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[ ✨️ ] - 02

Disclaimer: Detective Conan y Magic Kaito son propiedad de Gosho Aoyama.

Advertencia: Fanfic de género Yaoi/BL con AU, ooc, drama, romance, malentendidos, magia, sangre, violencia, lenguaje vulgar y estrés (?).

Kaito nunca vio el rostro de la persona de sus sueños.

Al principio, solo era una sombra borrosa qué no podía distinguir. En realidad, el sueño, en sí, solo era una escena sin sentido al inicio.

Creyó qué los sueños eran una secuela de su incidente, creyó qué se detendría conforme pase el tiempo.

Pero no fue así.

En cambio, empeoraron, los sueños se volvieron recurrentes y la escena más viva.

Desesperación, tristeza y miedo.

Era agobiante.

¿Por qué debía pasar por esto?

¿Qué debía hacer para recuperar su paz?

Kaito sabe qué cometió errores, qué confió en las personas incorrectas y quizás merece un castigo pero no está seguro de qué esto sea justo.

Siente qué su vida se está derrumbando.

Ignorando el zumbido de su teléfono, Kaito trazó su camino en dirección a su departamento.

El cielo ya había oscurecido cuando llegó a casa.

No encendió las luces. Caminó en silencio hasta dejarse caer sobre el sofá, con la mente llena de pensamientos que no podía ordenar.

Se cubrió el rostro con ambas manos.

Está tan cansado.

No logra comprender la situación en la que se encuentra y mucho menos sus sentimientos.

El chico del sueño apareció en frente suyo, está seguro de qué es el aun cuando su rostro no era claro.

Hay un sentimiento de certeza en su interior que se lo asegura.

Era él. No había duda.

— No entiendo nada… —susurró al vacío, con el corazón aún latiendo con fuerza y un sofocante terror arremolinado en su pecho.

Trató de convencerse de que era una coincidencia. Que los sueños no significaban nada. Que su mente, exhausta y saturada, le estaba jugando una mala pasada.

Pero, en su interior, lo sabía. Lo había sentido en lo más profundo de su pecho. Ese chico no era un simple desconocido o una mera coincidencia.

Había algo más.

Era como si una parte de él lo hubiera estado esperando.

Y eso era… aterrador.

Kaito pasó la noche entera despierto.

Intentó leer sus libros de texto. Escuchó música. Incluso salió a caminar para despejarse.

Nada funcionó.

Solo cuando el sol comenzó a asomarse por la ventana, logró cerrar los ojos.

Esta vez, no soñó.

Cuatro dias pasaron.

Kaito no volvió a tener pesadillas, pero sí una ansiedad constante que lo acompañaba como una sombra.

Se sumergió en el trabajo de la cafetería más de lo usual, ignorando todo lo demás. Tomó más turnos, estudió más y se resguardo en su departamento como un ermitaño.

Huyó cuanto pudo.

Todos lo notaron, por supuesto, pero no dijeron nada. No podían.

Después de todo, no era la primera vez, sabían qué esto podría volver a suceder y estaban preocupados.

Pero no podían hacer nada más qué observar y acudir a su ayuda cuando Kaito los necesitará.

Akako, por su parte, lo observaba con esa mirada analítica suya, como si supiera más de lo que aparentaba. Le dio a Kaito todo lo qué pidió, horas extras, horarios flexibles y un lugar para esconderse.

Esperó pacientemente, no preguntó nada y simplemente lo dejó ser.

Kaito se lo agradeció internamente.

Solo necesitaba un par de días más, entonces podría volver a ser como antes.

Podría volver a ser el mismo.

Lastima qué el tiempo se le había acabado.

Fue un viernes por la tarde cuando todo volvió a sacudirse.

La mañana de aquel día fue difícil de sobrellevar, su cuerpo estaba exhausto de tanto trabajar y dormir tan poco.

No había vuelto a soñar con aquel chico, sin embargo el miedo aún prevalecía y Kaito se limitaba a dormir lo mínimo necesario.

Estaba cansado.

Se encontraba desayunando cuando un mensaje lo hizo temblar.

> "Ey, ¿sigues vivo? Al menos responde los mensajes. Recuerda qué te debo una cena. ¿Te parece bien salir este fin de semana?
Aoko dijo qué quiere hablar contigo sobre el chico con el que te chocaste el otro día. <

Kaito sintió un nudo en su garganta.

¿Qué demonios…?

Respondió rápidamente el mensaje y espero una respuesta.

> ¿Que pasa con ese chico? <

Esperaba no sonar muy condescendiente.

Hakuba respondió al instante.

> Su nombre es Shinichi Kudo. Estudia en la misma universidad que Aoko. Estaba en su grupo de estudio, el de los martes. Dijo que te notó extraño y que se preocupó un poco.
Quiere ponerse en contacto contigo. <

Kaito leyó el mensaje una vez. Luego otra. Y otra más.

« Shinichi »

Ese era su nombre.

El estómago se le revolvió y una punzada desconocida le atravesó el pecho.

¿Estaba preocupado por él? ¿Por qué?

Kaito tragó saliva.

— ¿Por qué me está pasando esto…? —susurró, dejando el celular boca abajo sobre la mesa.

El nombre giraba en su cabeza como un eco sin final.

« Shinichi
Shinichi
Shinichi »

Había algo en ese nombre que lo ponía ansioso.

— Maldición… —susurró antes de tomar nuevamente su teléfono y responder vagamente.

> Está bien, vamos. <

Terminó su desayuno en silencio y se preparó para ir a trabajar. Tenía un turno largo ese día, pero por primera vez en la semana, se sentía inquieto.

