5. Confident.
V.
Confident
Tras el —sutil y planeado— primer contacto con las recientes piezas de su nuevo tablero de ajedrez, Peter tenía un panorama más fresco en cuanto al nivel de dificultad que tendría para encandilar a quienes querría de su lado. No había mucho que esforzarse para lograr hacerse un espacio dentro de la piel deseada, un par de sonrisas patentadas por ninfas griegas, unos cuantos aleteos de pestañas y algunos cantos seductores con intenciones furtivas, eran todo lo que necesitaba antes de ganarse la voluntad ajena.
Después de todo, el experto en el arte del engaño y la seducción le había instruido rígidamente hacía muchos años atrás. Nunca llegaría a la misma escala de Loki Laufeyson, él siempre sería un Dios en aquel estilo de vida. Pero confiaba plenamente en el criterio de su socio más cercano a la más honesta amistad, sí Loki estaba orgulloso del legado que dejó en él entonces Peter también lo estaría.
—"¿Irás a cazar hoy, Parker?" —preguntó el mencionado desde el otro lado del escritorio donde ambos inspeccionaban los nuevos acuerdos que la empresa americana socia de su proyecto principal le envió unas horas atrás. Una movida inteligente por parte ellos el no conformarse con los firmados en Francia y establecer concretamente la división de los beneficios finales, así como las clausulas abiertas que el pelinegro dejó obviar para ocultar otras tretas silenciosas.
—"Por supuesto que sí. Tú sabes mejor que nadie lo mucho que me aburro al estar demasiado tiempo encerrado en un mismo lugar. "—al igual que Loki sabía lo mucho que le satisfacía escuchar su verdadero apellido. ¡Oh, el morocho siempre estaría en su pequeña lista de personas que aprecia genuinamente!
—"Supongo que tu debut será en el MoMA*, ¿no? "
—"Así es. No pude haber encontrado una ocasión más perfecta." —una sonrisa pretenciosa nació justo sobre el carmín de sus labios—. "Aunque la mayor parte del crédito va a hacia mi amigo rojo que me hizo un espacio en aquella mísera lista de invitados"—de pronto las castañas de sus ojos pararon desbordando brillo en la elegante figura adulta que movía sus seductoras manos entre los pliegues de hojas. La voz le salió cautelosa y el tenue tono ronco propio de un canto de sirena—. "¿Gustas acompañarme?"
Primeramente lo invitó por educación. Loki compartía demasiadas cosas en común con el castaño, que no le sorprendería enterarse que su amigo ya estaría al principio de la lista exclusiva en aquella exhibición de arte. Aunque, es verdad que en su mayoría el motivo que le llevó a emitir tal ofrecimiento fue por una segunda razón; fue el hecho que sí él iba sería excesivamente fácil adueñarse de la gente más influyente de New York. Eso sin contar los que vendrían de estados lejanos y países vecinos. Ambos resultaban en un equipo de fatalidad para aquellos tras la línea.
—"Iba a ir solo. "—sus largos dedos blanquecinos se deslizaron calmos entre las decenas de papeles que reposaban en la superficie—. "Pero podemos llegar juntos y tomar caminos independientes después."—el desdén en la ronca voz era tan claro como la intención oculta en su torcida sonrisa—. "Aunque... sería bueno para ambos el socializar en pareja con esa gente...Ya sabes, buscar un poco de oro en aquel mar de oportunidades vestidas de gala. Tu sabes, cómo nos gusta hacer Parker."
—"Me agrada la idea. ¿Te importa dejar esto para más tarde?" —Laufeyson negó y Parker suspiró suavemente—". MJ podría echarnos una mano en lo que comienzas con tu odisea en busca del atuendo perfecto. Ya sabes que sueles convertirte en toda una diva menstrual cada que tú y yo salimos a juguetear." —bastó un pulla para tenerlo, después de todo la línea en su impecable frente delataba el fastidio que sentía con es aburrido trabajo.
