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[ 🌙 ] - 02

Disclaimer: Detective Conan y Magic Kaito son propiedad de Gosho Aoyama.

Advertencia: Fanfic de género Yaoi/BL con drama, peleas, romance, golpes, sangre y mucho amor.

Cuando Kaito abrió los ojos, sintió frío en todo su cuerpo. Su cabeza punzaba de dolor y se encontraba algo mareado.

El eco de la lluvia a su alrededor era ensordecedor y le impedía ver al frente. Mojándolo y causando temblores. Quiso moverse pero le fue imposible, todo su cuerpo se estremeció y envío terribles oleadas de dolor con el más mínimo movimiento.

— Ugh… —se quejó. Mordiendo su labio inferior con fuerza. El dolor era terrible, como si un auto lo hubiera arrollado varias veces.

— ¿Kaito? ¿Estás despierto? —la desesperada pero inconfundible voz de Hakuba lo hizo olvidar momentáneamente su dolor y concentrarse en él—. No te muevas, estás muy herido, pronto llegaremos al auto. —declaró. Su voz se oía cansada y angustiada.

Kaito quiso responderle pero no tenía la fuerza para hacerlo, así qué optó por soltar un lastimero quejido en respuesta.

— Está bien, estarás bien... —las palabras de Hakuba vibraron contra su cuerpo y no fue hasta entonces qué se percató de qué se encontraba sobre la espalda del rubio.

¿Qué había sucedido?

Kaito trató de recordar pero el dolor en su cabeza se lo impidió. Solo vagos momentos pasaron por su mente: La joya, la trampa, el ataque y luego… Nada.

Las gotas de lluvia golpeando contra su espalda lo hicieron temblar, aferrándose inconscientemente a Hakuba, Kaito busco su calidez. Aquella que siempre fue capaz de sentir cuando dormían juntos de niños, cuando se tomaban de las manos al pasear y se abrazaban sin miedo al jugar.

Kaito podía sentirlo, la tenue pero reconfortante calidez qué emanaba el cuerpo de Hakuba. Él sentía como su corazón palpitaba y su respiración se agitaba debido a la situación. Era acogedor.

Le recordaba cuando, de niños, cargaba a Hakuba en su espalda siempre qué este se lastimaba y lloraba. En aquél entonces el rubio era tan pequeño, como un lindo cachorrito perdido. Siempre detrás suyo, meneando la cola y buscando afecto.

Una sonrisa se formó en sus labios al tiempo qué una débil risa se le escapaba. Era tan divertido recordarlo.

— ¿Kaito…? —Hakuba lo llamó. Sintiendo que el mago solo se aferraba a su espalda con desesperación.

Para Kaito, Hakuba era como el sol del verano, tan cálido y lleno de vida. Siempre quiso protegerlo porque le gustaba eso.

Sin embargo ahora, al parecer, los papeles se habían invertido inevitablemente.

En algún momento Hakuba creció, ya no era aquel niño qué lloraba con facilidad, tampoco era torpe con las palabras o tímido al conocer gente nueva.

Pronto, aquel escuálido niño creció, mejoró su japonés a uno perfecto y se volvió mucho más alto que él. Tan injusto.

Sin embargo, sus facciones no cambiaron mucho y siguió siendo tan lindo como Kaito recordaba. Aunque pronto pasó a ser más atractivo, qué lindo. Aquello lo ponía nervioso.

Kaito se sintió nostálgico, ¿En qué momento habían pasado tantos años? Era fascinante lo rápido qué pasaba el tiempo.

Sonriendo con nostalgia, Kaito se acercó al oído de Hakuba y se obligó a dejar a un lado su dolor para susurrarle unas últimas palabras.

— Saguru… —lo llamó con calma. Había dicho su nombre tantas veces y, sin embargo, aún se sentía tan raro al hacerlo—. Eres tan cálido, me gusta… —dijo finalmente antes de dejarse caer nuevamente en la inconsciencia y el cansancio.

Cuando Kaito abrió los ojos por segunda vez, aquella noche, el paisaje a su alrededor había cambiado nuevamente.

Su cabeza aun dolía pero no tanto como antes, su cuerpo aún se encontraba adormecido y su vista era algo borrosa.

Con calma, se incorporó en la cama y observó a su alrededor, adivinando rápidamente donde se encontraba.

Paredes de un aburrido color beige, elegantes muebles de caoba y una alfombra verde. Un gran ventanal a un lado y cortinas blancas. Era la habitación de Hakuba.

Kaito sonrió con nostalgia, recordando las veces qué estuvo en esta habitación jugando con Hakuba. De niños solían correr y esconderse en esta habitación cuando hacían alguna travesura.
Al mismo tiempo, el recuerdo de la primera vez qué sus labios se encontraron llegó a su mente; la primera vez qué se tocaron y declararon sus sentimientos por el otro.

Un brillante rubor cubrió sus mejillas mientras su vista descendía hasta la cama. Aunque pasara el tiempo, aquellos momentos seguirán haciéndolo sentir tan tímido y avergonzado como la primera vez.

— Estás despierto.

La repentina voz de Hakuba, proveniente del marco de la puerta de entrada, lo hizo saltar levemente del susto.

