⠀𝟮𝟲. ❛ ONE STEP BEHIND ❜
CAPÍTULO 26⠀✶⠀un paso atrás.
CUANDO ANGELINE ABRIÓ LOS OJOS, el último lugar donde esperaba estar era sobre el pecho de alguien. Podía oír los latidos del corazón debajo de ella y sentir el lento subir y bajar del cuerpo de la persona. Durante una fracción de segundo, no recordó nada del día anterior y, de repente, todo volvió a su mente.
⠀⠀Angeline se había acostado con Mitch. Había tenido una pesadilla. Mitch la había consolado.
⠀⠀Pensó que se la habría quitado de encima, pero horas después seguía allí. Angeline tragó saliva, con el cerebro hecho un lío de pensamientos mientras contemplaba la posibilidad de levantarse. Mitch era terriblemente cómodo para ser un asesino de dos metros con ligeros problemas de ira.
⠀⠀Sin embargo, la idea de que se despertara y la encontrara todavía encima de él la hizo estremecerse, así que la morena se apartó. Sorprendentemente, Mitch no se movió, sus ojos color avellana permanecieron cerrados mientras yacía boca arriba. Angeline se quedó mirándolo unos segundos antes de entrar en el cuarto de baño y mirarse en el espejo.
⠀⠀Las huellas de las manos de Zimmerman estaban amoratadas en su piel, pero a través de sus clavículas y hacia la parte inferior de su cuello había moratones dejados por la boca de Mitch. Levantó los dedos y los rozó, preguntándose durante unos segundos si volvería a ocurrir entre ellos. No podía mentir y decir que no quería que ocurriera, porque sí quería.
⠀⠀Angeline se veía a sí misma volviéndose adicta a Mitch.
⠀⠀Pero aquellas mariposas que le habían llenado el estómago cuando él la había ayudado a limpiarse después... A Angeline no le gustaban nada. La idea de enamorarse de Mitch era aterradora. Sería prepararse para el desamor y la soledad. Mitch tenía una carrera y una vida ajetreada y era un poco mayor que ella. Ella aún tenía que ir a la universidad y perseguir su propia vida. Eran dos personas completamente diferentes. Ni en un billón de años funcionaría.
⠀⠀Cogió el cepillo de dientes y empezó a lavárselos. Lo más probable era que hoy tuviera que dar más vueltas en coche, para su consternación. Pensó que ya estarían cerca del piso franco, pero Mitch nunca le dijo dónde estaban ni adónde iban. Era frustrante, pero entendía por qué lo hacía.
⠀⠀Su mente volvió a la conversación que habían estado teniendo antes de que ayer se distrajeran el uno con el otro. Angeline no entendía por qué no podía darle los códigos a Mitch. Creía que sólo estaba siendo testarudo; que sabía que la llevaría al piso franco de una pieza para que pudiera darle los códigos ella misma. Sin embargo, Angeline pensó que era ridículo que él estuviera tan seguro de sí mismo cuando todo era tan impredecible en ese momento.
⠀⠀Podría pasarle cualquier cosa, y entonces la única gente que conocería los códigos sería su padre. Y eso era muy, muy peligroso.
⠀⠀—Tenemos que hablar —dijo Angeline en cuanto volvió a entrar en la habitación, encontrándose a Mitch sentado y pasándose una mano por su espesa cabellera.
⠀⠀Mitch la miró y apretó un poco la mandíbula.
⠀⠀—Tienes razón. Lo que pasó entre nosotros... No puede ir más allá de sólo sexo. Tienes que jurarme que no sientes nada por mí, Angeline.
⠀⠀Angeline no esperaba que dijera eso. Se refería a que tenían que hablar de que ella le había contado los códigos, no de su nueva relación, fuera lo que fuera. El corazón le dio un vuelco y se sintió desconcertada.
⠀⠀En lugar de expresarlo, soltó una risita seca.
⠀⠀—Qué engreído eres al pensar eso, Mitch —levantó una ceja—. Estoy de acuerdo. Sin sentimientos, sólo sexo. No será un problema para mí... ¿Lo será para ti?
⠀⠀Mitch no perdió detalle.
⠀⠀—No. No será un problema para mí.
⠀⠀Por alguna razón, escocía. Angeline forzó una sonrisa enfermizamente dulce.