—"A veces quisiera apuñalarte por la espalda, Parker. "—Peter sintió a sus instintos chillar con el miedo producido por un mosquito demente ante el tono amenazador del pelinegro, fue casi un ronroneo divertido— "Con mucha frecuencia quiero hacerlo, en realidad."
Sabiendo que no habría más avances por esa mañana, el joven de mirada cautivadora se levantó elegantemente de su espacio. Los shorts cortos se pegaron a su piel como una segunda capa y la camisa gris lavanda se estiró marcando las líneas de sus músculos. Dio un último vistazo al hombre —diez años mayor que él— que seguía sumergido en un océano de letras y artimañas legales. Loki era un hombre muy atractivo, podría reconocerlo ante quien pidiera su opinión. Peter también atractivo pero de en una dimensión de belleza distinta, sin embargo una cosa era nacer con la belleza aferrada a los huesos y otra era tener estilo. Y ellos tenían estilo de sobra.
Un fugaz recuerdo en el que él y el ojiverde tardaron una semana en encontrar la llama de su gracia, hicieron falta varios enfrentamientos de parte del pelinegro y varios miles de euros embolsados a manos de la industria de la moda, lo hizo sonreír orgulloso de quien era para el mundo Benjamín Delacour. Con su ya característico movimiento enigmático de caderas se recargó en el marco de la puerta antes de dirigirse por última vez a las esmeraldas de fantasmales tonos dorados que le observaba por el rabillo del ojo.
—"Michelle vendrá a terminar lo que nos falta en unos minutos. Te espero en la entrada en una hora...y por favor Loki, no busques opacarme. Iremos en pareja, recuérdalo, ¿quieres?" —sin poderlo evitar el mencionado soltó una risa depredadora al verlo marchar por fin de su oficina.
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El Museo de Arte Moderno de la ciudad de New York era reconocido como el museo moderno más importante del mundo, visitarlo resultaba una necesidad a la oleada de turistas anuales que llegasen a pisar tierras americanas. Aunque la verdad recaía también en que a la mayoría de los neoyorquinos el arte les interesaba en lo mínimo. Un des fortunio para los amantes como Peter Benjamin el vivir casi al otro lado del mundo y privarse de deleitar cada obra hasta el hastío, porque desde que el inglés ascendió por la cadena social francesa habían sido las artes lo que le sostuvo —con la tenacidad de inquebrantables pilares— a evitar perder el sentido de belleza en la vida misma y el mundo que le rodeaba.
En dos parpadeos el Delacour salió de la rueda mental en la que giraban sus pensamientos. A una corta distancia, su acompañante seguía haciéndose de la completa atención del Presidente, sus finos labios se movían hipnóticos y las perlas blancas del hombre se exhibían como piezas majestuosas dignas del lugar donde sus pies se encontraban. El francés (porque, oh él era originario de aquel país de romance) iba enfundado en un conjunto color arena que se amoldaba perfectamente a cada centímetro de su cuerpo creado al estilo de divina grandeza griega, el cabello lo llevaba corto y bien peinado, un poco de color en los zapatos caramelo con calcetines de rombos lavanda y cafés. Loki Laufeyson le lanzó una silenciosa mirada que decía "Es hora libre, ve a jugar mocoso." Y bueno, hacía mucho que Parker no disfrutaba de aquel museo por lo que sin poner resistencias se deslizó entre sonrisas encantadoras lejos de las sombras poderosas que ahora tenía de su parte.
El chocolate intenso se paseó entre cada obra y su atención se sumergió dichosa en los colores, las formas, las texturas y los matices de los cuadros. Sintió que las imágenes se filtraban por sus neuronas y la realidad se abstraía ante sus ojos como los trabajos de Clade*. Su compatriota era de sus predilectas a la hora de hipnotizar el iris de las cuencas ajenas. Mientras recorría las diversas secciones de pinturas contemporáneas, con los hombros relajados, los brazos cruzados por la espalda a las caderas y el rostro hecho la viva imagen de la calma más satisfecha, fue en el instante en que una sombra cobriza apareció en su radar visual. Un color peculiar que Peter adoraba ver sobre su regazo en las veces que Sebastian salía y Victor le visitaba con su habitual atmosfera de regocijo ahuyentando fugazmente a la perra de Soledad Acompañada.