Como si algo estuviera a punto de suceder.

La tarde transcurrió con normalidad en la cafetería.

Akako se encontraba en la trastienda revisando cuentas y pedidos, mientras Kaito se encargaba de atender a los pocos clientes que entraban. Se movía en automático, sin pensar demasiado.

Se encontraba limpiando una de las mesas cuando escuchó la campanita de la puerta sonar.

— ¡Bienvenido! —exclamó una sonrisa servicial antes de girarse y ver al recién llegado.

— Kaito-kun. — Shinichi lo saludó, su voz fue suave, casi contenida, pero bastó para helarle la sangre.

Su sonrisa flaqueó y su cuerpo se tenso.

« Shinichi Kudo »

Ahí, de pie, con una carpeta bajo el brazo y una mirada cautelosa. La misma cara que había visto una y otra vez en sus pesadillas.

El mismo chico.

El aire se volvió denso.

— ¿Nos… conocemos? —fue lo único que logró decir, aunque su voz sonó tensa, forzada.

Shinichi esbozó una sonrisa qué claramente no se reflejaba en sus ojos llenos de decepción.

— Algo así... —musito con una pizca de tristeza—. Me llamo Shinichi Kudo, soy compañero de estudio de Aoko. —se presentó con calma—. Me dijeron que trabajas aquí…

El mundo se frenó.

« ¿Me dijeron...? »

Una descarga helada recorrió el cuerpo de Kaito. Recuerdos desagradables invadieron su mente haciéndolo temblar.

— ¿Quién...? —murmuró, sin poder evitar que su voz se quebrara.

Su corazón comenzó a latir con fuerza desmedida. Una opresión le cubría el pecho. Las palabras no encajaban. La lógica no cerraba.

¿Cómo sabía su nombre? ¿Cómo sabía dónde trabajaba?

Hakuba no lo haría. Aoko tampoco.

No le darían su información personal a nadie.

No sin preguntarle.

El mensaje qué recibió esa mañana era una prueba clara de qué no eran ellos.

El miedo se coló por cada rincón de su cuerpo, como una sombra pegajosa que conocía demasiado bien.

Lo sentía de nuevo. Esa sensación.
Esa vulnerabilidad.

Un segundo más y el aire dejó de entrar a sus pulmones.

— ¿Estás bien? —Shinichi preguntó con preocupación. Dio un paso hacia él.

« ¡Demasiado cerca! »

— ¡No! —el grito salió antes de que pudiera detenerlo.

Kaito retrocedió bruscamente, chocando con el mostrador y tirando un par de copas al piso. El sonido del vidrio rompiéndose resonó en el silencio repentino del local.

Akako, que había escuchado el ruido, salió casi de inmediato, sus ojos se posaron entre ambos.

Shinichi retrocedió con preocupación, sin entender lo que acababa de pasar.

— Lo siento, no quise… —intento hablar pero fue interrumpido.

Akako intervino rápidamente, posando una mano firme en el hombro de Kaito.

— ¿Qué quieres? —preguntó de forma desafiante. Su mirada ardía en rabia.

Shinichi no supo qué responder.

— ¡Te pregunte qué demonios quieres…! —Akako estaba lista para empezar una pelea en ese mismo lugar.

Sin embargo, Kaito la detuvo como pudo.

— No… —murmuró con dolor. Su mirada suplicante fue suficiente para detenerla.

— Está bien, ven, tomá un poco de agua. —dijo con calma mientras ayudaba a Kaito a ir a la trastienda.

— Yo… —Shinichi trato de ayudar, pero se detuvo al ver la forma en qué Akako lo miraba: ira, rencor, odio.

— Lo siento pero, debido a problemas de mayor importancia, no podremos atenderlo hoy. —su voz fue suave y servicial, sin embargo Shinichi se sintió claramente amenazado.

— Está bien… —musito sin mucho ánimo. No había nada qué pudiera hacer.

Kaito lo observó por el rabillo de su ojo, Shinichi se veía tan lamentable qué, por un momento, sintió pena por él.

— Lo lamento… —murmuró sin pensar sorprendiendo a Akako.

Shinichi lo observó completamente sorprendido y perdido.

— Vamos. —musito Akako con frustración.

Kaito asintió, caminando hacia la parte trasera del local con cuidado, los latidos de su corazón resonaban en sus oídos y un torbellino de emociones se desbordaron de su pecho.

Cuando cruzó la puerta, se dejó caer contra la pared, sin fuerza. Respiraba con dificultad, el sudor pegado a su frente.

Sentía la misma sensación de aquel entonces: el miedo, la desesperación, la sensación de estar siendo observado, controlado, invadido.

Akako corrió hacia la nevera con refrescos y sacó una pequeña botella de agua, volvió rápidamente a su lado y se la entregó.

— Gracias… —murmuró Kaito.

Akako lo observó con preocupación. Ha sido paciente con Kaito pero esto la está volviendo loca.

— Deberías volver a casa. —le dijo con calma. Kaito no pudo negarse.

— Supongo qué si… —musito con pesar.

No podía permanecer en la cafetería de este modo.

No quería ser una carga.

No otra vez.

Las vacaciones de invierno finalmente han empezado! \(>.<)/

Se que este capitulo puede ser algo confuso (?) Pero confíen en el proceso, ya sabremos que paso con Kaito jaja

Ojalá les haya gustado este capítulo!

Nos leemos luego (^^)/

Muchas gracias por leer! 💖
Que tengan un maravilloso día 💕

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