en escuchar.
Mi cuerpo, mi mente y mi corazón estaban intentando procesar todo. Todo el dolor, combinado con los recuerdos de mi padre...y de pronto, sentí todo desvanecerse a mi alrededor.
(...)
─ ¡Sam! ─escuché chillar a Gleen, y de un dos por tres apareció a mi lado.
Yo no podía decirle nada, ya que se me dificultaba mucho respirar y por ende hablar. Al punto que empezaba a doler la simple acción de intentar llevar aire a mis pulmones.
─ ¿Qué hago? ─preguntó Rhee, muy nervioso.
Él trató de tocarme, pero antes de hacerlo, se apartó de inmediato, como si tuviera miedo de romperme.
Empezaba a caminar a mi alrededor, como si buscara algo para poder ayudarme y, de un momento al otro, pareció encontrar una solución.
─ ¡Maggie! ─grito, y tal vez ese grito se escuchó hasta China. ─ ¡Maggie!
Luego de un tiempo, apareció la castaña. Pero yo solo me preocupaba por tratar de respirar y no desmayarme, ya que luego de despertar, todo duele.
─ ¡Dios mío! ─exclamó aterrorizada ─ Gleen, ve por Patricia. ─pidió, más el coreano no se movía ─ ¡Gleen!
─ N-no... p-puedo respirar ─jadee ─. E-estoy...teniendo....un ataque.
Ella se colocó de rodillas ante mí, sujetando mis manos.
─ Respira conmigo, ¿Sí? ─preguntó y yo asentí con dificultad ─. Inhala...exhala...inhala...
─ A la mierda. ─escuche la voz de Daryl, quien, sin pensarlo, me alzó de brazos... o bueno, intentó, porque en realidad me sujetaba como cualquier cosa; sin embargo, actuó más rápido que Glenn y Maggie, pues llegó en cuestión de segundos a la casa Greene, donde estaba la señora Patricia.
─ Vas a inhalar fuerte esto. ─ordenó y yo asentí.
Ella le quitó la tapa al inhalador que tenía en sus manos; se colocó de cuclillas ante mí, para luego colocar la boquilla del medicamento en mi boca.
─ Uno, dos... tres ─terminó de contar, y aplastó el botón.
Inhalé todo lo que pude, y casi por arte de magia, mi respiración se empezó a regular.
─ No es asma. ─dedujo de inmediato la señora Patricia.
─ ¿No? ─preguntó Maggie, aún con preocupación.
─ Es un ataque de pánico. ─contesté, y la señora Patricia me dio la razón.
─ El inhalador está vacío.
Habían regresado.
Desde la muerte de mi padre no tuve uno. Y no es la primera vez que recuerdo aquel día. ¿Por qué esta vez fue diferente?
── AUTHOR'S NOTE.
Ven Mara, te quiero dar un abrazo.
▬ palabras; 2002
▬ With love, Lucy Rhee
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