Sin embargo ésta vez no era un hombre pelirrojo, sino una mujer de porte firme y hombros frágiles. Bella y peligrosa como pocas féminas con tacones de diseñador de mente hábil. Él la conocía a profundidad, no de forma personal e íntima. Peter la había estudiado por cierto tiempo y los resultados que encontró le satisficieron la curiosidad por saber quién y cómo era Virginia Potts. Ellos ya se habían encontrado e interactuado antes, mas aquella vez sólo fue un trato cancelado y negocios exprés por lo que él no contaba esa ocasión. En lo absoluto.
Peter pudo haberlo hecho mejor, pudo tenerla colgando de sus manos pero Sebastian estaba orbitando cerca que no le quedó de otra más que dejarla correr.
Así que verla al otro lado de la habitación contemplando a "Los amantes" de Magritte, vestida como una imagen estelar de alguna película de los cincuentas, muy al estilo de Audrey Hepburn, entallada en ese vestido caído desde la cintura lleno de gráciles flores espectrales (que el castaño juraría era un numero personalizado de la casa Gucci) con el escote en V que dejaba al descubierto las cautivadoras pecas de su lechosa espalda y los bonitos detalles en sus accesorios, fue como una oportunidad mandada por el universo para hacerse un hueco en el corazón de la mujer más importante del unigénito de Howard.
Porque sí, esta vez él no estaba cazando a nadie (por el momento), pero si el cosmos le mandaba en bandeja de plata a la Directora Ejecutiva de Industrias Stark él lo tomaría con las garras de una fiera celosa y el encanto de una veela*.
—"Es una obra bastante poderosa..."—comienza el castaño con la voz teñida de donosura. Es amigable, educado y mantiene cierta distancia cálida que siempre resulta atrayente como la gravedad del sol.
Y Virginia es como Venus hacia el extraño de mirada café llena de paz—. "Lo es si tienes los ojos adecuados hacia la intención del artista."—ella le ve tras sus claras pestañas y poco a poco va perdiéndose en la atmosfera de seguridad que el joven emite.
—"Ciertamente, señorita. ¿Está demás preguntar si conoce la historia tras la imagen?"
—"No, hay muchos falsos seguidores del arte que suelen ignorar las historias tras los matices de colores. Afortunadamente mi adversidad a la falsedad me impide convertirme en parte de aquella fracción de gente." —hay una sonrisa tras sus palabras que Peter aprovecha para encandilar la mirada azul con sus dientes blancos y perfectos.
—"Eso es algo para admirar." —Peter inclina la cabeza en un gesto caballeroso, el chocolate de su iris es abrazador—. "Espero que mi siguiente pregunta no le incomode, pero le juro que mis intenciones son cien por ciento blancas y puras..."—Virginia ahora está totalmente prendida de la boca rosada que se mueve lenta y adorable—. "...¿Me permitiría el acompañarla por el resto de la sección para deleitarme de los conocimientos de una fiel amante del arte? Hasta ahora usted es la única persona cuyos ojos se iluminan al posarse en cada cuadro."
Ella suelta una risita rellena de cándido, sus mejillas se arrugan levemente y sus perfectos labios pintados como corales se abren cual cielos tras oscuras nubes de tormentas. Hay un contraste hermoso que Peter desea inmortalizar a través de una fotografía. La mujer es bella y natural, eso es suficiente para hacerse del agrado del inglés.
—"Confiaré en usted..."—sus cejas se arquean curiosas a saber la identidad del joven que le ha llenado el día de gracia.
—"Peter Parker." —le extiende la mano y con un gesto le pregunta si puede saludarle recatadamente—. "Por favor tutéeme, o llámeme Peter, como le sea más cómodo." —La pelirroja sonríe en aceptación antes que los sedosos labios del castaño se posen sobrenaturales sobre el aterciopelado dorso femenino—. "Estaré para servirle en lo que pueda, bella dama."