— Uhhh, si… —musito Kaito con pesar mientras dirigía su mirada al rubio. Percatándose de que aquellos ojos avellana lo veían con intensidad—. ¿Qué sucedió? —cuestionó finalmente.

Saguru pareció dudar por un momento antes de acercarse a él y tomar asiento al borde de la cama. Un pesado y largo suspiro abandonó sus labios antes de hablar.

— Snake y sus hombres te tendieron una emboscada cuando estabas huyendo, aunque pudiste escapar de ellos. —dijo y pareció indeciso con sus siguientes palabras—. Pero le dispararon a tu ala delta y caíste desde la altura de un tercer piso. —confesó lleno de angustia e impotencia.

Hakuba se sentía tan inutil, desde qué Kaito había comenzado su doble vida como KID, se había prometido asimismo que lo protegería de cualquier peligro. Sin embargo había fallado terriblemente el día de hoy.

— Ya veo… —susurro con cansancio. Snake y sus hombres era un problema con el cual siempre tratar al momento de realizar un atraco. Necesitaba hacerse cargo de ellos rápidamente.

Kaito quiso preguntar más cosas, como el paradero de la joya o el estado físico de Hakuba, sin embargo, se vio frenado al ver el rostro pálido y lleno de angustia de su amante.

Su corazón dio un vuelco y los nervios se hicieron presentes. Esto no estaba bien.

Rápidamente, Kaito dejó a un lado sus preocupaciones y se concentró en Hakuba. Conociéndolo mejor qué nadie, sabía qué el contrario seguramente estaba pasando por una crisis emocional o algo parecido.

Aquello siempre sucedía cuando se lastimaba o estaba en peligro, Kaito ya estaba acostumbrado y sabia que hacer. Debía dejarle en claro qué se encontraba bien.

— Saguru, mírame. —exigió con voz suave y demandante—. Estoy bien, así qué deja de hacer esa cara. —dijo mientras se estiraba para alcanzar la mano de Hakuba y acariciarla suavemente.

Y, como siempre, Saguru se derritió ante su toque. Como si de un pequeño niño se tratase, dejando a un lado su malestar y corriendo a su lado. Arrastrándose por la cama para llegar a su lado y envolverlo entre sus brazos.

Tan cálido y reconfortante. Kaito se sentía seguro y en casa.

— Me asustaste… —murmuró con pesar. Aferrándose al delgado cuerpo de Kaito con delicadeza para no causarle daño.

El recuerdo del cuerpo herido e inconsciente de Kaito entre sus brazos rondaba su mente, atormentandolo. Estaba seguro de qué esto le causaría pesadillas por un tiempo.

— Lo sé, lo siento. —dijo Kaito mientras correspondía el abrazo. Hundiendo su rostro en la hendidura del cuello de Hakuba y aspirando su aroma.

Lentamente, ambos se dejaron caer sobre la cama y se acurrucaron juntos bajo las mantas. Pequeñas caricias comenzaron a repartirse entre ambos al tiempo qué sus labios se juntaban con necesidad.

Querían tocarse, sentirse y saber qué estaban juntos. Se necesitaban mutuamente para calmar sus miedos.

Luego de una ronda de besos y caricias, ambos se detuvieron. Manteniéndose cerca y con sus manos entrelazadas.

Kaito se preguntó cuando todo había cambiado tanto, ahora ya no eran niños ni mucho menos amigos qué jugaban juntos.

Ahora ambos eran amantes, novios, y se amaban el uno al otro. Tan divertido.

Kaito no era capaz de recordar cuando empezó a sentirse así por Saguru, sin embargo estaba feliz de ser correspondido y vivir de este modo.

Estar con Hakuba fue encantador, cálido y emocionante. Lo hizo sentir seguro y lleno de vida. Lo amaba, lo amaba demasiado.

Y, como si Hakuba fuera capaz de leer su mente, se acercó a Kaito y plantó un suave beso en su mejilla antes de romper el silencio entre los dos.

— Te amo. —declaró con tanto cariño qué Kaito sintió su corazón derretirse.

— Yo también te amo. —respondió con cariño, mientras se aferraba a Hakuba y un brillante rubor cubría sus mejillas.

Saguru sonrió enternecido mientras acariciaba la espalda de su amante con cariño.

Aquel día había sido pesado, entre el atraco y el accidente, Hakuba no podía dejar de sentirse inutil.

Aun cuando Kaito había hecho tanto por él en el pasado, él seguía sin tener la fuerza o el poder de protegerlo. Se sentía tan impotente.

Por suerte, las heridas no habían sido graves, ningún hueso se había roto y el golpe en la cabeza fue leve al haber sido amortiguado por algunas cajas de cartón. Luego de que el doctor de su familia lo revisará y le recetará algunos analgésicos para los dolores, fue qué finalmente Hakuba se calmó.

Sin embargo, no podía deshacerse por completó de su preocupación. Odiaba qué Kaito se lastimara y odiaba aún más no ser capaz de protegerlo.

— Lo siento, no pude protegerte. —declaró sin más. Sorprendiendo a Kaito.