⠀⠀—Bien. De todas formas no hablaba de eso, quería hablar contigo para decirte los códigos.
⠀⠀—No —dijo Mitch automáticamente—. Ya te he dicho que no. Es de gafarlo si me los dices.
⠀⠀Angeline se burló.
⠀⠀—¿Crees en gafes?
⠀⠀—A veces —comentó Mitch con amargura—, y también creo en las profecías de autocumplimiento. Te llevaré al piso franco y tú mismo les darás los códigos.
⠀⠀—Puedes llevarme a la casa segura y conocer los códigos...
⠀⠀—No...
⠀⠀—Ahora mismo no estás siendo muy profesional —espetó Angeline.
⠀⠀Mitch se encogió de hombros.
⠀⠀—No te quejabas de que no fuera profesional anoche.
⠀⠀La mirada de Angeline se intensificó. Le lanzó una mirada amarga y lo ignoró mientras se movía hacia su lado de la cama, cogiendo su bolsa de lona de debajo de ella. Empezó a guardar todas sus pertenencias y se dirigió al cuarto de baño para coger sus artículos de aseo.
⠀⠀Mitch parecía tener talento para cambiar el tema de la conversación y Angeline no lo apreciaba mucho. Le oyó ir al baño y la puerta se cerró tras él, pero no le prestó atención. Cogió su libro de la mesa y puso los ojos en blanco al ver que ya había rellenado todas las cuadrículas del sudoku.
⠀⠀—Juraría que compraste este libro para que yo lo rellenara —dijo Angeline con sarcasmo.
⠀⠀No obtuvo respuesta, lo que la hizo resoplar.
⠀⠀—Por cierto, te has equivocado en una —dijo Angeline—. ¿Hola?
⠀⠀Se giró, jadeando, cuando se encontró cara a cara con Mitch. Su mano le tapó la boca, sus ojos color avellana se abrieron de par en par cuando retiró la mano y se llevó un dedo a los labios, advirtiéndole que guardara silencio. Angeline tragó saliva, nerviosa, y vio cómo él quitaba el seguro a la pistola que tenía en la otra mano.
⠀⠀—Coge tu bolsa —susurró Mitch.
⠀⠀Angeline se sintió enferma cuando la cogió de la mesa y se la echó al hombro. Mitch agarró la suya y tiró de ella por el brazo hasta la ventana, abriéndola tan silenciosamente como pudo.
⠀⠀De repente, Angeline supo lo que le preocupaba. Podía oír voces en el pasillo fuera de su habitación. Debió resonar en el baño para que Mitch lo oyera antes.
⠀⠀—Vamos —siseó Mitch, ayudándola a salir.
⠀⠀Angeline se dejó caer por el otro lado, con el corazón saliéndosele del pecho al oír sonar el pomo de la puerta. Mitch corrió tras ella, cerrando la ventanilla tras de sí.
⠀⠀Un disparo sonó en el aparcamiento.
⠀⠀Angeline soltó un fuerte grito ahogado cuando Mitch gruñó de repente y se llevó la mano al hombro izquierdo. Sus ojos castaños se abrieron de par en par cuando él retiró la mano y la descubrió cubierta de un líquido carmesí, pero Mitch no se detuvo y la empujó hacia el coche.
⠀⠀—¡Vamos! ¡Échate hacia abajo! —Mitch gritó, los dos de ellos corriendo como un par de balas más dispararon en su dirección—. Entra en el lado del conductor.
⠀⠀Los ojos de Angeline se abrieron de par en par, pero hizo lo que le decían, arrojando su bolso al maletero mientras Mitch le lanzaba las llaves. Sus manos tantearon por un momento pero las metió en el contacto, viendo que Mitch empezaba a disparar a la gente que les había estado disparando.
⠀⠀—¡Joder! —Angeline gritó—. Soy una conductora de mierda, Mitch... ¡Ya te lo he dicho!
⠀⠀—¡Sólo hazlo! —Mitch llamó, gruñendo mientras disparaba—. Embrague abajo, primera marcha, vamos.
⠀⠀Angeline podría haber llorado simplemente por el estrés de arrancar el coche, algo que no había hecho en mucho tiempo y que había medio olvidado cómo hacer. Tardó casi diez segundos en arrancar, un chillido salió de sus labios cuando por fin salió del aparcamiento. Dio gracias a Dios de que las carreteras que los rodeaban fueran rectas y largas.