—"Gracias Peter. "—los zafiros notan el brillo educado en el iris marrón por lo que no le incomoda en ningún sentido aquella presentación. A decir verdad le ha gustado. Demasiado. Ya no hay caballeros así actualmente—. "Virginia Potts, será un placer compartir de mi tiempo contigo. ¿Vamos?" —con una mirada divertida extiende su brazo para que sea tomado. Él vuelve a hacer aquel precioso fenómeno con sus gemas blancas al unir su extremidad con la suya. Ellos avanzan por la habitación sintiendo un aura de seguridad y confianza, están muy aguso con la compañía del otro.
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Pasan por todo tipo de artistas, intercambian opiniones en cuanto a los significados de las pinturas predilectas de cada sección, por las esculturas más peculiares e importantes para cada uno y se dejan apasionar por sus artistas hasta que el horario de la exhibición se ha terminado y el Presidente da un discurso de agradecimiento al museo por la invitación, y el coordinador se deshace en gracias y palabras que Parker y Potts ignoran debido a la cautivadora conversación que sostienen. Sin duda haberse encontrado fue una de las mejores casualidades que les pudo haber pasado para aquel día.
Entonces Peter la invita a comer a su restaurante favorito que, oh, termina siendo el mismo que Pepper adora. Convenientemente para la Directora de la compañía de Stark, el ambiente entre ambos es cálido y del tipo platónico. No hay indicios de ningún interés sexual, todo fluye cándido y puro, en lo que cabe tras algunas bromas picosas sin fuerza a tomar. Los dos seres de belleza excelsa degustan de un menú saludable pero clásico. Una ratatouille para el caballero y una lasaña espacial para la dama.
Las risas no faltan, los puntos de vista tampoco, hay tanto de lo que pueden hablar con facilidad que cuando la boca femenina se silencia es a causa del segundo postre que ha pedido. Peter le roba juguetón parte del génoise con gelatto* en el plato ajeno, él pidió sólo una tarta y conoce la debilidad que algunas mujeres tienen ante los pequeños juegos de adultos infantiles. De pronto se encuentran peleando por la última fresa que los labios corales atrapan veloces, algunas personas los miran entretenidos y totalmente fascinados de la pareja que arman ellos juntos. Afortunadamente (o más bien el dinero de Parker) permite que se diviertan a costas de los problemáticos paparazzi de la futura señora Stark.
Sí, Virginia Potts ha sido declarada ante el mundo como la prometida del prodigio de las ciencias y protector de los Estados Unidos. Una noticia que movió al mundo entero y causó grandes estragos en la mayoría de los ámbitos tanto comerciales como políticos. Nadie salió indiferente al anuncio. Ni siquiera el pequeño ser de pecas sublimes. Esa noticia afectó a las variables de su juego, pero como buen hombre de erudición supo acomodar perfectamente cada variación en su complejo y dedicado plan de venganza.
Actualmente la próxima boda del siglo entre Anthony Stark y Virginia Potts era una de las piedrecillas en el camino de Peter Parker, una pequeña de color extravagante con la etiqueta de "Potencial turbación".
Cuando el protegido de Atenea escuchó la mala nueva que Deadpool —nombre artístico de su mercenario personal— le tenía el lunes a las 10:11, dos horas antes del anuncio oficial, sintió un extraño vértigo muy cerca de su páncreas que lo dejó catatónico por varios minutos.
Fue gracias a Michelle que pudo recomponerse lo más orgulloso que pudo. Y entonces lo entendió.
Él no necesitaba ser una puta interesada para ganarse al genio, no tendría que usar sus armas de seducción para colocarlo en su tablero. No, eso sería algo mediocre, inaudito e indigno para Benjamin. Él, como Peter Benjamin Parker lo orientaría y haría que buscara su lugar a voluntad; Benjamin va a arrastrarlo hasta el piso bajo sus pies y Peter le obsequiará una perspectiva de la vida que nunca nadie podría darle jamás. Allí recaería la diferencia entre él y el resto del mundo. Que él era divino, el universo se encargó de hacerlo glorioso y nadie podría contradecir tal hecho.
