Prólogo
El atardecer atravesaba los ventanales del pasillo de la escuela secundaria, dándole al ambiente un baño de luz color naranja encendido. Acompañado de un silencio prolongado, dando a entender que no quedaba casi nadie en la escuela a esa hora.
Takemichi caminaba con pasos tranquilos debido al cansado, con el peso de su mochila en el hombro y la mente aun repasando sobre el favor que le había tenido que hacer a su profesor, algo relativamente sencillo, pero que le había tomado más tiempo del necesario. Lo cual, lo llevo a caminar solo de regreso. Sus amigos se habían marchado antes porque tenían asuntos importantes de la pandilla que discutir.
Mientras caminaba por el pasillo inusualmente largo, con la luz del atardecer dibujando sombras alargadas en el suelo. Takemichi sintió una ligera incomodidad. No era la primera vez que se quedaba hasta el atardecer en la escuela, pero esta vez se sentía algo diferente, como si el silencio esta vez fuera más profundo. Como si algo estuviera a punto de cambiar para siempre.
Fue entonces cuando la vio. Junto a una de las ventanas se encontraba una figura de alguien, una estudiante que antes no había visto. Miraba hacia el horizonte, pero su mirada era vacía, como si no mirara nada en realidad. Había algo extraño en ella, no por su apariencia, sino como si hubiera un aura invisible que la rodeará, que provocaba una sensación de desconexión con el mundo a su alrededor.
No dijo nada. Simplemente concluyó que era su imaginación debido a su cansancio. Así que decidió continuar su camino. O al menos, lo intentó. Porque al pasar a su lado, ella hablo de repente.
—Si hoy fuera la última vez que ves a la persona que hace latir tu corazón... —comentó, con la mirada fija en la ventana, como si la pregunta no estuviera dirigida realmente a él, pero aun así, lo atravesará. —¿qué le dirías?
Takemichi se detuvo, confundido. La pregunta era extraña, fuera de lugar, demasiado personal para un encuentro casual. Lentamente giró la cabeza hacia ella.
—¿Eh? —fue lo único que pudo soltar por la confusión. La pregunta no tenía sentido. Al menos no para él, y mucho menos para alguien que veía por primera vez. —No entiendo... —respondió, rascándose la nuca con cierta incomodidad, intentando restarle importancia a algo que, por alguna razón, le resultaba increíblemente perturbador. —Pero no tengo a nadie que haga latir mi corazón de esa manera.
La respuesta que dio fue natural. Demasiado natural. Como si ni siquiera se hubiera molestado en detenerse a pensar detenidamente en la pregunta.
Takemichi percibió algo inquietante en aquella chica. Una sonrisa profunda, casi compasiva apareció en su rostro mientras apartaba la mirada de la ventana y lo observaba fijamente, por primera vez.
—¿Estás seguro? —cuestionó ella, antes de darse la vuelta y caminar tranquilamente por el pasillo. Como si todo solo hubiera sido algo sin sentido. Como si no importara en absoluto.
Al mismo tiempo que ella se alejaba por el pasillo, sus labios se movieron en un susurro que el viento del atardecer ocultó a los oídos de Takemichi: "Lo siento... pero este es el precio que debes pagar... por culpa de él".
Ajeno a la sentencia que acababa de ser dictada por una falta que él no había cometido, Takemichi retomó su camino, despacio y pensativo. La pregunta de la chica seguía rondando en su cabeza. Repitiéndose una y otra vez: "¿Estás seguro?". Frunció el ceño.
—Qué pregunta mas extraña... —murmuró Takemichi para sí mismo.
A medida que avanzaba, el pasillo parecía extenderse de forma antinatural. Las sombras de las ventanas se proyectaban como barrotes largos sobre el suelo. Y aquella pregunta persistía en su mente. "Si hoy fuera la última vez...".
—No tengo a nadie así en mi corazón... —se repitió en su mente. Pero entonces, como si una película cobrara vida en su mente, una avalancha de recuerdos lo inundó.
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Un parque infantil. Dos niños sentados en la cima de una estructura de juego infantil llamada barra de monos. Ambos tranquilos miraban el cielo en silencio, absortos en sus pensamientos. Hasta que el niño de ojos negros rompió el silencio.
—Takemichi, me he fijado una meta. —comentó con una sonrisa mientras volteaba la mirada hacia él. Sus ojos se encontraron. Takemichi vio la mirada de determinación en el rostro de su amigo. —Formaré una pandilla. Crearé una nueva era de delincuentes. —mencionó con una sonrisa confiada. Luego, extendió una mano hacia él. —Y tú serás el primer miembro de mi pandilla. Qué dices, ¿aceptas? —preguntó con una sonrisa en los labios y su mano extendida. El brillo de confianza en la mirada de Shinichiro era abrumadora, pero muy cálida. Por lo que, Takemichi no dudó en estrechar la mano de Shinichiro, cerrando un juramento entre ambos.
—Esta bien, aunque seamos débiles. Se qué con tu liderazgo nos convertiremos en la pandilla más fuerte y creamos la nueva era de delincuentes que deseas. —respondió Takemichi con una sonrisa.
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El corazón de Takemichi empezó a latir suavemente. Mientras otro recuerdo se instalaba en su mente.
