Capitulo IX
Gran error. Al cabo de unas horas, la niña arrasó con todo el lugar como si se tratase de un huracán furioso, la casa y su granja estaban cubiertas de sangre animal, los pollos degollados y sin extremidades, la vaca lechera, desangrada por el muslo, moribunda a la luz del sol ardiente, la familia de cerdos, cortados a la mitad, sin costillas.
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