Pues dos días después de su primer movimiento para ganarse al Rey de su juego, ahora ya él estaba ganando otra pieza. Pieza a pieza es un buen ritmo para su nuevo papel protagónico.
—"Fue... ¿Cómo decirlo? Maravilloso haber pasado un día con usted, bella dama. Espero que haya tenido el mismo sentimiento que yo." —expresó encantadoramente Peter tras pagar la cuenta. Él la había invitado, por lo tanto él pagaba.
—"Me parece que sí. He quedado encantada contigo, Peter. ¿Te parece si planeamos una próxima salida para otra ocasión? Claro que todo depende de tu horario de trabajo, sé lo que es la vida de un científico así que te dejaré decidir."
—"Es una brillante idea, y aquí entre nosotros, aceptaré la propuesta apresuradamente por si se arrepiente después."
—"Llámame cuando puedas. Y por favor tutéame, me haces sentir vieja." —ahora las manos de modelo tienen una tarjeta con los datos de Virginia Potts. Es pequeña y de color durazno. —"Me gustaría que vinieras a darte una vuelta por la torre para hablar de negocios, por lo que me has dicho eres un gran hombre de corbata."
—"Llevaré unas propuestas del proyecto secreto del que te hablé, estoy seguro que a tu prometido le podría interesar."
—"Estoy de acuerdo en eso..."—hay una pequeña duda en sus cejas perfectas, es como una sombra insistente—. "Sabes... tu voz se me hace un poco, bueno, muy familiar. ¿Nos hemos encontrado antes de este día?"
—"Estuve interactuando con su empresa sobre el tratado francés de energía global de Industrias Stark con los Delacour. Fue hace unos años, entonces era muy joven y algo novato."
—"¿La familia Delacour?" —Su mirada celeste se pierde tratando de recordar aquel momento, por unos segundos parece que ha muerto entre cientos de nuevos registros cuando un brillo de reconocimiento la hace verse seis años más joven—. "¿Sigues trabajando para ellos?"
El tono cauteloso en su pregunta lo hace sonreír orgullo de forma interna. Ella sabe que esa estirpe hay que tocarla con pinzas, son un herpetario (nido de serpientes más que nada) con el cual su empresa nunca pudo hacer buenas conexiones. Siempre serpenteando en busca de alguna debilidad para encargarse de sus aliados potenciales que podrían representarles riesgos importantes. A Tony y a Pepper jamás le gustaron.
—"Estoy de vacaciones..."—sus frágiles hombros se relajan, a Benjamin le da un tanto de gracia—. "Aunque bueno, como miembro de la familia nunca tengo verdaderas vacaciones."
—"¿Estás casado con un Delacour? Porque hasta donde recuerdo sólo son tres herederos y son más grandes de edad."
—"Sí, lo estoy. Sebastian es un hombre singular." —entonces Peter la ve tensarse. Oh, al parecer alguien se ha dado cuenta que cayó entre los colmillos de una cautivadora mamba.
—"¿Es demasiado tarde para felicitarte?"
—"Un poco, tus felicitaciones ya van ocho años retrasadas."
Entonces ella va directa al punto. No se va por raíces ni le interesan las formalidades. A Parker le gusta. —"¿Eres feliz con él?"
El joven le sonríe con espectros deambulado tras el café de sus ojos. —"Es una pregunta muy personal, querida."
—"Lo siento, pero si te soy sincera, esa familia no resulta de mi total agrado."
—"He escuchado eso antes." —suelta una risita divertida, no pasa mucho para que los teléfonos de ambos comiencen a sonar. Oh, han tardado más de lo que hicieron saber a sus parejas. —"Creo que aquí se acaba nuestro encuentro, un placer, señorita Potts."
La mencionada le besa la mejilla como despedida antes de levantarse y responder la llamada.
—"Hola, cariño." —escucha a la pelirroja contestar con vitalidad a la vez que se aleja.
