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O6 ៹ ،، WITH EDWARD CULLEN

━━━ NUNCA VIERON FORKS de una manera segura, no siendo lo que eran, su familia nunca se encargó de mentirles para que su seguridad fuera imaginaria, Avy y Liam habían crecido con ciertos instintos y desarrollando dones propios para estar alerta en cualquier situación, sin terminar de confiar verdaderamente en alguien. Una semana después de haberles dado aquella fecha, Albane miraba unos ojos celestes muy apagados fijamente, se preguntaba que clase de tormenta interior podría estar viviendo esa chica que hasta a ella la dejaba algo intranquila, sabia su edad aproximada lo que no tenia en cuenta, era toda la violencia que había detrás.

El punto de "entrega" había sido más allá de Forks, llevó a su hermano con ella, no quería llamar la atención, talvez si algo la estaba siguiendo, podría aparentar mientras un paseo de fin de semana, hasta había echado los implementos de pesca de su padre. Las manos le sudaban sosteniendo el volante y mientras Liam hablaba por telefono con Ash, ella creía que si emitía alguna palabra, la voz le iba a temblar. La chica no la miraba, solo veía al frente de la carretera, callada, quedita, misteriosa.

Era como si el sol hubiera tejido hilos dorados en su cabello rubio, formando una cascada brillante que caía con gracia sobre sus hombros. Cada mechón parecía atrapar la luz del día y reflejarla en tonos suaves y cálidos, como si el mismo sol se hubiera enamorado de su melena y no quisiera dejarla ir. Sus ojos, del color del cielo despejado en un día de verano, observaban el mundo con una mezcla de curiosidad y cautela. Estaban enmarcados por largas pestañas que parecían susurrar historias antiguas cada vez que parpadeaba. Pero detrás de esa mirada poco serena, había algo más, algo que sugía que no todo era lo que parecía. Era delgada, con una figura esbelta que se movía con una gracia etérea. Sus facciones eran finas y delicadas, como si cada línea de su rostro hubiera sido esculpida por manos cuidadosas y precisas. Los labios rosados, apenas curvados, parecían esconder secretos profundos.

Pero lo más intrigante de ella era la sombra que parecía seguir cada uno de sus movimientos, como si llevara consigo una carga invisible pero pesada. Había algo en su manera de hablar, en la manera en que a veces su mirada se perdía en el horizonte lejano, que sugería que escondía no solo secretos, sino también traumas profundos que la habían marcado de alguna manera indeleble. Al observarla desde la distancia, podía sentir el magnetismo que emanaba de su presencia, como si hubiera vivido más vidas de las que uno podría contar en una sola existencia. Era como un libro antiguo con páginas desgastadas por el tiempo, cuya cubierta brillaba con promesas de historias jamás contadas.

—Bienvenida a Forks.— Las palabras de Liam la hicieron ver por el retrovisor unos segundos, el moreno miraba por la ventana, pensativo, y ella, pues en realidad Avy no pensaba mucho, no sabía si iba a pasar el resto del día en esa forma, y verdaderamente le preocupaba la monotonía que se podría causar a sí misma.

—Madalen.— Llama la pelinegra una vez que le ha enseñado donde instalarse a la chica en su casa, pero no la miró, porque era claro que ese no era su nombre, ella seguía portando el apellido Whitlock  —Madalen Hale— Al tocar su hombro, la chica más pequeña saltó en su lugar un poco y la miró a los ojos al fin —Ese es tu nombre ahora, este es el sobre con tus nuevos documentos importantes, tienes todo lo que necesitas ahí. — No iba a decirle nada más, ocupaba irse de su casa al menos unas horas mientras todo encontraba un nuevo lugar en su vida —El resto del día estaré fuera, si ocupas algo, puedes decírselo a Liam, o bueno, verás a tu hermano pronto. ellos te contarán tu nueva historia.

—Gracias. — Dijo únicamente, Avy solo asintió y siguió manejando hasta la casa de los Cullen con las manos temblando, tenia la sensación de irse a querer a esconder al lugar mas recóndito del mundo, donde Aro no pudiera tocarles un cabello.