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La pandilla que había formado con Shinichiro de niños, llamada Black Dragon. La banda tuvo su primer enfrentamiento cuando apenas cumplió los 14 años. En aquella pelea, todo fue un caos y torpeza; los golpes fallaban y los errores abundaban. Pero al final, Black Dragon, logró su primera victoria contra otra pandilla. Aunque el precio de ganar fue un cuerpo dolorido y exhausto. Ahora ambos yacían tendidos en el suelo.
Shinichiro a pesar de sus heridas, se levanto del suelo. Camino hacia él y le extendió su mano.
—Somos un desastre total... pero no estuvo mal para ser nuestra primera pelea. —comentó Shinichiro. Su risa resonó en sus oídos.Sus ojos estaban llenos de orgullo y felicidad.
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El corazón de Takemichi latió con más fuerza. Y otro recuerdo resurgió en su mente.
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Se sentó en el suelo, compartiendo comida barata y charlando sobre trivialidades con sus amigos. Wakasa bromeaba, Benkei se reía a carcajadas y Takeomi intentaba mantener una conversación seria, pero fallando. Y Shinichiro mirándolo, sonriéndole, como si ese momento fuera suficiente.
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El corazón de Takemichi latía cada vez más rápido. Y otro recuerdo se sumó.
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La noche era tranquila, iluminada por una escasa cantidad de estrellas. El aire era frío, pero con Shinichiro sentado a su lado en el columpio de aquel parque infantil de su infancia, el frío parecía desvanecerse.
—No importa lo que pase —dijo Shinichiro con una expresión tranquila. —, siempre puedes contar conmigo, Takemicchi. —terminó de hablar, colocando su mano fuerte y reconfortante en su hombro.
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Cada recuerdo que se sumaba le oprimía el pecho y le aceleraba aún más los latidos del corazón.
—Eso es... —murmuró Takemichi, sus ojos se abrieron con una claridad dolorosa. —Ahora finalmente lo veo.
El corazón, aquel que decía que no latía por nadie, golpeó con una fuerza salvaje contra sus costillas. Una urgencia desesperada se apoderó de sus piernas. Al principio, caminó despacio, luego empezó a correr más rápido, con todas sus fuerzas.
—Yo... yo quiero... realmente quiero... —pronunció en su mente. Las imágenes se superpusieron, se mezclaron y de repente se volvieron claras en su mente.
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Shinichiro recostado contra su moto, sonriendole.
Shinichiro mirándolo como si confiara en él sin condiciones.
Shinichiro llamándolo por el apodo familiar.
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—¡QUIERO ESTAR CON SHINICHIRO! —gritó con fuerza en su mente.
Los pasos resonaban por el interminable pasillo. Necesitaba encontrarlo, necesitaba decirle lo que acababa de descubrir: que Shinichiro era la luz de su vida. Pero algo sucedió, el mundo frente a él se tambaleó. Su vista se tornó borrosa, las luces del atardecer se volvieron una mezcla confusa de colores y sus piernas, que antes estaban firmes, ahora cedían contra el suelo.
Cayó pesadamente. El suelo estaba frío, pero el dolor que recorrió el cuerpo era como un fuego abrasador. Sintió que sus músculos dejaban de obedecerle, como si una mano invisible le hubiera cortado los hilos como una marioneta. La pregunta de la chica regresó a su mente, golpeando como un martillazo: "Si hoy fuera la última vez...".
A pesar del dolor, luchó por arrastrar sus dedos temblorosos con desesperación hacia la salida de la escuela. Al mismo tiempo, otro recuerdo apareció en su mente.
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Shinichiro mirándolo serio, una mirada que pocas veces mostraba.
—No importa qué pase... este grupo existe porque tú también estás aquí.
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A Takemichi le dolía el pecho, pero no era solo por el dolor físico. Su respiración se volvió entrecortada, un silbido atrapado en la garganta. El dolor era abrumador, una marea oscura que amenazaba con cegarlo. Con un último esfuerzo, estiró su brazo tembloroso hacia la puerta de la salida, hacia esa libertad donde Shinichiro lo esperaba, sin saber que su tiempo se había agotado.
—Yo solo... —balbuceó mientras una lágrima rodaba por su mejilla. La imagen de la sonrisa de Shinichiro se convertía en su último refugio. —Quiero verte... Shinichiro... —pensó por última vez antes de que la oscuridad lo sumergiera.
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Este capitulo esta algo inspirado en un anime que vi hace un tiempo. Esta bueno como una introducción para la historia. Reproduzcan el sonido del video para darle ambientación al capitulo.٩(^ᴗ^)۶
Será mejor que se pongan un casco, porque puede que la historia tenga momentos tristes o bueno, quizás no tenga tantos momentos tristes, pero por si acaso, es mejor llevar casco. ʕ•ᴥ•ʔ
En cuanto si el final será feliz o no, eso dependerá de como se va desarrollando la historia. Y mencionaré también, que muchas cosas de la trama coinciden con el anime y el manga, solo en respecto a los arcos de la historia, pero lo demás se cambiará para que encaje en la trama. Recordar que esta historia es Todos x Takemichi. Así que por el momento no hay una pareja definitiva. Y el romance entre los personajes se desarrollará algo lento, o intentare hacerlo lento. Por lo que por el momento, tomen un pastelito para endulzar su vida. (つ≧▽≦)つ🍰
(La imagen es de Pinterest y muestra cómo se llevan bien).
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