—"¿Interrumpo algo?" —la varonil voz de Sebastian Delacour se tiñe de displicencia y Peter sonríe bobamente ante la llamada de su esposo. Porque ese es parte vital del plan. Fingir, actuar y expresar.
Un pedazo moribundo dentro de él siente celos y envidia de la mujer, de su relación y de su vida. Pero lo ahoga con furia y lo extermina con decisión al instante que reconoce los sentimientos.
—"Para nada. Tuve una reunión amistosa con un ahora amigo, es un chico muy peculiar." —la oye seguir parloteando a la lejanía mientras le lanza miradas de cálido reconocimiento y de despedida.
Aunque la mayor parte de su atención está prestando atención a su esposo él le corresponde hasta que su figura desaparece. —"No lo haces, cariño. ¿Necesitas algo de mí?" —Porque el día ha sido particularmente fantástico y no desea transformarlo en un episodio de odio más.
—"Me enteré que saliste con alguien, Benjamin. No me preocupa en lo absoluto pues considero que conoces bien el significado de la palabra fidelidad, ¿estoy en lo correcto?
—"Absolutamente, Sebastian. No tienes que llegar si quiera a imaginar una traición de mi parte, me casé contigo por algo y entre mis votos te juré fidelidad, soy un hombre de palabra. Y sabes que soy una persona de lealtad. Después de todo lo que me has regalado, de lo mucho que has hecho por mí, ¿de verdad crees que sería capaz de pagarte así?"
Una pausa silenciosa de duda aparece tras la línea que es rota cuando el tono de absoluta seguridad del Delacour aparece.
—"No, tú nunca podrías hacer algo así."
—"Así es, cariño. Yo jamás podría ponerme contra de ti, me tienes colgando en tus manos y tú siempre serás lo único para mí. Juntos hasta el final, ¿recuerdas?"
Un "Sí." Demasiado serio llegó tras un segundo de duda.
Una pena que Sebastian no fuese un poquito más estúpido y naciera alrededor de sucias serpientes, su intuición era igual de aguda que la de Peter. Ahora él sólo debía hacer de sus movimientos con extrema discreción.
Pierre estaba esperando desde el asiento trasero del Cadillac en el que seguía protectoramente a su protegido cuando él salió del restaurante en soledad, había una enorme y torcida sonrisa adornando sus bellas facciones. La pinta que llevaba ya no era aquel conjunto de fina costura de color palo de rosa y su cabello ya no iba peinado estéticamente como un modelo de pasarela ni sus pasos llevaban la misma elocuencia imponente, ahora llevaba sobre su torneado cuerpo una vestimenta que no difería mucho de una estrella de cine en un descanso tranquilo pero sin abandonar del todo su estilo nato y los lujos que ya se habían vuelto parte de él mismo.
No hizo falta mover ningún centímetro de tejido para que ambos se sincronizaran perfectamente y salieran de los seguros y altos condados para adentrarse a la ruta que le llevaría a Long Island, lugar donde sus nuevos amigos le aguardaban con entusiasmo.
Entre más aliados dispuestos a lamer fervorosamente de algún trozo del hermoso joven de sonrisa deslumbrante, mejor. Domar perros con billetes le resultaba enternecedor y entretenido, casi siempre descubrías un truco nuevo de caninos viejos. Él había venido a América únicamente a comprar su boleto de libertad, los métodos no le importaban en lo absoluto.
Podría preocuparse de promesas rotas y escasez de moralidad en, quizás cinco años. Él nunca fue un santo.
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Bruce Banner era un hombre de temple tenaz, cuyo dominio de emociones le hacía resaltar de sobremanera entre la comunidad científica más importante del mundo. A pesar de ser considerado en ocasiones laborales frío y severo, también era sensible y con un sentido de la ética muy marcado. "Si hace más daño que bien abandónalo." Ese era uno de sus lemas al trabajar, desde el programa Ultrón que su socio de laboratorio y compañero de taller, amigo de ciencias, Tony Stark creó a su lado para la seguridad americana, un fallo terrible tras una serie de eventos desafortunados que varios grupos terroristas querían implementar para su propia voluntad; nada le había turbado tanto como la compleja mente de su actual colega francés.