⠀⠀—¡Ve más rápido, Angeline, por Dios! —bramó Mitch, medio asomado a la ventana mientras seguía disparando.
⠀⠀Angeline quería gritarle y maldecirle por ponerla en primera línea, pero sabía que no era culpa de Mitch y que no tenían elección si ambos querían sobrevivir. El corazón le latía con fuerza mientras pisaba a fondo el acelerador y sus ojos se desviaban rápidamente hacia el espejo retrovisor.
⠀⠀Dos coches negros les seguían, uno incluso se incorporó al carril contrario y aceleró, tratando de alcanzarles. Angeline respiró con dificultad y miró rápidamente a Mitch, que se agachaba cuando sonaron los disparos.
⠀⠀—Están apuntando a las ruedas, deja de ir en línea recta —ordenó Mitch rápidamente antes de volver a sacar el brazo por la ventanilla y disparar.
⠀⠀Angeline tragó saliva e hizo lo que le decían, desviando un poco el coche mientras conducía por la larga carretera rodeada de árboles. Una bala atravesó la ventanilla trasera y Mitch le agarró la nuca, bajándosela un poco.
⠀⠀—Intenta permanecer agachada —ordenó.
⠀⠀Mitch consiguió disparar al volante de uno de los coches, Angeline soltó un pequeño suspiro de alivio cuando éste aminoró un poco la marcha. El segundo coche se acercaba y entonces Angeline sintió que chocaba contra su parte trasera. Aumentó la velocidad, la cantidad de responsabilidad bajo las yemas de sus dedos sintiéndose nada más que aterradora.
⠀⠀Otra bala rompió el retrovisor izquierdo y Angeline jadeó.
⠀⠀—Mitch... Mitch tengo que decirte los códigos.
⠀⠀—Ahora no —gruñó Mitch—. Concéntrate en conducir, no vas a morir.
⠀⠀Gimiendo, la morena hizo lo que le decían, esperando que Mitch pudiera deshacerse de ellos a tiempo. Empezó a recargar su arma, encorvándose en el asiento para protegerse mientras el coche que les seguía empezaba a ganar velocidad. Angeline susurró oraciones en voz baja, a pesar de no haber rezado nunca, y deseó lo mejor: ir aún más rápido. No se atrevió a mirar el velocímetro, pues sabía que le daría náuseas.
⠀⠀Una vez recargada su pistola, lo que hizo con pericia en cuestión de segundos pero que a Angeline le parecieron siglos, Mitch volvió a salir por la ventanilla y disparó de nuevo. Angeline oyó el cristal romperse y el chirrido de los frenos. Volvió a mirar por el espejo retrovisor y se quedó boquiabierta al ver que el coche se quedaba atrás, con la persona que conducía muerta.
⠀⠀—No reduzcas la velocidad —le dijo Mitch, respirando agitadamente mientras se recostaba en su asiento, con el sudor recorriéndole el cuerpo—. ¡Joder! —rugió, golpeándose la pierna con el puño—. Joder, nos tenían jodidamente acorralados y ni siquiera nos dimos cuenta.
⠀⠀—Viendo que estamos vivos, diría que nos dimos cuenta, sólo que fuimos bastante lentos al respecto —exclamó Angeline, tratando de calmarse mientras se atrevía a apartar los ojos de la carretera, encontrándose con una mueca de dolor de Mitch—. ¡Mitch, tu hombro!
⠀⠀—Está bien —murmuró—, pero no pares.
⠀⠀—¡Te han disparado!
⠀⠀—Podemos mirarlo cuando nos detengamos —protestó Mitch—. Si nos detenemos ahora, estamos muertos. Una bala en mi hombro será la menor de nuestras preocupaciones.
⠀⠀Angeline hizo una mueca.
⠀⠀—¿Quiénes... Quiénes eran?
⠀⠀—Los agentes de Williams —respondió Mitch bruscamente.
⠀⠀—¿Cómo estás tan seguro?
⠀⠀—Porque intentaban no dispararte —respondió Mitch—. No te quieren muerta, quieren que les des respuestas. A menos que tu padre quiera hacerlo él mismo, claro. Entonces quizá quiera que te lleven ante él.