— ¿Por qué te estás disculpándote?

La voz de Kaito fue dura y llena de disgusto, Hakuba no pudo evitar temblar al oírlo. Sin embargo, se obligó a hablar.

— No tengo lo necesario para protegerte. —dijo finalmente. Hundiendo su rostro en el cuello de Kaito y causándole cosquillas.

Kuroba soltó una pequeña risa antes de aclarar su garganta y hablar nuevamente.

— ¿Lo necesario para protegerme? ¿Qué diablos es eso? —musito con gracia mientras acariciaba los cabellos de Hakuba—. Literalmente me cargaste en tu espalda hasta el auto y me trajiste a un lugar seguro para tratar mis heridas. —explicó con calma—. Así qué dime, ¿Qué parte de eso está mal para qué digas eso? —exigió saber.

Hakuba dudó, las palabras de Kaito estaban llenas de verdad, sin embargo no lo convencían completamente.

— Si hubiera sido más rápido no habrías salido herido. —dijo con tristeza—. Quizás podría haber evitado el ataque y protegerte de Snake y sus secuaces, yo…

— Detente ahí. —lo interrumpió con voz firme. Kaito se apartó de Hakuba y busco su rostro para obligarlo a verlo a los ojos.

El amatista se encontró con la avellana, brillando intensamente el uno por el otro, lleno de amor y adoración.

— Si hubieras llegado antes te podrían haber matado. —acató Kaito con dureza. Su voz estaba llena de preocupación y a la vez alivio de no haber sido aquel el caso.

— Eso no impor…

— ¡No digas qué no es importante! —exclamó con molestia mientras jalaba de las mejillas de Hakuba—. ¡Tú, estupido pomposo! ¿Crees qué sería feliz si por mi culpa sales herido? ¡Piensa un poco en mis sentimientos! ¿Cómo me podría sentir si mi novio es herido de gravedad al protegerme? ¡Eres un idiota!

Kaito grito, lleno de angustia e impotencia al ver lo poco que valoraba su vida. Siempre tratando de cuidarlo, siempre intentando protegerlo de todo. Estaba cansado de ello.

— Ya hemos hablado de esto. —declaró mientras soltaba las mejillas, ahora rojas, de Hakuba y se aferraba a este.

— Lo sé… —musito Saguru mientras abrazaba a Kaito con delicadeza—. Pero, ¿Cómo puedo estar tranquilo cuando estas cosas pasan? Kaito, tú también debes pensar un poco en mis sentimientos y en cómo me siento al verte herido.

Kaito permaneció un momento en silencio, procesando y entendiendo a profundidad las palabras de Hakuba. Entendiendo su punto de vista, él tenía razón.

— Lo siento… —murmuró con pesar al darse cuenta de qué Hakuba también se sentía como él con respecto a este tema.

Hakuba sonrió ampliamente antes de besar con cariño la cabeza de Kaito.

— Está bien. —dijo con calma.

Ambos permanecieron en un reconfortante silencio. Las cosas eran difíciles, sus vidas constantemente estaban en peligro y, sin importar lo que hicieran, en algún momento terminarían heridos. Lo sabían, pero aquí estaban ellos, aun intentando protegerse mutuamente.

Y seguirán intentándolo pase lo que pase.

—¿Qué puedo hacer para hacerte sentir bien en estos momentos? —Hakuba cuestionó finalmente.

Kaito, quien estaba tranquilamente preparando el desayuno para ambos, se sintió perdido ante su repentina pregunta.

— ¿Qué? —preguntó mientras continuaba cocinando. Era de mañana y él se había levantado antes para darle un delicioso desayuno a Hakuba. Era un agradecimiento por lo de la noche anterior.

Así que se puso manos a las obra en cuanto llegó a la cocina, pero a mitad de su trabajo se vio interrumpido por Hakuba y su repentina pregunta.

— Me refiero a cuando te lastimas o me lastimo. —aclaró y Kaito finalmente pudo entenderlo—. ¿Qué debería hacer?

Kaito pensó por un momento antes de responder con calma.

— Quédate a mi lado. —declaró con simpleza—. Quiero qué estes conmigo así, brindándome tu calidez. —dijo mientras detenía sus movimientos en la cocina y se acercaba a Hakuba para plantar un dulce beso de "buenos días" en sus lábios.

Saguru no pudo evitar soltar una pequeña risa antes de sujetar a Kaito de la cintura y repartir pequeños besos por su rostro.

— Entonces, tú también házlo. —pidió y Kaito simplemente soltó una risa.

— Por supuesto.

Su respuesta fue rápida y simple, pero Kaito supo qué el problema había sido resuelto. Hakuba se veía mejor, menos ansioso y preocupado. Eso estaba bien.

A partir de ahora, ambos estarían bien sin importar lo qué sucediera. Porque estaban juntos en esto y su amor era ilimitado.

Fin

Hey~ ♡
¿Que tal todo?
Espero que muy bien <3

Aqui la parte final de esta historia yay!
Sinceramente no me termina de convencer asi que quizas en un futuro lo re-edite lol

En fin, muchas gracias por leer 💖
Que tengan un lindo dia💕

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