Conocía a Benjamin de años atrás, en un congreso ellos compartieron lugares e iniciaron un debate sobre física nuclear, una rama que a Bruce le apasionaba de sobremanera y no dudaba en hacerlo notar. Desde aquel momento intercambiaron correos para intercambiar puntos de vista en cuanto a los más recientes avances científicos y algunas dudas sobre proyectos que llevaran encima. Al principio ellos fueron bastantes desconfiados el uno con el otro —o al menos por parte de Bruce pues Benjamin siempre había sido bastante abierto a nuevas fuentes de conocimiento vivientes— y las cartas llegaban cada dos meses, sin embargo todo cambió cuando en un instante de desesperación en el que la base de datos de la CIA fue robado y con eso todos los planos con los que Banner había cooperado a la par de Stark, el doctor le pidió ayuda de emergencia. Esa fue la primera vez que se llamaron a sus números personales y tuvieron una video conferencia junto unos amigos del francés. También esa había sido la vez que conoció a uno de sus colegas que más admiraba, Reed Richards.
Y ni hablar de aquella ocasión en la que el joven le consiguió material restringido y difícil de obtener. Tuvo algo de recelo, sin embargo el castaño era muy transparente y si existían rumores de que tenía una relación mentor-alumno con Victor Von Doom, uno de los cinco Doctores más inteligentes del mundo, cadente de escrúpulos y con una ética casi extinta, pues Bruce respetaría aquella conexión si existiera. Es un mundo libre, ¿no?
Ahora, tres años después de saberse amigo de Benjamin se sentía como si los años de diferencia entre ambos fuesen nulos. El chico era demasiado maduro, algo juguetón y un imán para los problemas sean buenos y malos (son hombres de ciencia, todos los problemas para ellos son su elixir de vida), pero era un genio con una trayectoria brillante, amable y encantador. Banner incluso llega a pensar que es una ilusión porque como bonus extra, Benjamin era condenadamente hermoso. Hecho a la medida de la mitología y teología antigua y moderna. Y a Bruce Banner ni a nadie se le podría culpar por maldecir la alianza en su lechoso dedo.
No era como si él sintiera algo profundo por el irreal ángel de obres chocolate, pero había algo en aquél que le infundía la necesidad de adorarle, cuidarle y mantenerlo cerca. No era algo carnal, era una cosa indefinible para el doctor y para la mayoría de las personas que lograban hacerse un espacio en el círculo del castaño.
—"Buen día, Doctor, Banner." —Stephen Strange hacía acto de presencia en el laboratorio en el cual se llevaba en desarrollo la nueva visión del futuro. Un proyecto cómo no, iniciado y dirigido por Benjamin Delacour.
—"Doctor Strange." —saludó amable.
Sin esperar más comenzaron a repasar los avances obtenidos y a anotar las discrepancias en cuanto al cartógrafo genético. Aún eran demasiadas las reacciones negativas a las dosis de prueba. Media hora después Bruce suspiró con cansancio. Si Benjamin, quien le había pedido personalmente el ayudarle con aquel proceso no estaba para dirigir su investigación él se sentía levemente perdido.
—"Al parecer nuestra cabecilla ha decidido llegar bastante tarde."
—"Es bastante extraño, Dr. Strange. En lo que llevamos de conocernos Benjamin y yo jamás hemos tenido un episodio así... y supongo que con usted tampoco se ha presentado el caso."
—"En realidad sí. Pasó un par de veces."—la voz le sale desdeñosa pero hay un matiz oculto allí, Bruce lo percibe pero no puede percibir las intenciones ocultas en el hombre de barba estilizada—. "Su familia política es muy minuciosa y suelen dejarle muchas cosas a cargo. Pero no te preocupes Bruce, él llegará. Siempre lo hace..."
El mencionado asiente y vuelve su vista hacia las decenas de algoritmos que se apretujan a lo largo de la habitación, hala uno con su índice y el espectro se mueve frente a sus ojos. Simplemente deja correr la sensación en su estómago a causa de la preocupación. Él confía en Benjamín y confía en la tenacidad del joven.