⠀⠀Angeline sintió que iba a vomitar. El estómago le dio un vuelco y se le hizo un nudo en la garganta. Apretó el volante con más fuerza, olvidándose por un momento de que conducía. Su mano se dirigió rápidamente a la palanca de cambios para cambiar de marcha, y la mano de Mitch la agarró con fuerza y la metió en tercera. Se dio cuenta de que le costaba concentrarse.
⠀⠀—Oye —ordenó Mitch con suavidad—. Concéntrate en la carretera. Sé que te cuesta concentrarte, conducir, asimilar que tu padre es un cabrón. Sé que todo esto te cuesta, ¿vale? Pero si paras ahora, los dos estamos muertos, Angeline.
⠀⠀De alguna manera, sus palabras, aunque no muchas (viniendo de él bastantes), consiguieron despejar su cabeza un poco. Quizás era porque Mitch estaba siendo amable con ella, o tal vez porque sentía que alguien por fin la comprendía y entendía lo angustiada que había estado durante una semana. Estar huyendo de su propio padre era una locura, añadirle el resto a la ecuación lo hacía cien veces más abrumador.
⠀⠀Angeline respiró hondo y relajó un poco los hombros.
⠀⠀—¿Adónde quieres que vaya?
⠀⠀—Sigue por este camino, gira a la izquierda cuando veas una salida en esa dirección —le indicó Mitch—. Tenemos que dejar el coche. Así que tendremos que correr un poco en algún momento. Cuando estemos cerca de un pueblo.
⠀⠀Angeline hizo lo que le había mandado. Se sentía extraño ser la que conducía y no la que estaba sentada en el asiento del copiloto,
⠀⠀Angeline hizo lo que le dijeron. Se sentía extraña al volante en lugar de ir sentada del lado del copiloto, leyendo, durmiendo o soñando despierta, y por primera vez, prestaba atención a las señales de tráfico al llegar a un cruce. A la derecha, hacia una ciudad de la que Angeline nunca había oído hablar; a la izquierda, hacia una autopista de la que Angeline nunca había oído hablar.
⠀⠀Tenía que admitir que su geografía no era muy buena, sobre todo la de Estados Unidos. Todo en lo que Angeline había estado interesada era en las soleadas playas de California y, ocasionalmente, Nueva York. Se había mudado a los catorce años; no tenía ningún interés en otros estados o por qué eran conocidos. Conocía los nombres de los estados —no era estúpida ni completamente ignorante— pero no sabía ubicarse por los nombres de ciudades pequeñas ni por el aspecto de los estados menos conocidos.
Quizás si hubiera prestado más atención al país en el que había vivido los últimos cuatro años, sabría dónde estaba. Por desgracia, siempre había permanecido en California; allí tenía todo lo que necesitaba. Y en las raras ocasiones en las que iba a Nueva York a pasar un fin de semana de compras con Paige, cuya familia tenía un ático allí, viajaban en avión.
⠀⠀—¿Dónde estamos? —preguntó Angeline, esperando que él respondiera esta vez.
⠀⠀Mitch se burló.
⠀⠀—¿Aún no lo has averiguado? Pensé que lo habías hecho... Dejaste de hablar de ello.
⠀⠀—No me importaba mucho antes —admitió Angeline—. Sólo quería llegar a donde estuviéramos yendo rápido.
⠀⠀El hombre apretó la mandíbula por el dolor en el hombro.
⠀⠀—Wisconsin —gruñó.
⠀⠀Angeline casi dio un salto. ¿Se lo había contado? Mitch le había estado contando bastantes cosas últimamente, como si estuviera empezando a confiar un poco en ella. O quizás se lo contaba porque sentía tanto dolor que estaba delirando... A Angeline le preocupaba que fuera la última de las dos.
⠀⠀Giró a la izquierda, entrando en la autopista, haciendo muecas al ver todos los coches que pasaban a toda velocidad. Solo había conducido por autopista un par de veces. Mitch, en el asiento del copiloto, hacía todo lo posible por ignorar el dolor mientras sacaba su portátil de la bolsa y empezaba a escribir.
⠀⠀—¿Le vas a contar a tu jefe lo que ha pasado? —Angeline dudó en preguntar.
⠀⠀—Sí —gruñó Mitch—, aunque probablemente ya lo sepa. Algo va mal. Nos han encontrado dos veces en la última semana. Necesitamos un coche nuevo, y... y...