🥀

La semana pasó en monotonía según ella, o trataba de verlo así para no admitirse que tenía verdadero miedo, de lo que estaban haciendo ella y su hermano. Se levantaba a mitad de la noche por pesadillas incesantes, donde la hermana de Jasper ya se encontraba descuartizada en su cabaña, o tan solo muerta a su lado, todos y cada uno de sus malos sueños tenían que ver con ella, era su rostro su condena para la hora de dormir.

Al ser lunes de nuevo, Avy no llevaba ni cinco horas de sueño al colegio, su mente estaba agotada y su cuerpo se movía automáticamente, sus amigos nunca habían visto a la chica de esa manera, su cabello amarrado, su abrigo rojo característico lo había olvidado, así que solo llevaba encima uno de Liam que encontró en su auto. Sentía como al parpadear le costaba levantar sus párpados de nuevo.

— ¿Avy? — Liam la sacude por un hombro, indicándole que ya había llegado a su salón de clases —Hablamos luego, ya que estoy casi seguro que no escuchaste nada de lo que dije en el camino.

—No, lo siento.

—No te duermas en clase.

Desde la ultima semana, el insomnio se había apoderado de ella, robándole la paz y la tranquilidad que solía encontrar en las horas de descanso. Cada noche y clase era una batalla perdida contra el cansancio que la mantenía alerta, con los sentidos agudizados y el corazón latiendo demasiado rápido en su pecho. Durante el día, Avy luchaba por mantenerse concentrada en las clases y en las interacciones con sus amigos. Su mente se sentía embotada por la falta de sueño, como si estuviera navegando en un mar de neblina que la alejaba de la realidad. Los bostezos se convirtieron en su compañero constante, y la fatiga física y mental comenzó a pasar factura en su rendimiento académico y personal.

El miedo se había instalado en su corazón, alimentado por pensamientos irracionales y pesadillas que la atormentaban cada vez que cerraba los ojos. Temía perder el control de las cosas con que el trabajo con Madelen Hale se descubriera, temía que algo terrible sucediera si se permitía dormir profundamente. Sus sueños se llenaban de sombras y presagios oscuros, y despertaba sudorosa y temblorosa, sin poder distinguir la realidad de la ficción.

Su hermano mayor, preocupado por su estado cada vez más deteriorado, había comenzado a considerar medidas drásticas. La noche anterior, después de encontrarla al borde del colapso por la falta de sueño, le había mencionado en voz baja la posibilidad de sedarla contra su voluntad. Avy había rechazado la idea con vehemencia, aferrándose a la ilusión de control sobre su propia mente y cuerpo.

El timbre sonó estridente, marcando el final de la clase de literatura. Avy recogió apresuradamente sus libros y se deslizó entre los pupitres, ansiosa por salir al pasillo y liberarse del encierro opresivo del aula. La mañana había sido particularmente dura para ella, con el insomnio haciendo mella en su energía ya frágil.

Al doblar la esquina, vio a Edward Cullen parado cerca de su casillero, revisando distraídamente unos papeles. Su corazón dio un pequeño brinco al verlo. Avy decidió acercarse y saludarlo. Quería no solo hablar con su amigo, sino también preguntar por el estado de la hermana de Jasper. Dio un paso adelante, intentando articular las palabras de saludo que se atascaban en su garganta. Sin embargo, cuando estuvo a punto de pronunciar su nombre, una oleada de mareo la golpeó de repente.

El mundo pareció dar una vuelta vertiginosa a su alrededor. Avy apoyó una mano temblorosa contra la pared, intentando mantener el equilibrio mientras el pasillo se oscurecía a su alrededor. El corazón latía desbocado en su pecho, y sintió una opresión en el pecho que le costaba respirar.

— Caufield ¿Estás bien?— , la voz de Edward sonó lejana y preocupada. Avy luchó por enfocar su mirada en él, pero sus piernas se negaban a sostenerla más tiempo. Con un suspiro entrecortado, perdió finalmente el control y se desplomó en el suelo del pasillo, el sonido de las voces distantes mezclándose con el zumbido confuso en sus oídos.

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