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Bruce Banner ya se encuentra frustrado y realmente perdido, porque Stephen es un hombre irritante y él realmente no puede manejarlo en la soledad del laboratorio. Es debido a ese hecho irrefutable, que el hombre de aspecto tranquilo pero semblante severo sale de su centro de trabajo dispuesto a llamar a su joven amigo.
Es entonces cuando se da cuenta de dos cosas.
La primera: Han pasado casi dos horas desde que debían estar todos trabajando y Benjamin no ha llegado. Eso sí es algo preocupante, ¿habrá tenido algún imprevisto? ¿Un accidente? ¿Estará bien?
La segunda, Tony le ha enviado un texto demasiado insólito diciendo un:
"Brucie, usa todos tus doctorados para decirme ¿Los fantasmas son reales en nuestro lado de realidad científica y racional?"
A lo que él confundido y extrañado le responde que no, los fantasmas no existen para los hombres de ciencia como ellos.
Y a lo que, segundos más tarde, su teléfono recibe la fotografía de un hombre de estatura mediana vestido del fantasma de la opera muy lejos del foco de la cámara pero visible a la perfección. Después, en un instante de tiempo, sus ojos se abren asombrados ante la imagen de un joven de mágica sonrisa con sutiles rizos chocolates, parado justo en el despacho principal de Industrias Stark, como fondo puede leer aquel letrero de mal gusto que sólo se ve en la oficina de Tony, y oh, el hermoso modelo está vistiendo un elegante traje azul y camisa abierta de dos botones y está cargando una simple tableta electrónica.
Entonces Bruce maldice, porque es un genio y tiene un don para predecir resultados desastrosos, y aquella mezcla, aquel conjunto de ingenio, belleza y juventud sólo puede significar una cosa para su mejor amigo: Condena. Completa y total condena, una perdición eterna e ineludible, un infierno que es seguro, el demonio dentro de Stark degustara contento. Su amigo tiende demasiado a ensuciarse de mierdas mal vistas para la sociedad, entre más grande el pecado más encaprichamiento y deseo.
El Doctor en ciencias tiene un leve (desmesurado) presentimiento de futuras variaciones, reacciones negativas y...muchos problemas. Aun así, como buen amigo de ambas partes, él decide mantenerse al margen y prepararse para inevitables daños colaterales.
—"Doctor, Banner." —el amigo del Delacour, Loki Laufeyson se acerca a su ubicación entre pasos calmos. Es tan hermoso como un Dios, pero hay un brillo de malicia en sus obres de vida que el castaño traduce como una alerta—. "Olvidé decirle que Peter llamó hace dos horas para avisar que tenía una reunión de última hora. No tenía idea que estaría todavía aquí, le avisé a Strange que te lo hiciera saber."
"Benjamin no vendrá hoy. Deberías irte, yo estoy trabajando en un trabajo personal." Fue el mensaje que Strange le envió más de una hora y media hora atrás en los que se había perdido en la nube de pensamientos y preocupaciones que había sentido por su joven amigo. Ahora, las valoraciones catastróficas que Anthony seguro provocará fueron alejadas de su mente por su lista de pasos para calmar la ira. Maldito fuera aquel inglés de porte altruista.
Por primera vez en muchos años, Bruce Banner siente que perderá su perfecto dominio. Y a pesar de su posición religiosa inexistente, reza a varias deidades para obtener más paciencia de la que jamás ha tenido en su vida, porque muy dentro de sí mismo sabe que la calma pocas veces volverá a retornas a su vida y a las vidas de su círculo.
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N/A:
*MoMA: El Museum of Modern Art, más conocido por su MoMA, es un situado en el de (), en la 11 West con la calle 53 y entre la y la .
*Génoise con gelatto:
Génoise: Bizcocho de masa batida, que tiene una textura ligera, también llamado bizcocho genovés.
Gelato:Es la variante regional italiana del helado.
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