⠀⠀Angeline le dirigió una rápida mirada y soltó un grito ahogado cuando vio que se le escapaba el portátil y que sus ojos luchaban por mantenerse abiertos. Pasó a la vía rápida, con el corazón saliéndosele del pecho. Era extraño, hacía sólo un par de minutos que había estado gritando y disparando a los hombres, pero supuso que había sido la adrenalina.
⠀⠀—¡Mitch! —Angeline entró en pánico y estiró la mano para golpearle la pierna, lo primero que se le ocurrió—. ¡No te mueras, joder! ¡Mantén los ojos abiertos!
⠀⠀Los ojos de Mitch se abrieron por un momento.
⠀⠀—Yo... no me estoy muriendo —gruñó tercamente—. Sólo... sigue conduciendo.
⠀⠀Angeline se mordió un comentario sarcástico y siguió por la autopista, echando otro vistazo a Mitch un poco más tarde. Tenía los ojos cerrados y apenas se le levantaba el pecho. Angeline alargó la mano para sacudirle la pierna y sus ojos se llenaron inmediatamente de lágrimas de miedo cuando él no se movió ni se despertó.
⠀⠀—¡Mitch! —la chica morena gritó—. ¡Mitch!
⠀⠀A Angeline no le importaba adónde se dirigían, simplemente tomó la siguiente salida de la autopista. Condujo durante una eternidad, llamando continuamente al hombre inconsciente que tenía a su lado mientras buscaba un lugar donde detenerse. El pánico se apoderaba de ella: sabía que aquellos hombres probablemente habían comunicado a otros la matrícula de su coche, que probablemente les seguían, pero también que Mitch seguramente estaba a punto de morir.
⠀⠀Todo iba mal.
⠀⠀Su corazón no dejaba de latir sin descanso, no hasta que tropezó con un enorme campo con lo que parecían kilómetros de bosque detrás. Era lo que habían hecho la última vez cuando habían tenido que huir sin el coche. Angeline tomó la iniciativa de creer que era lo que Mitch querría que hicieran de nuevo, y se detuvo junto a unos arbustos, frenando rápidamente el coche.
⠀⠀En cuestión de segundos corrió hacia el lado del copiloto, abrió la puerta del coche y sacudió a Mitch. Sus ojos color avellana apenas se abrieron, pero Angeline se ahogó de alivio.
⠀⠀—Tienes que salir del coche para que pueda verte bien el hombro —le suplicó Angeline con lágrimas en los ojos.
⠀⠀Sólo esperaba que algún coche pasara a toda velocidad y les disparara más veces. Que llegara la competición de su padre y todo terminara. No sólo para ellos, sino también para miles de personas de todo el mundo.
⠀⠀Mitch gruñó, y su mano se deslizó hasta sujetar el antebrazo de Angeline mientras ella le agarraba el brazo. Su respiración se entrecortó al sentir la sangre caliente que se transfirió de la mano de él a la piel de ella, y su mente volvió inmediatamente a Zimmerman, pero se obligó a tragarse sus miedos. Por Mitch.
⠀⠀Ella le ayudó a salir del coche, esforzándose bajo su peso, pero Mitch hizo lo que pudo para ayudarla. Se apoyó contra el coche, casi perdiendo toda su energía por salir. Sus ojos volvieron a cerrarse por un momento.
⠀⠀—Hay un botiquín de primeros auxilios en el maletero —gimió Mitch—. Pero tenemos que apartarnos del coche. Muy lejos de él.
⠀⠀Angeline palideció.
⠀⠀—Tengo que ayudarte primero...
⠀⠀—Tenemos que movernos —la interrumpió Mitch bruscamente, su tono yuxtaponiéndose a su aspecto: pálido y sudoroso, como si estuviera a punto de morir en cualquier momento.
⠀⠀La morena se dirigió al maletero y cogió el botiquín verde, abriendo rápidamente las puertas de la parte trasera para coger también sus bolsas. Consiguió echarse las tres al hombro, sintiendo ya que el brazo se le podía caer por el peso mientras agarraba a Mitch con el otro, dejando que se apoyara un poco en ella.
