00. 🩸 ──── PROLOGUE
Una niña de doce años deambula por el bosque, atrapada en un trance, como si su propio cuerpo ya no le perteneciera. Voces susurrantes la guían entre los árboles, mientras las hojas danzan con el viento nocturno. Solo los grillos rompen el silencio con su incesante canto. Sus pasos crujen sobre las ramas secas, y sobre ella, el cielo estrellado brilla como un manto de copos de nieve plateados esparcidos en la oscuridad.
Las voces en su mente se vuelven más intensas, punzantes, provocándole un dolor de cabeza insoportable. Se lleva las manos al cabello y suelta un suspiro tembloroso. Mira a su alrededor, confundida, sin saber por qué está ahí, en medio de la nada.
Entonces, lo siente.
Un impulso.
Un deseo irrefrenable de gritar.
Su garganta se cierra de repente, una de sus manos cubre su boca, tratando de contener el sonido que pugna por escapar de sus labios.
No puedes contenerlo.
Déjalo salir.
Sigue tu instinto, pequeña.
Grita.
Un escalofrío le recorre la espalda. Algo está mal. Algo terrible está a punto de suceder en este bosque.
Siente que el mundo gira a su alrededor, se tambalea. Aprieta con más fuerza su boca, resistiéndose al grito que amenaza con romper el silencio.
Hazlo.
Grita.
Si lo reprimes, será peor.
Y entonces, lo deja escapar.
Un grito desgarrador irrumpe en la noche, estremeciendo la tierra bajo sus pies, sacudiendo el bosque con una fuerza imposible. La onda expansiva alerta a la gente del pueblo cercano; una a una, las luces de las casas comienzan a encenderse.
A lo lejos, una anciana abre los ojos de golpe. Se incorpora rápidamente de la cama y cruza la casa hasta el patio trasero, donde el bosque comienza. Con una linterna en mano, se adentra entre los árboles, en busca de su nieta.
Y la encuentra.
Una pequeña acurrucada junto al tronco de un árbol, temblando, con los ojos rojos y húmedos por las lágrimas.
La anciana se arrodilla a su lado y con dulzura le aparta el cabello del rostro.
—Mi niña... No pensé que fuera a suceder tan pronto —murmura con pesar.
—¿Qué? ¿Qué me acaba de pasar? No sabía que podía gritar así... ¿Por qué escucho esas voces? —pregunta la niña con la voz quebrada, entre sollozos y pequeños hipidos.
La anciana suspira, barriendo el bosque con la mirada. Entonces, lo ve.
Un cuerpo.
Un hombre colgando de una gruesa rama, inmóvil, como una sombra suspendida en la noche.
Desconocido para ambas, un hombre de cabellos dorados y ojos dorados las observa desde la distancia, oculto entre los árboles. Sus ojos no se apartan de la niña. Ha estado vigilándola, asegurándose de que ninguna criatura intente hacerle daño. Criaturas como él.
En silencio, la sigue con la mirada hasta que se alejan hacia su hogar.
Entonces, mete la mano en su bolsillo, saca un teléfono y marca un número.
—Encontró un cadáver —informa con voz grave.
Al otro lado de la línea, una voz ligera y melódica responde:
—Es demasiado joven para nuestro mundo, Carlisle.
Él aprieta los labios.
—Solo dime si tienes otra visión sobre ella.
—Por supuesto.
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