⠀⠀Mitch les frenó mucho, lo cual era una primicia, pero a Angeline le preocupaba más que volviera a desmayarse. Su mano seguía moviéndose para agarrarse el hombro, su mano siempre saliendo con más sangre que antes. Su respiración era casi tan agitada como la de él cuando llegaron a las afueras del bosque unos diez minutos después. Mitch se desplomó una vez que estuvieron fuera del claro, como si toda su energía se hubiera desvanecido.
⠀⠀Angeline, jadeante, se tiró a su lado y le agarró la cara con las manos.
⠀⠀—¿Mitch?
⠀⠀No contestó, ni siquiera cuando Angeline empezó a darle golpecitos en la cara. Buscó frenéticamente su bolso y cogió lo primero que encontró. Maldijo al darse cuenta de que era su vestido informal favorito, pero lo colocó bajo el brazo de Mitch de todos modos, con la esperanza de que impidiera que la tierra sucia infectara su herida.
⠀⠀Angeline estaba agradecida de tener conocimientos básicos sobre lo que había que hacer, y de haber hecho un poco de formación en primeros auxilios en el pasado, así que sabía lo que era cada cosa. Cogió unas tijeras del botiquín y le cortó la camisa por donde tenía la herida, dejándosela al descubierto. Angeline casi se atragantó al ver la sangre y el agujero de bala, y respiró entrecortadamente cuando sacó un paño del botiquín y empezó a aplicar presión directa.
⠀⠀—Vamos, Mitch —susurró.
⠀⠀Casi lloró de alegría cuando sus ojos se abrieron de nuevo. Estaba luchando.
⠀⠀—Tenemos que sacar la bala —murmuró. Casi sonaba como si estuviera lejos.
⠀⠀Angeline le miró, horrorizada.
⠀⠀—¡No soy una jodida profesional de la medicina, Mitch! —le gritó—. ¡Tenemos que llevarte a un hospital, eso es lo que necesitamos! Las balas... Las balas son estériles, contaminarán tu sangre si intento...
⠀⠀—Lo he hecho antes —gruñó Mitch—, sólo hazlo. No me atravesó ni a la mitad, saca las pinzas...
⠀⠀Se notaba que se estaba cansando otra vez. Angeline empezó desesperadamente a aplicar más presión, haciendo que Mitch gritara un poco. Su corazón latía frenéticamente.
⠀⠀—Mitch, ¿dónde está el teléfono? Necesito llamarlos...
⠀⠀—No —exigió Mitch bruscamente—. No. Saben que me dieron. Williams o tu padre probablemente están esperando a que llegue a un hospital para poder atacar de nuevo...
⠀⠀—Mitch, ¡podrías morir! —Angeline le espetó.
⠀⠀—¡Tú podrías morir! —Mitch contraatacó bruscamente—. ¡Haz lo que te digo y ambos estaremos bien!
⠀⠀Sollozando, Angeline se vio obligada a asentir. Supuso que Mitch sabía más que ella, ya le habían disparado antes. Se dirigió al botiquín y sacó las pinzas que él le había dicho que cogiera. Mordiéndose el labio, Angeline respiró hondo y lo miró a los ojos. Él le hizo un pequeño gesto con la cabeza y Angeline avanzó.
⠀⠀Tuvo que apartar la mirada por momentos, sintiendo náuseas en el estómago mientras hacía todo lo posible por sacarle la bala de la herida con las pinzas. Angeline entró en pánico, esperando no estar haciendo más daño que bien, un suspiro de alivio la abandonó cuando la bala estuvo finalmente fuera de él. Mitch tenía sudor en la frente y la cara desencajada cuando ella terminó.
⠀⠀—A-Ahora —jadeó—, aplica presión otra vez. Sigue aplicando presión.
⠀⠀Angeline hizo lo que le decían, aplicando presión una vez más. Sintió que lo hacía durante mucho tiempo, hasta que se apartó y se dio cuenta de que ya no sangraba mucho. Con los hombros caídos, cogió el alcohol y un paño nuevo. Lo vertió en el paño y lo aplicó a la herida, sujetando con la otra mano la boca de Mitch, que empezó a gritar un poco.
⠀⠀—No pasa nada —le silenció rápidamente Angeline—. Sólo la estoy limpiando, ¿vale?
⠀⠀Estaba segura de que Mitch ya sabía lo que estaba haciendo y probablemente no necesitaba que lo mimara, pero estaba en su naturaleza intentar asegurarse de que estaba bien. Lo limpió hasta que estuvo segura de que estaría bien y luego se echó un poco hacia atrás.
⠀⠀—¿Y ahora qué? —preguntó.
⠀⠀—Sutúralo —dijo Mitch con sencillez, con un tono empapado de dolor incluso ahora.
⠀⠀Angeline se quedó con la boca abierta, pero no se atrevió a protestar. Cogió la aguja y la sacó de su paquete esterilizado, así como el hilo. Se mordió el labio mientras lo pasaba por la aguja, agradecida por las lecciones de costura que le había dado su difunta abuela cuando era niña. Después de hacer un nudo en el otro extremo, Angeline miró a Mitch.
⠀⠀—¿Estás seguro?
⠀⠀—Mhm —Mitch gruñó—. T-Tómate tu tiempo. ¿Sabes cómo hacerlo?
⠀⠀Angeline tragó con fuerza, parecía arrepentida.
⠀⠀—He visto una o dos películas.
⠀⠀—Estupendo —Mitch forzó una pequeña sonrisa, para sorpresa de ella—. Estoy en buenas manos, entonces.
⠀⠀La adolescente ni siquiera pudo contener una carcajada. Estaba demasiado preocupada; demasiado asustada de estropearle el hombro a Mitch o, peor aún, de acabar haciendo que lo mataran. Angeline se quitó la cinta del pelo de la muñeca y se lo ató desordenadamente en menos de cinco segundos, mirándole el brazo con cuidado. La herida no era grande, no necesitaría tantos puntos.
⠀⠀—Vale —respiró, tratando de tranquilizarse—. Vale...
⠀⠀La aguja le atravesó la piel y Mitch apretó los dientes mientras gritaba, provocando un alarido ahogado que resonó un poco mientras ella se la arrastraba por el brazo. Consiguió hablarle, su voz ayudó a Angeline y también se mantuvo un poco distraído del dolor. Se mordió el labio.
⠀⠀—Creo que me voy a desmayar del dolor —admitió Mitch somnoliento—. Eso... Debe haber golpeado algo.
⠀⠀Angeline palideció, sosteniéndole la nuca con la mano mientras lo miraba.
⠀⠀—¡Mitch, por favor, no! Qué... no sé qué hacer...
⠀⠀—Vuelve a sacar el portátil —gruñó Mitch—. Contacta con Stan Hurley... La contraseña es...
⠀⠀Cada vez estaba más débil mientras Angeline hacía el último nudo. Se acercó a su bolsa y rebuscó en ella. Había ropa, otro par de zapatos, armas... Ningún portátil.
⠀⠀—Mitch... ¡no está aquí! —Angeline entró en pánico, mirando por encima del hombro.
⠀⠀Otra vez estaba fuera. Angeline quería maldecirle, pero sabía que no era culpa suya. Cerró los ojos mientras pensaba, recordando cómo se le había caído del regazo en el coche. Murmuró algunas palabrotas en voz baja, sabiendo que estaba en el coche. Le palpó los bolsillos y tampoco encontró el teléfono.
⠀⠀—Volveré —susurró Angeline con miedo—. Volveré enseguida.
⠀⠀No sabía qué la había poseído, pero le plantó un pequeño beso en la parte superior de la frente y le alisó las líneas del entrecejo con las que se había desmayado. Mitch parecía mucho más tranquilo ahora, como si estuviera descansando de verdad, a pesar de que su cuerpo yacía entre unos árboles del bosque.
⠀⠀Angeline le dirigió una última mirada antes de correr por el campo lo más rápido que pudo. La adrenalina se impuso al miedo mientras sus pies golpeaban el suelo cubierto de hierba y respiraba entrecortada y rápidamente. Llegó al otro extremo del campo más rápido de lo que lo habría hecho si no estuviera bajo tanta presión, jadeando ligeramente mientras abría la puerta del copiloto.
⠀⠀Se agachó y encontró el portátil en el suelo. Lo abrió y gimió cuando «CONTRASEÑA:» apareció en la pantalla. Entonces se dio cuenta de que él nunca se lo había dicho: se había desmayado antes de tener la oportunidad. Angeline empezaba a pensar que toda su suerte se había acabado en el momento en que cumplió dieciocho años. O eso, o debía de haber hecho algo realmente malvado en una vida pasada.
⠀⠀Angeline probó un par de contraseñas que estaba segura de que no funcionarían, pero que valían la pena. Teniendo en cuenta que era propiedad de la CIA, supuso que la contraseña era un montón de números, letras y símbolos. No habría podido adivinarla aunque hubiera tenido tiempo. Empujándolo a un lado, Angeline se acercó al lado del conductor, con el cuerpo incómodamente apretado contra la palanca de cambios, mientras encontraba el teléfono en el lateral de la puerta.
⠀⠀Sentía que se iba a poner enferma mientras apretaba los labios. Angeline sabía que no podía presentarse en el hospital con Mitch; esperarían que estuviera con él y pondría en peligro a todo el mundo. Sabía lo que tenía que hacer, aunque Mitch la maldeciría por ello.
⠀⠀Angeline marcó el 911 y escuchó el timbre, con las palmas de las manos bañadas en sudor.
⠀⠀—911, ¿cuál es su emergencia?
⠀⠀—Mi... Han disparado a alguien —Angeline entró en pánico.
⠀⠀—¿Han disparado a alguien? ¿Respira? —preguntó la operadora.
⠀⠀—Lo hacía —Angeline cerró los ojos—. Quiero decir... creo que todavía lo hace. Tuve que correr a coger el teléfono... está... está bastante lejos ahora mismo.
⠀⠀—¿Sabe dónde se encuentra, señora? —preguntó la operadora con calma.
⠀⠀—No —lloró Angeline—. Justo al lado de una autopista en algún lugar. Estacionado al lado de un campo. Él... mi amigo está al fondo del campo, justo dentro del bosque. Tuvimos que correr, para asegurarnos de que las personas que... que nos dispararon no nos encontraran de nuevo.
⠀⠀—Está bien, señora, estamos haciendo todo lo posible para rastrear su teléfono en este momento. ¿Cree que podría volver con su amigo? Tenemos que asegurarnos de que no entre en estado de shock —dijo la mujer al otro lado del teléfono.
⠀⠀El corazón de Angeline latía con fuerza y se sentía enferma.
⠀⠀—No... no puedo —comenzó a llorar—. Solo... Por favor, lleguen lo más rápido que puedan.
⠀⠀Angeline colgó el teléfono y lo arrojó a los arbustos, donde lo rastrearían. Cerró la puerta del copiloto y empezó a subirse de nuevo al asiento del conductor, pero un coche negro que circulaba por el camino rural la dejó sin aliento. Se dejó caer de nuevo, intentando esconderse, con la esperanza de que solo fuera alguien que pasaba.
⠀⠀Pero estaba disminuyendo la velocidad.
⠀⠀Angeline sintió náuseas y volvió a fijar la mirada en el ordenador. Extendió la mano, lo agarró y lo partió por la mitad. Supuso que contenía información importante; información que Mitch no quería que nadie más tuviera a su alcance. Lo había estado guardando cerca por algo. Al menos, si estaba roto, nadie más podría acceder a él.
⠀⠀Angeline no veía nada, pero oyó portazos afuera. Gimió, apretando los ojos. Cuando los volvió a abrir, un hombre la observaba por la ventanilla del copiloto. La morena casi gritó del susto; forcejeó para sacar las llaves del contacto donde las había dejado.
⠀⠀La puerta tras ella se abrió de repente, su cuerpo casi cayéndose. Unas manos la rodearon por detrás, sacándola del vehículo. Gritando, Angeline intentó causar el mayor alboroto posible, retorciéndose en los brazos del hombre. Envolvió las llaves en su mano y clavó la parte metálica en la pierna del hombre que iba detrás de ella, oyendo un leve gruñido.
⠀⠀Otro hombre la agarró por las muñecas, apretándolas con fuerza, hasta que gritó y las soltó. Angeline no reconoció a ninguno, aunque había muchas personas que trabajaban en el negocio de su padre a quienes no conocía.
⠀⠀Una risa sombría la hizo apartar la mirada del hombre que acababa de aplastarle las muñecas. Sus ojos marrones, llorosos, se encontraron con unos gélidos, y un escalofrío le recorrió la espalda. Era Joey Williams; la competencia de su padre, el hombre que había aparecido en su puerta hacía ya tantas semanas.
⠀⠀—Bueno, Angeline —sonrió Williams—, nos has dado muchos problemas, pero me alegro de haberte encontrado ahora.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen2U.Com